El duelo por el parto que no tuvimos

Cuando ya eres madre, el parto de alguien muy cercano es una removida. A menudo en forma de nerviosismo: sabemos que está de parto y pasan las horas y no llega esa esperada foto de madre y bebé con el mensaje de “Martina ya ha nacido, ha pesado 3,500 (¿por qué siempre decimos el peso?) y somos muy felices”.

Cuando digo alguien cercano quiero decir alguien MUY cercano: una hermana, una amiga a quien queremos mucho, una cuñada, etc. Otras veces lo que sale es ilusión: estamos contentas y como si flotásemos porque está a punto de nacer alguien a quien querremos mucho. Porque seremos tías, o casi, de un bebé que intuimos que amaremos.

Pero otras veces la removida nos trae recuerdos que o ya habíamos olvidado o simplemente, habíamos intentado pasar página. Sobre todo si en nuestro parto sentimos miedo, o nos sentimos violentadas con la medicalización de todo el proceso, o si sufrimos mucho por nuestro hijo, etc, es posible que con el parto cercano de nuestra hermana, amiga o quien sea, revivamos las horas que vivimos con el nuestro.

Y a veces, tal vez, sentimos que tenemos muchas ganas de llorar y casi no sabemos ni por qué. Sale como una angustia antigua que seguramente, con el día a día de crianza de nuestro hijo, no encontró el espacio ni la acogida necesaria para poder aflorar y situarse en el lugar que le correspondía. No pudimos hacer limpieza emocional y quedó arrinconado esperando un mejor momento para salir a la luz.

Pues bien, el nacimiento de alguien cercano ES el momento en que todo puede salir a la luz. Todo ello, evidentemente, dependerá mucho del parto que hayamos tenido y si se parece o no con el parto que deseábamos.

Yo no puedo parir“, ya lo sabéis, y después del parto de Lua tenía cierto miedo: lo que pasaría cuando pariera alguien cercano, de lo que afloraría en mí al ver que otras personas cercanas sí pueden. Por más que hayas intentado poner las cosas en su lugar, por más que hayas hecho el proceso mental de racionalizar lo sucedido, no tienes ni idea de qué dirá tu cuerpo en el momento que las emociones por un parto próximo se desboquen. Y yo tenía miedo.

La vida ha hecho que poco después de mis partos, personas muy cercanas parieran. En el caso de Laia, justo 9 meses después parió mi cuñada, y en el caso de Lua, 7 meses después han parido con dos días de diferencia la mujer de mi hermano y mi mejor amiga. Qué casualidad, ¿no? Del primer caso os hablé aquí en el blog ……… La removida que sentí en un parto que se parecía muchísimo al mio pero que acabó por vía vaginal me dejó en KO técnico. Lloré lo que no está escrito hasta que no llegó la noticia.

Hace 15 días, el sábado por la mañana me levanté y tenía un mensaje en el móvil de mi hermano enviado a la madrugada que decía “vamos hacia el hospital” y algo más. ¡Qué emoción! El corazón me empezó a latir deprisa y por mi cabeza pasaron todo tipo de pensamientos.

Imaginaba como les estaría yendo, y sobre todo, sobre todo, deseaba que saliera todo bien. Deseaba que su parto fuera respetado, que se sintieran cuidados, y que se pareciera al máximo a lo que habían imaginado. Con tanta emoción, no pude evitar ponerme a llorar y eran lágrimas de mi experiencia.

De aquellos momentos de incertidumbre que vives cuando algo no va como tenía que ir. Del miedo que pasé y que de alguna manera, afloraba sintiendo miedo por lo que les pudiera pasar a ellos. No quería que sintieran lo que yo sentí. Y salía, como no, la protección hacia mi hermano, mucho más pequeño que yo. Las ganas de que estuvieran bien él y su familia.

Y todo fue bien y fui feliz. Al cabo de 24 horas se ponía de parto mi mejor amiga y seguí removida aunque el impacto ya fue menor porque yo ya llevaba todo un día con llanto intermitente. Y también fue bien, y sí, también fui feliz.

