Imposible dividirse

Eran la una de la madrugada y era la segunda vez que Nia se levantaba para ir a ver qué le pasaba a su hija de dos años. En el primer despertar, ya se había dado cuenta de que le pasaba algo. Le había dicho “fío” (cosa extraña en ella) y lo había notado quizás algo caliente. Pero Abril se había dormido enseguida y a ella no le había parecido que hubiera que poner el termómetro todavía… “Esperemos”, pensó…

La niña que quería ir en brazos

Hacía quizás diez minutos que la había recogido en la guardería. Antes de ir a casa tenían que comprar cuatro cosas que faltaban para la cena. Se notaba que Martina estaba agotada: no había querido dormir la siesta, le dijeron las cuidadoras. Ella, su madre, también lo estaba. Hacía una hora que le habían dicho que no le renovaban el contrato temporal que tenía y esta noticia le había caído encima como un jarro de agua fría.

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Los celos entre hermanos: cómo abordarlos

En primer lugar, espero no decepcionar a nadie si digo que todos los niños tienen celos. Sí, todos, sin excepción. Celos de hermanos o del padre, o de que sus padres se abracen, o de los abuelos, o de un primo, o de un amigo que un día viene a jugar a casa… Digo tan contundentemente que todos los niños tienen celos como que todos los niños en algun momento sienten enfado, rabia, alegría, felicidad, tristeza infinita, miedo… y un sinfín de emociones más. Con los celos pasa algo estraño y es que muchas veces no queremos verlos. No queremos aceptar que nuestro hijo mayor siente celos, o el pequeño, da lo mismo. Queremos pensar que no los sienten porque no queremos ver que sufren por algo que, de alguna forma, hemos provocado nosotros: que tengan un hermano. O sea que entonces pasan esas cosas como por ejemplo encontrarte a alguien conocido por la calle que acaba de tener a su segundo hijo y te comenta: “muy bien, oye, el mayor no tiene nada de celos, en absoluto”. Al cabo de un tiempo os volvéis a encontrar y te dice “continuamos estupendamente, ninguno de los dos tienen celos, se quieren con locura… Sí que por la tarde están muy demandantes y lloran sin motivo muchas veces, pero celos, ¡ni hablar!”. Y yo digo… vaya, qué raro que estos niños no sientan nunca celos el uno del otro teniendo que compartir lo que más quieren, o sea, sus padres!

Terrores nocturnos

Hace tiempo, nuestra hija tuvo un periodo de unas tres semanas en que, de vez en cuando, tenía terrores nocturnos. Pensé “tengo que hablar de ello en el blog” y cómo todo pasó muy rápido, me olvidé. Esta pasada noche ha vuelto a tener uno y con el susto que me he dado, he pensado, “de hoy no pasa. ¡Hablo de ello ya!”. Porque los terrores nocturnos, si no sabes qué son, si no has visto nunca uno ni has oído hablar de ellos, el día que te pillan, alucinas.