Los niños pequeños de hoy, los adultos de mañana

Cuando todo empieza creo que, en general, quizás no somos lo bastante conscientes de a partir de cuándo y hasta qué punto, estamos instalando los “cimientos” del que mañana será nuestro hijo adulto.

Al principio estamos muy abrumados por tanta novedad, por el aprendizaje de tantas cosas que no sabíamos, por la entrega y los cuidados que requiere un bebé…

Después, él va creciendo y va pasando por etapas que a veces nos resultan más complicadas. Antes casi “sólo” teníamos que atenderle en sus necesidades. Ahora tenemos que educarle.

Quizás estamos cansados de tanta entrega y en ese momento llega la parte “difícil”: se enfadan, quieren tener la razón siempre, lloran y gritan como si les fuera la vida en ello, y a épocas puede parecernos que nos complican la vida y de qué manera.

En ese momento nos parece sumamente difícil respetar, acompañar, no gritar cuando no nos hacen caso, gestionar bien sus emociones cuando nos remueven un montón…

Sabemos la teoría pero ¡dios, qué difícil la práctica! Y más veces de las que queremos acabamos haciendo lo que NO queremos porque estamos convencidos de que lo otro es IMPOSIBLE.

“Mi hijo tiene demasiado carácter”

Como nos resulta tan complicado, aplicamos lo vivido: no permitimos que se expresen, les reñimos, les juzgamos, no les acompañamos en sus malestares varios porque nos supera…

Es comprensible pero….

¿Cómo nos gustaría que fueran nuestros hijos a los 15, a los 20 o a los 40 años?

Cuando hago esta pregunta a menudo me responden que quieren hijos felices, capaces, libres, con las ideas claras, que no se dejen manipular por nadie, que sepan defenderse y emprender en aquello que deseen, que sepan escucharse, que sepan lo que quieren y luchen por ello…

Comprensible también pero…

¿Cuándo creemos que empieza todo? Para poder ser así, para que el adulto sea todo eso, no podemos reprimirlo cuando empieza a sentir esa necesidad de hacerse escuchar, de luchar por lo que quiere, de defender lo que cree y quiere…

Claro que es cansado, mucho. Claro que no es fácil. Claro que requiere dedicación, tiempo y mucha, mucha paciencia. Pero es que es importantísimo. Los adultos que he descrito antes no salen de la nada.

Así que pensemos en qué adulto queremos que se conviertan nuestros hijos y tengamos en cuenta que los cimientos de ese adulto se están formando hoy. Empieza todo ahora, cuando es un niño pequeño y necesita, como el aire que respira, nuestra mirada y nuestra guía.

Porque es cierto, a veces la forma en que expresan la emoción que sienten no es la correcta: pueden pegar, empujar, hablar muy mal, etc. También es normal, son pequeños.

Por eso es tan importante que estemos y les enseñemos que así, no. Que hay otras formas de expresión, que les ayudaremos y les enseñemos a gestionar sus emociones de forma que no dañen a nadie.

Desde el amor, desde el respeto más profundo, y a la vez desde la seguridad que tendremos que poner límites y hacerlo desde la calma.

Simplemente de la misma forma en que nos hubiera gustado que lo hiciesen con nosotros. Ni más, ni menos.

Y ahora preguntémonos: La forma en que tratamos a nuestros hijos les convertirá en los adultos que nos gustaría que sean?


 

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Comments · 9

  1. Gracias me ayudas a seguir unas pautas y a reflexionar como lo estoy haciendo…mi hijo a tenido un hermano hace un mes …y a veces hay mucha tensión…tiene alguna rabieta k otra y habla faltandonos…a veces duele….pero intento hacerle ver que eso no es bonito qie lo diga y yo tranquilizarme para poder mediar con el…no es nada fàcil esto…gracias Miriam

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