La crianza de los hijos es una carrera de fondo. Es una carrera que no se detiene, y lo que hagamos en esta carrera tiene consecuencias a corto, medio y largo plazo.

En el transcurso de esta carrera, hay muchas etapas y en algunas, los padres parece que «pinchamos» (en argot deportivo) e incluso a veces puede que haya alguien que se sienta a punto de tirar la toalla.

Como en todas las carreras, hay etapas en las que hay muchísima gente animando y parece que todo va de cara, que todo es más fácil.

En otras no hay nadie, y los que aparecen para supuestamente animar, hunden con sus gritos de «apoyo».

Hay otras etapas que parecen la travesía del desierto y la mente nos traiciona y nos asegura que aquello no acabará nunca, que no lo resistiremos…

En el mundo en el que vivimos, en el que lamentablemente importa mucho más el HACER que el SER, a menudo hay quien se hace la pregunta de.. 

«Y todo eso… ¿de qué sirve?» 

Haberlo llevado tanto en brazos, respetarlo, entender sus procesos, acompañarlo antes de acostarse, ir a ver su primera función de teatro, estar atento cuando te dice «mira qué sé hacer!»

A los que piensan así, los que necesitan dónde agarrarse porque esta carrera se les hace muy dura, larga y pesada les diría:

Estáis haciendo vuestra mejor inversión. No en beneficio vuestro, que también, sino en beneficio, en primer lugar, de vuestro hijo y como entiendo que es lo que más queréis en este mundo, eso ya de por sí, tiene que ser un gran bote salvavidas donde agarraros.

Pero también en beneficio de todos, de toda la HUMANIDAD. Sí, así en mayúsculas, esa palabra tan grandilocuente…

¿Por qué? Pues porque cada vez que le cantáis una canción antes de ir a la cama, cada vez que vuestro bebé pasa un mal rato por la noche y llora sin consuelo y lo paseáis explicándole que entendéis que lo está pasando mal…

Cada caricia, cada beso, cada «te quiero», cada vez que vais a atenderles a medianoche cuando os reclaman… estáis reforzando su autoestima.

Estáis ayudando a que se sienta querido, tenido en cuenta, mirado y atendido. Este bebé, este niño pequeño que ahora os parece que es como un pozo sin fondo de demanda de cariño, que nunca tiene suficiente, crecerá con su autoestima bien instalada.

Y eso ¿en qué le beneficia? ¿En qué beneficia al resto?

En todo. Una persona que se quiere, que tiene un buen poso de autoestima, podrá establecer vínculos basados en el amor y no en la necesidad de recibir.

Podrá establecer vínculos equilibrados, vínculos fuertes que huyan de miedos a perder.

Le será fácil amar sin tener siempre la sensación de que entregando amor, se ahoga, o se queda sin él, o se desgasta… Porque su mochila continuará llena de años y años de haber recibido amor a raudales de los más cercanos que lo rodeaban.

Esta persona que ha crecido sabiéndose amada, tenida en cuenta, mirada, aceptada y acompañada, cuando tenga un hijo, podrá amarlo, tenerlo en cuenta, mirarlo, aceptarlo y acompañarlo sin que ello le suponga un esfuerzo titánico.

Para él será lo más normal, porque como lo habrá mamado, le saldrá de la manera más instintiva y espontánea. Sin miedos, sin carencias, sin necesidades escondidas.

Y de ese amor recibido se beneficiarán todos los que se vinculen con esta persona, todos los hijos que tenga y a su vez, los hijos de sus hijos… propagando una nueva cadena basada en el amor y no en el dolor y la carencia.

Así de importante es lo que estamos haciendo cuando pensamos que no estamos haciendo nada…

No menospreciemos los brazos, ni las nanas a medianoche, ni los mimos, ni la paciencia infinita que a veces debemos tener, ni las horas despiertos porque nuestro bebé llora, ni las noches de fiebre, ni las primeras funciones de teatro, ni los «juega conmigo», ni los «te quiero»…….

No menospreciemos todo esto que hacemos tantos padres y madres, ¡porque tiene un valor incalculable!

 

7 Comentarios

  • Maria

    Ai si Míriam, gràcies per aquest post! Ja saps que hem passat una nit molt dolenta avui i aquesta perspectiva m’entendreix i m’ajuda a acabar de passar aquest dia de son i cansament.
    Un petonàs!

    • Míriam

      Hola, Maria!
      Que bé que t’hagi anat bé llegir-lo! Ho celebro!
      Una abraçada

  • mayca

    M’agrada molt el teu blog. Gràcies per compartir la teva experiència i visió de la maternitat. Sumes una nova fan! Tens un premi en el meu blog El gris de los colores. Mayca
    Una abraçada.
    http://elgrisdeloscolores.wordpress.com/2013/03/01/premio-best-blog/

    • Míriam

      Hola, Mayca!
      Gràcies per les teves paraules i pel premi. Ara hi passaré! Una abraçada i benvinguda A FLOR DE PELL! 😉

  • Gina Mamibúho

    M’ha encantat el teu post. És el primer cop que passo per aquí i realment la teva entrada ha fet aflorar en mi quelcom interesant. Just avui he tingut un dia de gossos, d’aquests en els que «vols tirar la tovallola» o «punxes» com tu dius, però llegir-te m’ha animat, potser perquè necessitava saber que no sóc la única que es vol rendir de tant en tant…

    Aquí tens una nova seguidora sense cap mena de dubte.

    Un petonet des de Alacant!

  • Pili

    El problema viene cuando tu lo haces de esta manera y tu pareja no. Parece q no haces nada y siempre le digo….» Lo q yo hago no tiene resultados inmediatos…. Se verá en el futuro…» Me gustaría q pensara como yo más «perroflauta» como me llama. Pero como tu dices cada uno lleva su mochila y el lleva una diferente a la mía. Les da cariño pero por otra parte les mima la autoestima con castigos y amenazas, q funcionan no digo q no, pero, a que precio?….. Te sigo desde hace tiempo h me encantas!!

    • miriam

      Hola Pili, sí, te entiendo. Pero tu misma has contestado: cada uno llevamos nuestra mochila y cada uno tenemos que trabajar para conseguir sanar aquello que dolió, pero tu no puedes hacerlo por él.
      Comunicación, comunicación y comunicación! Un abrazo.

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