Hospital

Casas en silencio

28.11.2011

El otro día fui al hospital. Unos buenos amigos estaban pasando un muy mal trago a raíz de la enfermedad de su pequeña hija, demasiado pequeña sin duda para estar en un lugar donde ojalá no tuviéramos que ir nunca… Salí con el corazón encogido y con ganas de llorar. Es lo que provoca la impotencia; da ganas de echar a llorar y hace que el corazón duela, como si no pudiera respirar. Mientras volvía caminando a casa no pensaba en las habitaciones de hospital sino en las casas de los que en aquel momento, estaban dentro del hospital.

Cuando Laia estuvo ingresada por la infección de orina que tuvo a los 2 meses, la primera noche fue difícil. Para mí mucho porque aún tenía el miedo en el cuerpo y sufría por si a Laia le subía la fiebre o cualquier cosa. Pero también por mi compañero del alma, que tenía que volver solo a casa, dejándonos en una habitación donde, nos dijeron, no se podía quedar a dormir. Al cabo de un rato, cuando el ruido del hospital ya había ido bajando de volumen y cuando cada vez se apagaban más luces me llegó un mensaje al móvil. Era él que me decía: “Os echo de menos, la casa no es la misma sin vosotras”. Y me puse a llorar. Por mi soledad y por la suya. Porque hubiéramos querido estar juntos en un momento que nos sentíamos vulnerables porque veíamos que nuestra hija también lo era.

Dos años más tarde salía del mismo hospital después de haber visto a una pareja que esa noche les pasaría, muy probablemente, lo que nos pasó a nosotros, y no pude evitar pensar en su casa. Porque en una casa se nota si todo está bien o si está pasando algo. Se nota incluso si está todo el mundo o si falta alguien, porque cambian los olores, los ruidos,… como cuando vuelves de vacaciones y entras en tu casa y huele a haber estado vacía durante días. No hace el olor de llegar a casa después de trabajar y encontrar a los tuyos que preparan la cena, o que juegan en el comedor, o que están a punto de irse a la cama.

Y luego pasa esto; que tienes que dormir y cuesta cuando falta alguien. O quizás sólo me pasa a mí, no lo sé, pero me cuesta dormir bien cuando no está mi compañero porque está fuera de viaje. Estoy tranquila y sé que todo está bien pero no lo puedo evitar, me cuesta mucho más dormirme, como si me faltara su calor, estar cerca para poderme acabar de relajar y abandonarme a un sueño profundo. Cuando al día siguiente llega me dice que no ha dormido bien, que se ha despertado un montón de veces. Y nos reímos porque antes de irse ya sabíamos que ninguno de los dos acabaría de dormir del todo bien.

Porque supongo que cuando construimos nuestro núcleo, nuestra familia, no acabamos de sentirnos completos cuando falta alguno de los miembros, y supongo que eso también es algo muy animal. Necesitamos a toda nuestra “camada” para sentirnos seguros, tranquilos y en paz. Por eso el otro día pensaba en tantas casas medio vacías y ocupadas por padres que no podrían dormir junto a su hijo y su esposa porque aún tenían que estar en el hospital. Pensaba en su soledad, en los ruidos que no se oirían, en los olores que no habría porque simplemente, no había nadie con suficiente fuerza, suficientes ganas de cocinar, aunque fuera sólo para uno. Cenar solo y dormir solo cuando no lo has elegido, cuando no te gusta, y sobre todo, cuando con los que quieres estar están en el hospital, debe ser horrible. Quizás por eso muchos acaban no cenando y casi… no durmiendo.

Desde aquí, un abrazo inmenso a tantos padres que tienen que hacer tantos viajes hospital-casa-casa-hospital llenos de impotencia y con el corazón encogido. Sé que no os servirá de mucho pero el otro día pensé mucho en vosotros.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

10 respuestas

  1. A mi me pasa eso cuando vuelvo a Sevilla desde Cádiz se ve un hospital grande desde la carretera y de noche se vn las luces de las habitaciones encendidas… Siempre me imagino que historias habrá detrás de cada ventana, mientras tu vuelves de la playa o de pasar un día de ocio con tu familia hay gente pasandolo mal y luchando y en esos momentos me siento la persona mas afortunada del mundo porque no hay nada mas valioso en esta vida que la salud… Un besito, animo para esas familias

  2. Se me ponen los pelos de punta leyendo tus palabras…Espero que esa familia recupere pronto la normalidad y regresen a su casa llenos de felicidad.
    Cuando estuve este verano ingresada por el aborto que sufrí, mi marido me dijo lo mismo. El peque se quedó en casa de mis padres y a pesar de que él no se separó de mí cuando llegó a casa para coger algunas cosas y darse una ducha me confesó que se le vino el mundo encima… Son momentos duros

    1. Buf Silvia… entiendo perfectamente que se le cayera el mundo encima. Porque además, ellos intentan mostrarse fuertes cuando nosotras estamos desmoronadas porque, como en tu caso, habido un aborto… Pero después sale todo… Gracias Silvia. Un abrazo

  3. Miriam, que historia más triste. No puedo imaginar la tristesa que sentiste en tu estancia en el hospital con tu pequeña. Tienes toda la razón, las casas, los hogares, no son simples paredes inanimadas, tienen una vida, un calor, unos sentimientos que hacen que sean recias. Pero cuando las personas que hacen esos hogares no están, por la razón que sea, nuestro ´´animo se desmorona como un castillo de naipes. Deberíamos valorar mucho más esas cosas sencillas porque es cuando no las tenemos que las hechamos de menos. Besos

    1. Sí, Sandra, muchísima. Pero seguro que no es nada comparado con lo que tienen que pasar muchas familias durante días y días, y más días en el hospital, con pruebas y más pruebas. Con miedo. No puedo ni siquiera imaginarlo. Un beso.

    1. Olga… ja m’ho imagino. Em sap greu, i més estant embarassada… suposo que jo estava tan trista, que ha sortit la tristor en cada paraula… Tan de bo la tristor es torni en alegria molt aviat perquè arriben bones notícies. Una abraçada.

  4. Me pasa igual cada vez que mi marido viaja. Simplemente no puedo dormir sin él. Como dices tu e salgo muy animal, me hace falta sentirlo allí a mi lado, sus abrazos su calor. No me imagino si el motivo de la ausencia fuera que alguno de los 3 estuviera ingresado en un hospital. Peor aún!!! Debe ser terrible. No me lo imagino si quiera.

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