16.4.2015

 

Si tenéis hijos, seguro que sabréis de qué os estoy hablando: estamos en un momento de equilibrio inestable. O de equilibrio colgando de un hilo. Lo del “todo está bien pero ten cuidado porque en una décima de segundo puede dejar de estarlo”.

 

Os sitúo: Hija de 5 años y medio que a ratos es muy mayor y a ratos se vuelve muuuuy pequeña. Hija de un año que es muuuuy pequeña pero que a ratos quiere ser muuuuy mayor. Padres que intentamos, a pesar del montón de trabajo y el montón de cosas en la cabeza, atender las necesidades de una y otra sabiendo, sin embargo, que a veces el equilibrio se rompe. Más un factor que es un gran desestabilizador de la balanza: celos.

 

Los celos no tienen que dar nunca miedo, porque al igual que la alegría o la felicidad, existen. Pero Dios, que jodidos son! 😉

 

Si hemos sentido celos alguna vez a lo largo de nuestra vida (y si pensamos que no, busquemos en la memoria porque seguramente encontraremos algún recuerdo de ellos), sabemos el malestar tan bestia que conllevan. Por eso, cuando Lua empezó a estar para comérsela y a hacer un montón de cosas que a la gente le encanta porque hace mucha gracia como decir alguna palabra, dar palmas, dar besos, intentar caminar, etc, los celos de Laia entraron en erupción. Es normal y ya sabíamos que era muy probable que pasara o sea que no nos sorprendió pero sí reconozco que quizá pensábamos que sería algo más fácil lidiar con ellos.

 

Y no lo es. Porque los celos tiene mil y una caras, mil y una formas y se expresan de mil maneras diferentes y los padres tenemos que estar atentos para ver qué está pasando en realidad, a pesar de que aparentemente parezca que todo está bien. La expresión de los celos puede ser en forma de retroceso: ahora quiero que me vistas tú (cuando jamás, desde los 21 meses, ha querido que nadie la vistiera), quiero tumbarme encima tuyo (como si volviéramos a la etapa de piel con piel!), quiero ir en brazos (21 kg?! No way!), ¿por qué ella tiene esto y yo no? o ¿por qué no me has hecho a mí también lo que le has hecho a ella?, y más, y más, y más…

 

En días de luz pone nombre a lo que le pasa y todo es más fácil. “Mamá, tengo celos”. “Ah. Lo entiendo. ¿Qué necesitas?” “Que juegues conmigo” y todo va como una seda a pesar del malestar inicial. Pero no siempre es así y a menudo ella no puede expresar exactamente qué es lo que le ocurre y nosotros, a veces no sabemos ver más allá y nos quedamos atrapados en la emoción de rabia o de enojo que en un determinado momento ella puede sacar hacia fuera. Con el malestar para todos que esto conlleva.

 

Y en medio de todo esto Lua: que sube por todas partes, que no para quieta, que no le puedes sacar un ojo de encima NUNCA, que ríe todo el día, que sí, que está para comérsela! Y nosotros: con nuestro trabajo, con nuestras cosas en la cabeza, con las lavadoras por hacer, con las comidas por cocinar, con la necesidad de “un poco” (sólo un poco) de tiempo para nosotros, con…

 

O sea que sí, el equilibrio es inestable. Porque te levantas y todo va bien y se levanta la mayor y desayunáis todos y luego se levanta la pequeña y vas haciendo, pero en cualquier momento puede pasar cualquier cosa que con los celos latentes hacen que todo vuele por los aires: un juguete que no aparece y que justo en ese momento quería, o… da igual, lo que sea. Y ya nos ves a nosotros intentando apagar fuegos y sólo son las 8 y media! 🙂

 

Pero lo acepto y lo entiendo. Porque para ellas no es fácil: adaptarse, crecer, entender, comprender, aceptar,… si cuando eres adulto ya cuesta, imaginemos de pequeños! O sea que toca acoger.

 

Acoger, empatizar, validar y aprender a bailar con este equilibrio inestable. Porque vivir y bailar en él es un arte, lo tengo clarísimo! Y eso es lo que nos toca, aprender el arte de vivir en este tipo de equilibrio que mucha seguridad no da, pero que tiene momentos intensos y muy divertidos. Y dos ventajas más: no te aburres nunca y cada día es una sorpresa.

 

O sea que no es de extrañar que por la mañana, cuando nos despedimos con mi marido, nos digamos: “Que la fuerza te acompañe!” 😉

2 Comentarios

  • Bichilla

    Cómo te entiendo!! Desde la primera frase!!! Palabra por palabra… Yo con uno de 4 y medio y otra de 2 años. Paciencia, paciencia y más paciencia… no queda otra. Ánimos!!! (también para mí misma, jajaja).

  • lai

    Molta raó! A casa van apareixer tambe quean la petita començava a fer gràcies. Pero nomes es porten dos anys i la gran no sabia expressar que li passava i vem tenir una època delicada (o molt inestable que mha agradat l.adjectiu). I ara que ja han crescut totes duesuna miqueta mes, els gelos van creuats!! I aixo…és complicat…es com anar caminant a la corda fluixa tot el dia 🙂

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