Érase una vez…

 

«Érase una vez una niña que no sabía qué le pasaba. Hacía tres días que rompía a llorar por cosas imposibles, cosas que no podían ser. Tenía algo dentro del pecho, algo que no la hacía estar bien, una angustia que cuando se le despertaba, no sabía cómo sacarla. Quería llorar por echarla de su cuerpo y como todo estaba bien, tenía que buscar cosas imposibles para así poder tener motivos de hacerlo. El primer día lloró porque quería que mamá la llevara a la escuela, pero a mamá le era imposible llevarla a la escuela, no podía. El segundo día lloró porque quería tener el pelo rizado y hacerse moños, quería el pelo de una niña de la clase que además, los tenía bien negros y no rubios como ella. Y el tercer día, lloró mucho porque quería unas bragas nuevas de princesas y hadas, pero sabía perfectamente que sus padres en ese momento no podían ir a comprarlas porque era demasiado pronto por la mañana. Lloraba y lloraba y todo el mundo se ponía nervioso. La niña que no sabía qué le pasaba se enfadaba porque sentía que nadie la entendía. La madre se ponía nerviosa porque llegaban tarde a la escuela y el padre se ponía nervioso porque no podían resolver cosas imposibles!

El segundo día, el de los cabellos rizados, al anochecer la madre le preguntó «¿qué te ha pasado este mediodía?» Y ella respondió «no lo sé, necesitaba llorar». El tercer día los padres decidieron que allí pasaba algo y cuando volvieron a estar juntos le dijeron «Nos parece que tienes algo ahí dentro, algo que no te hace sentir bien, un malestar o una angustia que hay ratos que te hace sufrir. Por eso has llorado tanto estos días, porque no sabías cómo sacarlo. Hacemos una cosa: cuando te vuelva a venir lo de aquí dentro nos dices «mamá, papá, tengo eso aquí dentro» y nosotros intentaremos ayudarte a quitártelo abrazándote, dándote besos, acompañándote hasta que aquella angustia se haya ido, se transforme en amor y se esparza. ¿Te parece bien?» “Sí…” Y aquella niña, que no sabía qué le pasaba, ya no volvió a llorar por cosas imposibles, porque cuando le venía aquel malestar, sabía que sus padres podían ayudarla a sacarlo fuera. «

Este es el cuento que le he contado hoy a Laia. El cuento va de ella y de nosotros. Hoy, por fin, he abierto los ojos. Laia tiene este malestar porque el fin de semana he trabajado tres noches seguidas en la radio y no he estado con ella ni de noche, ni parte del día porque intentaba dormir. Laia me ha echado de menos y dejó patente que no le gustaba nada la idea del turno de noche «¡Ve y di que no lo harás nunca más esto de trabajar de noche!» Me decía muy enfadada. Pero lo llevó bien, durmió bien, no lloró, y aparentemente hablaba de ello sin angustiarse… pero eso estaba, más escondido que cuando era más pequeña… pero estaba allí.

Pasó el fin de semana y todos hicimos como si nada hubiera pasado porque pensábamos que todo estaba bien. Ella no habló más del tema y parecía que todo era como siempre. Pero empezaron los llantos por cosas imposibles y finalmente hoy, hartos ya de estas situaciones difíciles de gestionar hemos creído que quizás teníamos que mirar atrás para ver qué se nos había escapado.

Y la respuesta era evidente. Hemos respirado hondo, lo hemos acogido y todo ha vuelto a la calma pero era necesario llegar al fondo de la cuestión. Al mediodía, mientras comíamos, Laia me ha dicho «Cuéntame un cuento inventado» (que le encantan) y me lo ha servido en bandeja. Le he explicado este cuento de más arriba y cuando he dicho la primera frase «había una vez una niña que no sabía qué le pasaba» me ha contestado «¿esta niña soy yo?» y yo he respondido «no lo sé… ¿te lo parece?» y no ha dicho nada. Le he explicado todo el cuento y cuando he terminado me ha dicho que le había gustado y hemos continuado comiendo. Al cabo de una hora ha empezado a decir que quería ponerse calentadores, que no los encontraba, que donde estaban y se iba agobiando, ya medio llorosa y medio enfadada… He dejado lo que estaba haciendo y le he dicho «¿quieres venir conmigo al sofá?». Me la he sentado como un bebé en el regazo y ella se ha dejado hacer… Y justo entonces ha sido cuando ha dicho «mamá… tengo esa cosa aquí dentro…» y se ha tocado el pecho, la zona del plexo solar, en la boca del estómago.

«Ya lo entiendo, Laia… Me parece que no te gustó nada que me fuera por las noches de casa. Que me echaste de menos, que no te gusta que no estemos los tres por la noche en casa… y te ha quedado eso aquí dentro porque tampoco nos hemos dado cuenta de que habías sufrido… Lo siento. Te lo has pasado mal aunque no nos lo dijeras ni nosotros nos enterásemos. Te abrazo muy fuerte y te mimo hasta que eso que tienes dentro se vaya, ¿vale?»...

Mientras yo hablaba se ha ido relajando hasta que de pronto, se ha quedado profundamente dormida, y eso que ya nunca hace la siesta… Por fin hemos sabido qué pasaba, o mejor dicho, hemos entendido qué nos estaba diciendo. Era una demanda desplazada en toda regla que no hemos sabido ver al principio… Y hemos podido ir a la raíz. Ahora habrá que ver si este malestar continúa o si habiéndolo verbalizado, habiéndolo hecho visible y habiendo “sanado” con amor y cariño, pasa lo del cuento «que se transforma en amor y se esparce».

