30.5.2013

 

El primer día que fui consciente de que hay bebés que parece que tienen prisa lo recordaré toda la vida. Vi una niña, no tenía ni dos meses y quería caminar. Sí, sí, quería caminar. Sólo era feliz cuando su madre la cogía por debajo de los brazos absolutamente vertical y ella podía mover sus piernecitas tocando el suelo como si diera pasitos. Os juro que no me lo creía cuando lo veía. Aquella niña había aguantado la cabeza poco después de nacer y con un mes y medio quería caminar. No quería estar en posición horizontal, no quería que la acunaran, sólo parecía que tenía predilección por las cosas propias de bebés más “mayores”. Asimismo, sentía mucha frustración porque es evidente que no podía caminar y que no podía estar mucho tiempo en esa posición; su cuerpo no estaba, en absoluto, preparado todavía para hacer todas las cosas que parecía que quería hacer… Sus padres estaban absolutamente des-colocados!

 

No ha sido la única bebé con prisa que he conocido. Esto que cuento lo he observado durante años: que hay bebés que tienen prisa, que hay bebés que parece que no les gusta serlo y que en cambio, tienen ansia por saltarse etapas. No es fácil para los padres. Vivir la frustración de su hijo les agobia a menudo y temen que no sea feliz. Es como si ese bebé fuera “grande” en un cuerpo demasiado “pequeño”…

 

Para estos bebés es muy frustrante no saber hacer aquello que quieren hacer, o que la mente y lo que sienten vayan más avanzado que su cuerpo. Cuesta, en estos casos, que los padres no entremos también en la prisa del pequeño. Es decir, que no intentemos que vayan, efectivamente más rápido. Me explico… Quiero decir que a veces, cuando vemos un bebé que parece que sólo quiere simular que camina y es feliz cuando lo hace, cuesta no ponerlos en esa posición todo el rato… y es comprensible. Porque queremos ver a nuestros hijos contentos pero evidentemente, para ellos, es demasiado temprano y que estén en una posición que no les corresponde por los meses que tienen, les puede perjudicar… ¡O sea que ser padre o madre de un bebé con prisa no es nada fácil!

 

¿Qué hacer entonces? Tener paciencia, mucha más de la que ya se entiende que deben tener unos padres, y poner muchas palabras. Contarles lo que creemos que está pasando.

 

Explicarles que aún no están listos para hacer lo que quieren hacer, que ya podrán cuando sea el momento, pero que ahora mismo son pequeños para soportar, por ejemplo, el peso de su propio cuerpo… Decirles que entendemos que querrían ser mayores, o ponerse de pie, o caminar. Que entendemos la frustración que les supone ser aún tan pequeños. Quizá nos parecerá que no nos comprenden, que es absurdo hablar así a un bebé… pero seguro que captarán nuestra empatía y no se sentirán solos en esto que les toca vivir.

 

¿Qué más podemos hacer? Intentar que su impaciencia no nos toque la nuestra y por lo tanto, no tener prisa. Nuestro bebé tiene que quemar muchas etapas seguramente para poder hacer lo que expresa que quiere hacer y debemos tener paciencia, aceptar el momento presente, el momento en que está él y en el que estamos nosotros. E integrar que seguramente pasará. Que a medida que vaya creciendo, irá alcanzando nuevos retos y sentirá menos frustración. Que poco a poco se irá sintiendo más cómodo dentro de este cuerpo de bebé que a veces parece que le sea extraño.

 

Pongámonos en su piel: en el vientre materno todo era tan fácil… y ahora que ya está fuera… ¡cuántas cosas por aprender, cuantas cosas para hacer!… y sobre todo: ¡cuántas cosas que NO puede hacer todavía…! Entendamos que debe ser difícil aceptar que cuando somos bebés no nos podemos valer por nosotros mismos, que necesitamos alguien para todo. No lo recordamos, es cierto… pero intentemos ponernos en su piel. Si lo hacemos, seguro que no nos costará tanto acompañar los “bebés con prisa”.

 

Y tú, ¿has visto alguna vez un bebé así?

 

 

 

 

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

X