¿Y si te vas?

¿Y si te vas?

Estas últimas semanas no te negaré que he tenido alguna punzada de aquellas que la mayoría de madres seguro que han tenido un momento u otro estando embarazadas: la de «¿y si te vas?». Cuando gestaba tu hermana hice un post que se titulaba «No quiero que te vayas». Porque una vez que os sé aquí dentro, no, no quiero que os vayáis. Esta vez, sin embargo, ha sido un poco diferente, porque a pesar del intenso deseo de que te quedes siempre aquí con nosotros, había también un punto de calma, permitiendo que las cosas vayan como tengan que ir. Como si alguna parte mi también te dijera «permito que hagas lo que has venido a hacer, y si dentro de mí no puedes crecer, permito que te vayas si lo necesitas».

Sin filtros

Al cabo de unas semanas de quedarme embarazada me di cuenta de que me había quedado sin filtros. Poco a poco me habían ido abandonando… Los que hacen que lo que pasa en la vida llegue a ti de manera calmada, entendida, o menos dolorosa, habían desaparecido, y todo penetraba con mucha más fuerza. Penetraba directamente, sin medias tintas. No había la razón que pudiera ir desgranando todo lo que pasaba de una manera que llegara a la entraña de forma más reposada, más tranquila, más relajada.

Els teus inicis

Sólo tengo ganas de no hacer nada. De descansar. De parar, de estar sentada o tumbada, nada más. De leer y de hablar poco. Tengo un cansancio de aquellos profundos, denlos que te dejan hacer poca cosa sin jadear. Hago cualquier tontería y tengo que volver a sentarme, descansar y coger fuerzas. Por eso hace días que decidí que haría muy poco o nada más que lo que estoy haciendo: gestar en sus inicios.

Ja ets aquí

Hace días que sé que estás dentro de mí. Bueno, quizá aún no eres exactamente dentro pero lo que será tu cuerpo físico ya se está formando. Soy muy feliz, quería que lo supieras. Sé que lo sabes ya a estas alturas, pero quería decírtelo. Te quiero desde mucho antes de tenerte en mi vientre. Te pensaba, te imaginaba,… hasta el día que con tu padre decidimos que ya era hora de que vinieras. Y has llegado, rapidísimo, más de lo que nos imaginábamos. ¡Y estamos muy contentos! Hace muchos días que no tengo ninguna duda de que estás con nosotros, pero ayer me hice el test de embarazo, para corroborarlo. En menos de 30 segundos la prueba ya marcaba que sí lo estabas. Fui feliz De tener una evidencia que ya sabía y sentía, pero tener algo físico que dijera «ey, ¡que es cierto!».

Torno… embarassada!

Nunca había parado de escribir en el blog durante todo un verano. Esta ha sido la primera vez. Como sabéis, en febrero de este año os comuniqué que no quería que el blog me supusiera ningún peso de ningún tipo; quería escribir cuando sintiera el deseo de hacerlo, quería publicar cuando tuviera algo que decir, y al mismo tiempo, quería también entregarme a la vida 1.0, ahora que me sentía más “hacia fuera” después de los muchos cambios que ha habido este año.

El día de San Esteban

Berta aún no ha probado los canelones este día de San Esteban. Ha tenido trabajo poniendo el babero a Duna, preparándole su comida y charlando con su hermana, que ha venido de Alemania a pasar la Navidad en casa. Berta está contenta, siempre le ha gustado la Navidad y más ahora, que tiene una hija y que todo, absolutamente todo, lo ve con otros ojos. Finalmente comienzan todos a comer, son 11 en la la mesa. Los canelones están buenísimos, como siempre. Su madre es la reina de la cocina y Berta está segura de que nunca nadie podrá igualarla.

Comida de Navidad

Ya habían comido hasta más no poder aquel mediodía de Navidad. Era el turno de los postres, de los turrones, de los polvorones, de los cafés, de la sobremesa interminable, de aquella pereza que te haría tumbar en el sofá y no despertarte hasta al cabo de una hora. Había ruido, todo el mundo charlaba a la vez y a Lia le costó que la familia le parara atención. Tuvo que hacer el típico ruido de cucharilla con la copa hasta tres veces porque todo el mundo se enterara que alguien quería decir algo y ser escuchado a la vez por todos.

Estimat Quirze

“Quiero ver a Quirze”, decía Laia antes de que tu madre entrara esta tarde por la puerta de casa. Le he contado que todavía no habías salido, que todavía estás dentro de la barriga, pero que la oías y que sabías las ganas que tiene de verte. Hoy estoy casi convencida que es el último día que te veo dentro del vientre de tu madre, porque tengo la sensación que de dentro de muy poco querrás empezar a salir. Y cómo lo sabía, he empezado a sacar fotos: de ti, de vosotros, y de nosotras, abrazadas y enseñando esta barriga tan grande y preciosa que tiene tu madre desde que tú habitas en ella. He sentido que era un momento importante. Que todas nosotras (ella, Laia y yo) estábamos conectadas a ti de alguna manera especial.

NO!

La Rita no havia dormit gaire bé. Havia tingut molts malsons i en dues ocasions s’havia despertat sobresaltada, angoixada i gairebé suant. “Sort que és només un somni. Deuen ser malsons d’embarassada”, havia pensat quan havia obert els ulls. Però des que s’havia posat de peus, des que s’havia llevat que tenia una sensació estranya. No es trobava malament ni estava trista per res. Era només alguna cosa que ella no hauria sabut explicar, com una sensació molt llunyana i lleugera de què alguna cosa no anava bé.

Rita no había dormido muy bien. Había tenido muchas pesadillas y en dos ocasiones se había despertado sobresaltada, angustiada y casi sudando. “Suerte que sólo era sueño. Pesadillas de embarazada, supongo”, había pensado cuando había abierto los ojos. Pero desde que se había levantado, tenía una sensación extraña. No se encontraba mal ni estaba triste. Era sólo algo que ella no habría sabido explicar, como una sensación muy lejana y ligera de qué algo no iba bien.

Moments

Había tenido que ir a urgencias: ya no recuerdo ni qué tenía. Era la madrugada de un sábado a domingo, creo. Cuando llegué sólo había una chica sola, un chico que lloraba y yo. Al cabo de nada, cada uno de nosotros estaba en un box. En medio de todos los compartimentos para atender a los enfermos había una zona central con ordenadores, mesas, etc, que era donde los médicos redactaban sus informes y recetas. Las puertas de los box, como casi siempre, medio abiertas. Se oía absolutamente todo. Estuve sola durante bastante tiempo, el suficiente para enterarme de todo lo que les pasaba a los que habían estado esperando conmigo en la sala de espera.