La crianza respetuosa: más allá del dormir juntos o dar la teta

A veces, cuando hablamos de crianza respetuosa creemos que estamos hablando del dormir juntos (el co-lecho), dar el pecho, llevar en brazos…

El viernes os hablaba de todo ello a los que estáis suscritos a mi web, y le he seguido dando vueltas este fin de semana.

La palabra respeto es una palabra muy fácil de pronunciar pero muy difícil de llevar a la práctica profundamente con los hijos. Sí, es cierto, parece que desde hace un tiempo se habla más de la crianza con respeto, de la crianza respetuosa. Pero a veces entendemos por este tipo de crianza sólo el darles pecho mucho tiempo, dormir con ellos,…

Y digamos que esto es una parte de la crianza respetuosa; el respeto hacia sus necesidades básicas como bebés y niños pequeños. Aunque una persona que no duerma con su hijo no quiere decir que no lleve una crianza respetuosa. Pero no es de esto de lo que quiero hablar de hoy.

Hay algo más profundo que es lo que a menudo nos falla y es:

El respeto por el ser genuino y auténtico que es nuestro hijo/a.

El respeto hacia su forma de ser que quizás no cuadra con nuestras expectativas o deseos. Y parece fácil pero no lo es: respetar que necesiten más tiempo para aprender A o B. Respetar que necesiten llorar aunque los demás ya no lloren. Respetar que quizás no les gustan las cosas que a nosotros nos gustaría que les gustasen. Respetar que no se parezcan en nada a lo que habíamos imaginado de un niño. 

Porque si no les respetamos de esta forma profunda, esencial, sienten que nos desconectamos de ellos. Y sí, nos desconectamos. Luchamos para que sean como no son. Y no es justo. Nadie nos dijo que los hijos deberían ser como imaginábamos. 

Pero lo peor de todo es que les desconectamos de sí mismos. Y quizás tarden mucho en saber qué es lo que querían o quiénes son en realidad.

O quizás no lo descubran nunca de lo desconectados que están. Y no se lo merecen. Por eso es muy necesario que nos preguntemos:

¿Respetamos a nuestro hijo profundamente, como el ser único que es?

¿Respetamos su autenticidad y la honramos?

¿Respetamos su forma de ser a pesar de que quizás no es como nos lo habíamos imaginado o como nos gustaría?

Si la respuesta es NO, debemos preguntarnos por qué e indagar. Es importante para nosotros, pero también para nuestros hijos y para nuestra relación. 

La semana pasada, en consultas online individuales y talleres fue saliendo este tema: La lucha por intentar que nuestros hijos no sean como en realidad son.

Ellos están esperando que les aceptemos, que legitimemos su autenticidad. Que les aceptemos como las personas únicas e irrepetibles que son. Y esto no quiere decir que aceptemos todo lo que hacen: son pequeños y debemos ayudarles en este camino que llamamos crecer.

Pero necesitan sentir que les aceptamos. Desde aquí, desde el saberse aceptados, respetados y amados incondicionalmente, podrán desarrollar todo su potencial. Porque todos lo tienen, sólo hace falta que nos demos cuenta y les dejemos ser.


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Comments · 1

  1. Toda la razón. A veces intentamos inculcarles demasiadas cosas (casi siempre con la mejor intención) y nos nos paramos a pensar si realmente les vemos disfrutar con ello o preferirían otra cosa. No les damos oportunidad de elegir ni de investigar, tendemos a darles todo hecho y escogido y no nos damos cuenta de que ellos mismos tienen que aprender a elegir desde pequeños, ahí es donde comienza su formación como personas.

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