Tenemos la Navidad a la vuelta de la esquina y estas fechas, queramos o no, nos remueven. Por mil motivos diferentes: son días de encuentros familiares y en muchas casas queda clarísimo cómo son los vínculos entre unos y otros.

Son días que, aunque intentemos que no la haya, aparece presión: los que reciben las visitas en su casa, presión porque todo salga bien, porque todo esté perfecto, porque la comida sea riquísima.

Los que van a casa de los demás, porque sea “soportable”, o porque los regalos gusten, o porque mi hijo se porte bien, o porque… Por eso he creído conveniente dar, humildemente, algunos consejos para poder encarar estos días como lo que son: días de fiesta.

RESPIRAR

Es básico y sí, todos lo hacemos y en todo momento, pero la mayoría de veces no lo hacemos bien. Respiramos tensos, agobiados, con sólo la parte torácica…

Si vemos que las comidas nos estresan, que estar en esa mesa con tíos y primos con quienes no nos llevamos muy bien nos saca de quicio, si nuestro hijo no para de corre y tirar cosas por el suelo… RESPIREMOS.

Todo es mucho más fácil cuando podemos hacerlo, y a la vez, nos ayudará a tomar una cierta distancia.

EMPATÍA

Con nuestros hijos por supuesto, pero también con los demás. Pensemos que para ellos (los niños) son días también estresantes, que tantos regalos o tanta gente en las casas les pone a mil por hora y eso, de alguna forma, lo provocamos los adultos. Por lo tanto, respiremos y aceptemos que estos días son así, a ratos estresantes.

Sintamos empatía hacia unos hijos que muchas veces van sobre estimulados y pensemos que ya habrá tiempo para relajarnos y volver a la rutina. Empatía también con los demás: con los abuelos, padres, suegros, tíos, primos, etc con quien nos reunamos.

Todos tenemos nuestras proyecciones familiares, nuestras carencias afectivas, nuestro “backgrounds” vitales (por decirlo de alguna manera) y muy probablemente todos estamos, poco o mucho, removidos.

Cuanta más empatía sintamos los unos por los otros, mejores serán estas comidas: más amorosas, más cercanas, más tranquilas.

VAYAMOS A LO ESENCIAL

Estos días son una celebración. Seamos religiosos o no, son días para celebrar que estamos juntos, que estamos vivos, que nos amamos, que tenemos hijos y que son magníficos.

Podemos celebrar otras cosas, si queremos. Cada uno que ponga aquí lo que quiera, pero no perdamos de vista esto y disfrutemos de ello tanto como nos sea posible.

LOS QUE TENGÁIS BEBÉS…

Tened muy presente sus necesidades. Los bebés no son pelotas de rugby y por mucho que la tía de Zaragoza quiera cogerlo en brazos cuando duerme plácidamente en el pecho de la madre o los brazos del padre, quizás no es un buen momento. Que se espere.

La necesidad de nuestro bebé pasa por delante de la necesidad de la tía de Zaragoza de coger en brazos a un bebé. Nuestros hijos no son juguetes aunque a muchas familias lo parezcan.

Tratémosles con respeto, empatía, delicadeza y tengamos en cuenta sus necesidades de contacto, de silencio, de paz… retirémonos a una habitación tranquila a dar el pecho o calmarlos, acabemos antes la fiesta, si están nerviosos…

Estemos presentes respeto a sus necesidades. Nosotros somos sus padres y debemos protegerlos.

PONGAMOS PALABRAS

Nuestros hijos necesitan palabras. Qué pasará en casa de los abuelos, si habrá ruido, si no, qué haremos después… muchos niños será la primera Navidad que pasen y por tanto, no saben de qué va toda esta historia.

Expliquémosle con qué se encontrarán y también después, una vez terminados los encuentros familiares, pongamos palabras al agobio que quizás sientan, digámosles por qué quizás van pasados de vueltas…

SEAMOS AMABLES

Con los otros pero también, no lo olvidemos, con nosotros mismos. Si nos hemos puesto nerviosos, si no hemos sabido qué decir cuando tal familiar nos ha parecido que nos juzgaba, si el comentario del cuñado nos ha sentado como una patada en el estómago… seamos amables.

Respiremos y no nos pasemos los tres días siguientes pensando “debía haberle dicho esto o aquello, soy una burra, no sé por qué me quedo callada…” No vale la pena y no nos hará ningún bien. Abracemos esta parte nuestra que con el encuentro familiar ha quedado removida y sigamos adelante.

ACEPTEMOS

La tristeza si hay sillas vacías en la mesa porque nuestro padre murió hace dos años, porque la abuela lo ha hecho este verano, porque los padres se han separado, porque… lo que sea.

Si viene tristeza, dejemos que venga. Que salga y que se marche. Si viene mal humor, dejemos que pase. Si viene alegría, disfrutemos, pero si viene rabia, o celos, o competición, o lo que sea… respiremos, miremos, démonos cuenta y, si nos es posible, liberémonos de ello.

No nos aferremos como si tuviera que estar con nosotros de por vida y dejemos que estas emociones quizás menos agradables, se expresen y se fundan. Todo pasa y esto… también.

 SILENCIO

Tengamos algún momento de silencio esta Navidad o este tramo final del año. Ni que sean cinco minutos, un espacio sólo nuestro, íntimo, donde podernos reencontrar, donde poder re-conectar con la calma y sobre todo, un momento para poder concluir.

El año se acaba y a veces va bien hacer un stop en el camino para darnos cuenta de cómo ha sido, de cómo queremos que sean los que tienen que venir y, si nos apetece, agradecer lo vivido.

 RECORDEMOS

Estamos aquí para aprender. Todo es aprendizaje, absolutamente todo. Y las Navidades (estas, las del año pasado, y el otro, y el otro, y el otro…) también.

Aprovechémoslo al máximo para, cada día, ser un poco mejores de lo que éramos el día anterior.

OBSERVEMOS Y LLENÉMONOS  

Ver las caras de nuestros hijos estos días no tiene precio. Llenémonos de todas las cosas buenas que nos traen cada día y recordemos que el mejor regalo que podremos recibir nunca esta Navidad y todos los días de nuestra vida es saberlos vivos y saberlos felices.

No hace falta nada más… no lo olvidemos.

 Feliz Navidad a tos@s! 🙂

5 Comentarios

  • Zarina

    Feliz navidad amiga y gracias por estos valiosos consejos!!

  • El Arca de Tiza

    La verdad es que son muy buenas reflexiones, Miriam…la Navidad puede ser estresante, triste, eufórica…pero siempre hay que celebrar que seguirmos aquí y juntos con la gente que queremos. Un saludo y Feliz Navidad!!!

  • Mónica

    Muy buenos consejos, la verdad es que yo debí aplicarme, en la cena de anoche, algunos de ellos, lástima que no los leyera antes, pero los tendré en cuenta para la próxima. Llevamos un par de días de bastante estrés, y mi pequeña lo está notando, anoche bedimos irnos antes a dormir, porque cuando nos retiramos ella tenía el corazón a mil por hora, también me arepiento de no haber estado mas atenta a ella a la hora de los regalos, pero como tú has dicho, de todo se aprende, y el próximo año me plantearé las cosas de otra manera.
    Feliz Navidad y besos!!

  • Judith

    Gracias tomo nota.. Sobretodo a lo de relajarme… Es un continuo aprendizaje…

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