Dos rayas

Julia cerró los ojos. En la mano tenía un test de orina que acababa de hacer. Sabía que tenía que esperar un poco y podría haber hecho algo mientras tanto, pero se quedó sentada en el baño con aquel test en la mano y los ojos cerrados.

No quería mirar y de alguna manera, tampoco quería saber. Hacía dos o tres días que sabía perfectamente la respuesta: estaba embarazada, pero aún tenía un poco de esperanza de haberse equivocado.

Cuando abrió los ojos, vio las dos rayas inequívocamente rosas que le corroboraban lo que ella ya sabía. Lo estaba. Volvió a cerrar los ojos y soltó un suspiro.

Hacía un mes que habían empezado a tener relaciones sexuales sin ningún método anticonceptivo. Abel, su hijo, tenía un año y nueve meses y como tardaron tres años en quedarse embarazados de él, pensaron que esta vez les pasaría lo mismo y que, por tanto, lo mejor sería ponerse a ello enseguida.

Esto no entraba dentro de los planes: quedarse tan deprisa. Ni siquiera habían podido disfrutar del sexo, todavía. De hecho, ni siquiera habían tenido tiempo de disfrutar el uno del otro, o de desear aquel nuevo hijo.

Y ahora esas dos rayas rosas lo cambiaban todo.

Julia se sintió culpable de repente. “Lo siento”, dijo bien flojito mirándose la barriga. No era así como quería concebir y tener su segundo hijo. Ella se pensaba que tardaría más ¡y que tendría ganas de volver a tener ganas! Porque de hecho, todavía no se sentía preparada…

Todavía no había recuperado, de alguna forma, su vida y ya tenía otro hijo en el vientre… Él fue quien dijo “venga, pongámonos ya a buscarlo, por si acaso tardamos” y ella había accedido con desgana, confiando, a que les volvería a pasar lo mismo.

No se había sentido presionada en ningún momento, pero digamos que la energía de él se la llevó sin ni siquiera haberse parado un momento a preguntarse si ya le apetecía. Si ya querían repetir, si ya querían volver a ser padres.

Toda la conciencia, todo el tiempo que pasaron buscando, queriendo y deseando a Abel se había esfumado de repente con este segundo hijo.

Ni siquiera le habían dedicado más que una frase: “venga, pongámonos ya a buscarlo, por si acaso tardamos”. Nada más, sólo eso. No habían parado a sentirse, a escuchar sus cuerpos y sus almas. Y ahora esas dos rayas hacían que todo, de golpe, ya volviera a ir deprisa.

No, no era así como quería embarazarse Julia. Se sintió sola y perdida, todavía en el baño escuchando los dibujos de fondo que miraba Abel mientras merendaba en el comedor… “¿Y ahora qué?”, ​​se preguntó, como si no supiera cómo iba la cosa.

Como si se hubiera quedado embarazada por primera vez. Sentir todo esto, hacerse esta pregunta inútil, notar un cansancio pesado en cada pierna y en el alma, hundió a Julia en un llanto sordo que esperaba no llamar la atención del niño de 1 año y nueve meses que estaba solo en el comedor…

Lloraba por ella, porque se veía abocada a unos cuantos años más de demanda profunda y eterna que la agotaba por fuera y por dentro.

Lloraba porque ella quería volver a coger posiciones en el trabajo y ahora ya no podría. Lloraba de pena por aquel hijo que ya estaba en su barriga y que no merecía tener una madre que llora porque, en el fondo, todavía no lo quiere.

Lloraba por Abel, a quien veía aún demasiado pequeño para compartirla. Lloraba por ella y su marido, que deberían seguir esperando a “reencontrarse”. Lloraba porque de repente sentía que había perdido el control y que ya nada sería como ella imaginaba.

Lloraba de culpa y de rabia. De culpa por haberlo hecho todo de aquella manera y de rabia por no haberse hecho escuchar cuando su marido le decía “¿qué te parece si ya lo hacemos sin condón?”.

