Consciencia corporal: la importancia de introducirla a los hijos

Vivimos en un momento y en un lugar donde a menudo tenemos conciencia de lo que hacemos, de lo que queremos, o de lo que deseamos (o más o menos!)… pero también demasiado a menudo, no tenemos mucha conciencia sobre lo que somos y sobre lo que necesitamos.

Cuando hablo de conciencia de lo que somos me refiero a qué soy más allá del cuerpo y a lo que soy corporalmente. El espacio que ocupo, cómo me muevo, cómo me siento físicamente, y también, obviamente, cómo me siento emocionalmente, cómo estoy,… pero no es de las emociones de lo que quiero hablar hoy.

Hoy os quiero hablar del cuerpo. Esto que nos transporta, que nos aguanta y que nos ayuda a llegar a donde queremos ir, eso que es tan importante y que descuidamos tanto. Proyectados en el HACER como estamos, nos cuesta escuchar el cuerpo.

Cuando me planteaba la idea de ser madre, algo que tenía claro es que quería transmitir a mis hijos la importancia de saberse escuchar. Sobre todo para no terminar como yo, que durante unos años no hacía mucho caso de lo que el cuerpo me decía y trabajaba por encima de mis posibilidades, iba cansada por encima de mis posibilidades y estar enferma me suponía un auténtico descalabro.

Os cuento todo esto por si os puede ser útil para vosotros y vuestros hijos. Os animo a plantearos, a reflexionar sobre qué relación tenéis con el cuerpo. Preguntaros si lo escucháis cuando os habla, si lo ignoráis, porque más bien estorba lo que os dice o si, simplemente, ni lo sentís.

Preguntaros (en relación a vuestro hijo) qué relación tiene con su cuerpo. Si le cuesta parar, si le cuesta estar enfermo, si le cuesta atenderlo y cuidarse como su cuerpo se merece… ¿Qué relación tenéis en casa con la conciencia corporal? Familiarmente, os abrazáis, os dáis masajes? Cuando estáis cansados, seguís hasta reventar o paráis cuando el cuerpo os lo pide? Dormís las horas que el cuerpo os dice que necesitáis o siempre encuentráis algo mejor que HACER.

Las respuestas os pueden sorprender.

Con un bebé, lo primero que podemos hacer para que vaya tomando conciencia del cuerpo que tiene, del espacio que ocupa, de su volumen, etc… es darle masajes. Tantos como quiera! Tantos como disfrutéis!

No sólo os ayudarán a la hora de vincularos, haceros más cómplices y amaros con cada caricia un poco más, sino que le ayudarán a saber hasta dónde llega su mano, como son de largas sus piernas… aunque todo sea a nivel inconsciente.

Más adelante, a medida que vaya creciendo y sin olvidar el masaje, con las palabras podremos ir explicando a nuestros hijos lo importante que es relajarnos, aflojar las piernas cuando están demasiado tensas, parar el movimiento, respetar las horas de descanso para que el cuerpo no tenga que enfermar.

Y en caso de enfermedad, explicar que el cuerpo se está haciendo fuerte y que necesita parar, dormir, hacer fiebre o lo que sea, para ir superando lo que le haya tocado vivir.

Si podemos permitirnos que durante unos días no vayan a la guardería, al cole, y que puedan detener la actividad, podremos ayudar a que su cuerpo se recupere de verdad y pueda, cuando sea la hora, volver a la actividad.

Puedo decir que con Laia hace años que estamos en esta etapa y que ahora, que tiene cinco años y medio, me gusta ver los frutos de haber introducido la conciencia corporal desde el inicio.

Me gusta ver como se conoce el cuerpo y sus necesidades. Como sabe parar y arrancar. Quizás lo más difícil es la parada por la noche, la hora de acostarse y poder ir disminuyendo el nivel de actividad.

La tendríais que ver a veces saltando en la cama justo antes de ponerse a dormir… hay días que no acabar la paciencia es casi trabajo imposible. Pero cuando finalmente se ha conseguido tumbar, intento guiarla por una relajación, para que se pueda ir soltando y pueda ir entrando en sueño profundo.

Hay días que es más fácil y días que menos, pero en general, creo que el resultado es muy positivo. También lo que explica sobre cómo se siente y cómo se nota el cuerpo cuando está cansada o enferma…

Conciencia corporal acompañada de palabras para ir pudiendo entender qué significan tantas sensaciones…

En el fondo todo es lo mismo: respeto. En este caso, respetarse a uno mismo. A menudo estamos muy dedicados a explicar a nuestros hijos que respeten a los demás, pero también a menudo nos olvidamos de transmitirles la importancia de que se respeten a sí mismos.

Y aquí también entramos nosotros. Los niños son unos grandes imitadores y les será mucho más fácil respetarse si ven que sus padres se respetan entre ellos (por supuesto) y también a sí mismos.

Y os podría poner muchos ejemplos, quizás el más fácil es el de cuando nos ponemos enfermos.

Respetamos la necesidad de nuestro cuerpo de descansar y recuperarse o no paramos de trabajar, de hacer, de salir, mientras nos anestesiamos con medicamentos de esos que no hacen gran cosa más que dejarnos seguir haciendo: tapan los síntomas pero no la enfermedad, pero al menos podemos seguir con nuestro día a día intacto…

Los hijos ven cómo nos comportamos cuando estamos enfermos, cuando estamos cansados… y quizá lo imitan cuando ellos se sienten igual.

Revisemos nuestro cotidiano familiar en estas situaciones y si es necesario, aprovechemos para hacer algunos cambios. Seguro que nos sentarán muy bien a todos.

Y eso, el transmitir a los hijos el respeto hacia el propio cuerpo, hacia uno mismo a todos los niveles, será un gran legado que los dejaréis.

Si yo me respeto, detectaré fácilmente cuando alguien no me respeta y no lo permitiré. Si yo no sé qué es respetarme, es posible que tampoco me dé cuenta cuando alguien abusa de mí y me trata sin respeto.

¿Qué os resuena dentro?


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Comments · 3

  1. Hace días que intento leer este post y por fin en el metro, camino del trabajo, he encontrado mi momento. Gracias Miriam, me han venido genial estas palabras. A veces estoy tan preocupada por todo y por todos que no escucho a mi cuerpo y esta semana me está diciendo basta. Será momento de RESPIRAR……

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