Ojalá que sí.


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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

15 respuestas

    1. Hola, Lali!
      Sí… em va costar, perquè jo també estava espessa, després d’haver dormit poquíssim durant tot el cap de setmana, el desgavell horari i tot plegat, t’asseguro que em sentia molt poc «centrada» per entendre els senyals! Però ahir ho vaig veure clar… I ha funcionat. Avui, per ara, ni un moment de crisi ni plors per impossibles…!
      Una abraçada

    1. Hola, inski!
      No, no vulguis ser com jo! Tots som perfectes com som… això d’escoltar-los és només qüestió de pràctica. Això de la indagació, d’anar a l’arrel… és com fer exercici… com més ho fas (amb un mateix i amb els fills), més ràpid trobes la solució, perquè els senyals et són més evidents. El primer que cal és entendre que els nens no rabien perquè sí, per tocar el que no sona o per, simplement, cridar l’atenció. Si la criden és perquè necessiten que els atenguem més, perquè alguna cosa se’ns escapa, alguna cosa els manca… Estar atents, entendre com funciona el seu univers i pràctica! Tu també ho pots fer i ho faràs, creu-me. N’estic segura!!! Entrenament, entrenament, entrenament…. sense desistir!

  1. Miriam, que hermoso tener la consciencia de ver más allá de la rabieta de Laia. Es un cuento hermoso que me llena de muchas ideas para con mi Sara. Gracias de nuevo y muchos abrazos.

    1. Hola, Zary!
      Qué bien serte útil… Seguro que Sara también será capaz de comunicarte lo que está pasando más allá del síntoma, si tenéis imaginación, si a través de cuentos, juego simbòlico, etc, introducís lo que sucede en vuestra casa… Les cuesta hablar en primera persona, hacerlo real, pero a veces, a través de cuentos, de otros personajes, son capaz de decirnos lo que pasa realmente. Y somos nosotros los que, teniendo en cuenta las particularidades de cada niño, tenemos que encontrar cuál es la manera más propicia para llegar a él… Suerte! Podéis, estoy segura!!!

  2. Miriam, moltes gràcies per compartir aquest conte amb nosaltres. Em dones idees per entendre, potser, l’arrel d’algunes rabietes. El que està clar és que sempre, tant adults com amb nens, per sol.lucionar una cosa s’ha d’anar a l’arrel. Me´n alegro que haguis pogut adonar-te´n. Una abraçada

    1. Hola, Raquel!
      Exacte, el mateix que apliquem a nens ens ho podem aplicar a nosaltres. A vegades ens enfadem o ens posem malalts i ens quedem en el símptoma, no anem a l’arrel. Només anant-hi acabarem d’entendre què passa, què ens està dient el cos… i podrem anar a la una!
      Sort… celebro haver-te donat idees per dur a la pràctica amb l’Eloi. Una abraçada!

    1. Hola, Papá de Joan Petit!
      És una etapa apassionant… I sí que hi ha moment una mica complicats, però tots n’aprendreu moltíssim, de tots ells! Una abraçada i sort! (No és tan terrible com molts la pinten!) 😉

  3. Hola Míriam,
    És la primera vegada que escric al teu blog, però ja fa molt temps que el vaig seguint. I ara, llegint aquest, m’has fet recordar el que nosaltres hem viscut amb el nostre petit, no farà gaire dies. Una situació semblant, en el sentit de voler coses impossibles, i, en el nostre cas, trobar-se neguitós i amb molt mal humor, de forma inexplicable. A nivell familiar, vam arribar al caos i al desconcert general. I va ser això el que ens va obrir els ulls. Ens havíem deixat portar per la onada de negativitat i no escoltàvem ni observàvem al nostre fill com calia i es mereixia. Va arribar un dia que, després d’un dia amb els amics, on vam poder compartir la situació que vivíem (les xerrades amb els amics van tan bé!!!) ens vam adonar que estàvem passant per una prova familiar, una prova de foc però d’amor alhora. I, a partir d’aquí, amb AMOR i PACIÈNCIA, vam anar trobant les paraules adequades. El canvi va ser brutal. Com per art de màgia, van tornar l’armonia i la calma a casa. Posar nom al que viuen, abraçar-los, escoltar-los, mirar-los, i tot sense esperar res a canvi, ajuden a esvair molts dels conflictes. Míriam, gràcies per compartir els teus pensaments i experiències sobre la criança!

    1. Hola Zein,
      i benvinguda al blog… celebro que t’hagis animat a escriure, i més amb aquesta història tan maca! Bravo per vosaltres! Celebro que amb amor i paciència (que és com es solucionen la gran majoria de coses a la vida) hagueu pogut girar la truita! Felicitats!
      Una abraçada

  4. No te conozco, pero te quiero, te quiero mucho y te agradezco tu sabiduría y tus textos, eso que dices trato de explicarselo a los maestros cuando las niñas están enojadas o llorosas, explicarles que no es la clase, o un capricho, es algo adentro que necesita ser bienvenido y acompañado. Gracias por encontrar las palabras y hacer que todo se entienda desde el amor, tan fácil. Te quiero y agradezco mucho que estés viva y escribas lo que escribes.

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