Cuando aquellos dos días hubieron pasado me levanté una mañana y me sentí muy triste. Él me preguntó qué me pasaba y le dije “es que yo no sentiré qué es que tu hijo baje por el canal de parto y venga a ti. Yo no podré parir nunca”. Era el duelo. Que como todos los duelos, no se liquidan en dos días. Como todos los duelos, tienen su proceso y debe pasar un buen tiempo antes de que lo hayas atravesado por completo.

Fue un rato, un rato en que el duelo volvió a aparecer en mí, pero desde la serenidad, desde la comprensión y desde la aceptación de lo que me tocó vivir.

Y es ahora, unos días después, que me doy cuenta que algo ha cambiado. Después de la primera cesárea, los partos cercanos que iban fantásticamente bien me provocaban envidia. Envidia y culpa, obviamente. Porque a nadie le gusta sentir estas cosas. Pero esta vez no, supongo que porque todo está mucho mejor situado que en la primera vez.

Pero si me estás leyendo y te sientes reflejada; si cuando tu amiga o tu hermana, o tu prima parieron, sentiste envidia porque vivieron lo que te hubiera gustado vivir a ti, sepas que te entiendo y que es normal.

Entiendo que sientas esta frustración enorme porque yo también la sentí. Que entiendo que los demás partos te remuevan porque te recuerdan lo que no tuviste. Entiendo que te sientas después culpable porque te hace sentir mala persona. Y no lo eres. Sé que si pudieras escogerías no sentir eso que sientes. Si todo esto te pasa, es muy probable que no hayas pasado todavía el duelo, o que sientas que no lo puedes hacer porque no tienes a nadie que te acompañe.

A veces en relación al parto no se habla de duelo porque parece que no es para tanto. Que los duelos son para cuando muere alguien (eso sí que lo es, piensan) y por pocas cosas más. Pues no. De duelos hay de muchos tipos y la vida está llena de ellos.

Debemos atravesar muchos a medida que vamos creciendo y viviendo nuevas y a veces dolorosas experiencias. Hacer ver que no existen, no ayuda. Si nos adentramos en este duelo, un día todos aquellos sentimientos de envidia, frustración y dolor desaparecen y nos podemos sentir en paz con nuestro parto y con el que tengan los demás, sean como sean.

Digo todo esto porque lo he sentido, porque lo he vivido y porque lo he experimentado a flor de piel. El duelo, por mucho que pese, es finalmente lo que un día nos libera.

Y tú, ¿has traveseado el duelo por tu parto?

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Comments · 3

  1. Totalment d’acord Míriam.
    En el meu cas, com ja t’he explicat alguna vegada, també he tingut “enveja” de com els ha anat a personez properes meves. A mi em van “treure”a la meva filla a les 6h d’haver donat a llum… gairebé no la coneixia, gairebé no l’havia tocat… Tot va anar genial I als 9 dies erem tots 3 a casa, però quan veig fotos de gent a l’hospital amb el fill, o quan hi vaig de visita em sento gelosa, de no haver pogut viure aquells moments jo també… I ara que estic a punt de tenir a la Lua, tinc els sentiments a flor de pell, I desitjo amb fervor poder estar amb la meva petita cada segon des de que vingui al món…

  2. Miriam no sabes cuanto bien me hacen leer palabras y reflexiones como estas. Mi peque no quería nacer, no le tocaba, no quería salir, me provocaron el parto 15 dias antes de salir de cuentas y claro… dentro estaba taaaaan agustito… que tuvo que terminar en cesárea… tantos meses esperando el gran momento, el saber como será, mentalizada para “dar a luz” y no puede ser. He intentado entender mi frustación, mi dolor y mi envidia de otros partos, y cuando casi lo tengo asimilado llega alguien y te mira como si estuvieras loca por decir en voz alta que te sientes mal por no haber sido capaz de parir.
    Gracias por darnos VOZ

  3. Mi duelo es porque he parido a mi hijo con 28 semanas de gestación y no he podido tenerlo en mi pecho y he tenido que esperar más de 60 noches para poder dormir con él al lado.
    Me siento muy identificada en esas emociones que describes y encuentro muy saludable poder hablar de ello.
    Un abrazo a todas las mamás.

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