Se secó las lágrimas y salió finalmente del lavabo. Agradeció a Pocoyó que distrajera de esa manera a su hijo, que le había permitido diez minutos de calma. Al cabo de nada oyó las llaves en la cerradura de la puerta.

Era él, que ya llegaba. El corazón de Julia empezó a latir con fuerza. “¿Cómo se lo digo?”, se preguntaba… Pero no hubo que preparar nada.

Cuando él se acercó para darle un beso, le vio los ojos y le dijo: “¿Qué tienes? ¿Que has llorado?”. Julia sólo dijo: “estoy embarazada” y él, espontáneamente y sin pensar ni qué decía, pronunció un “¿YAAA?”.

Ella no dijo nada, era estúpido contestar esa pregunta, pensaba.

Sólo le miró la cara atentamente y vio que él, en el fondo, tampoco tenía ganas de volver a ser padre ahora.

Volvió a cerrar los ojos y se sentó en el sofá, junto a su hijo que no paraba de repetir “¡Mia, papaaaaa, miaaaa, pocoyooooo!”


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Comments · 14

  1. És cert que les coses s’han de fer quan realment se’n tenen ganes, tot i que de vegades pot sortir malament igualment. L’arribada d’una nova vida ho canvia tot i s’ha d’estar preparat perque sino hi han consequencies. . Veig però que aquests canvis no són tan extranys i passen, sobretot els canvis en la parella, la unio de la corda ha de ser molt i molt forta. Gracies Miriam per la reflexio.

    Gra

    1. Sí, Raquel, això seria el més recomanable però a vegades ens pensem que en tenim ganes i després ens adonem que no, o al revés; creiem que no en tenim i en el fons, ens en morim de ganes! En tot cas, crec que tant en primers fills com en segons o tercers, és important que ens preguntem què sentim abans d’emprendre camins que potser ens duran cap a llocs on, en el fons, no volem anar…
      Una abraçada

  2. Justo nosotros estamos dudando entre si ir a por el segundo o no. Es taaaan difícil decidir, verlo claro… ademas, en mi caso tengo la presion de la edad… en mayo ya cumplo 41 así que no tengo mucho más tiempo para pensarmelo… si nos quedasemos por accidente seguro que lo tendriamos y estariamos felices pero tomar la decision de ir a buscarlo… uffff

  3. Me recuerda a mi reciente historia. Estoy de 4 meses. Tanto tiempo esperando al momento ideal para el segundo, pero entre mi trabajo siempre precario, el mayor que va haciéndose mayor, enpezamos de cero? La pareja que volvíamos a encontarnos…la pregunta era: nos arrepentiremoa de no haberlo intentado? Sí, pues adelante porque con la edad que tengo seguro que aun tardamos un añito o así. Pues dos meses! Menuda sorpresa! Muy felices, pero yo aun con dudas y miedos que me tengo que quitar a la fuerza. No era así como me imaginaba, pero una búsqueda larga tampoco sé como la hubiera llevado. Y he de decir que no lloré al ver las dos rayitas, nos abrazamos muy fuerte entre la emoción y el miedo. Han sido semanas después que alguna noche me ha entrado el pánico por todo (pareja, el mayor, trabajo…)
    Siempre llega en un momento inesperado, no lo podemos controlar del todo, aunque sí decidir cuando empezar. Si hibieramos sabido que seria en 2 meses, hubiéramos esperado un poco. Pero eso es imposible! Gracias

  4. Y yo deseando ir a por el siguiente y frenada por el trabajo, tiempo, economía… deseamos tanto otro hijo que nos pasamos los meses diciendo “vamos”? Y cuando pensamos y valoramos nunca nos decidimos…. después de dos abortos me da miedo que se repita, no me siento preparada para esa opción y si lo vuelvo a intentar sé que puede pasar. Si escuchara al corazón ya tendría 1 año

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