Ayer hizo dos meses que dejé de dar el pecho a Laia. Hizo dos meses que Laia mamó por última vez. Me acordaré toda la vida, seguramente, de aquel día en que quiso mamar de un pecho y lo hizo menos de 40 segundos para terminar diciendo “ya no quiero más”.

Aquel fue el último día y ahora, que de eso ya hace dos meses, creo que puedo hacer un poco de balance…

Tras el éxito que tuvo el post de la “Fies-TETA”, mucha gente me decía “¿y no te ha dado pena?” “¿Y no lo echas de menos?” y mi respuesta era siempre “no”.

Porque era el momento. Creo que era mi momento, pero diría que también era el de Laia. No ha sido nada difícil. Evidentemente que he detectado algunas cosas, algunos cambios, pero nada que no sea normal… Por ejemplo…

El pecho le servía mucho para gestionar el estrés y también para reconciliarse con ella misma o con el mundo en momentos en que se enfadaba o momentos de gran frustración.

Hemos tenido que encontrar otras maneras y sí, reconozco que con el pecho, esto era más fácil. Se calmaba enseguida y reencontraba la paz y ahora cuesta un poco más y hay que tener más paciencia.

Hemos vuelto al contacto, a mucho contacto físico como cuando era un bebé y hacíamos piel con piel… Y no porque yo le diga “venga, ponte así…” sino que algunos días quiere dormirse encima mío, o sea sentada en mi regazo en la cama (como podemos, porque ya es muy grande) y apoyada… como si mamase pero sin mamar.

Ahora nos abrazamos mucho más, si es que era posible. Espontáneamente, no es que haya pensado que por el hecho de no hacer pecho tenía que haber más abrazos, no hablo de eso. Simplemente, me he dado cuenta de que nos abrazamos más, que la abrazo más y ella también a mí…

Yo no lo echo de menos. No echo de menos el pecho, la teta. Me ha encantado dárselo, muchísimo, y es de las mejores cosas que me han pasado en la vida, poder dar el pecho a Laia, pero lo he disfrutado muchísimo y me siento llena. No siento añoranza, ni pesar, ni pena, ni nada de eso.

Tomé una decisión consciente, porque lo sentía de esa manera, y nada ha cambiado en mi respecto a esa decisión. Asimismo, reconozco que me he reencontrado un poco más conmigo misma.

Supongo que nos hemos acabado de des-fusionar al nivel que lo estábamos y sí, también me está gustando. Vuelvo a estar muy hacia “afuera” y lo estoy disfrutando muchísimo… Quizás porque intuyo que un día tendré que devolver “adentro”, y ahora necesito nutrirme tanto como pueda de lo que después, tardaré en disfrutar…

Otra cosa curiosa es que vuelvo a notar mi ciclo a través de los senos. Mientras daba el pecho no notaba nada, ni me dolían cuando me estaba a punto de venir la regla, etc… Y ahora sí.

Me vuelvo a sentir como antes de tener a Laia, con “mis” pechos ahora sí, sólo míos… y también me gusta. Son sensaciones que ya no recordaba y que van volviendo a mí, como viejos amigos que hace tiempo que no ves y al mismo tiempo, parece que no hayas dejado de ver nunca…

Laia en dos ocasiones me ha pedido poder mamar y le he dado el pecho. Ha cogido el pezón, ha succionado pero sin mucho interés y al cabo de tres segundos me ha dicho: “ya está”.

He tenido la sensación de que era como un “¿me lo dejaría hacer mamá?” para justo después darse cuenta de que, en realidad, ahora ya para ella no tiene ningún interés. Veo que tiene un muy buen recuerdo de nuestra lactancia, pero que tampoco la añora. Como si ambas hubiéramos pasado ya a otra fase.

Estamos aprendiendo a relacionarnos también de otra manera, ahora que no tenemos esto tan nuestro y aunque a veces no nos resulta fácil lo de pasar a otras fases, diría que poco a poco, ¡lo vamos consiguiendo!

Antes de dejar el pecho, muchas mujeres tienen miedo de que algo se rompa, que algo acabe, que el vínculo sea más tímido, menos claro…

Si alguna vez me pregunté eso ahora ya tengo la respuesta. Si el vínculo es fuerte y sólido, no queda rasgado porque la lactancia termine.

Sí, quizás la leche se acaba, aquellas miradas de reojo desde el pezón, aquel sueño dulce, aquello tan nuestro…

Pero queda la escucha, la mirada, el contacto, el calor, las horas pasadas, los abrazos interminables, los besos juguetones de antes de ir a dormir, el cuento para decir buenas noches, el juego de los secretos, el darnos la mano para cruzar juntas, etc, etc, etc…. 

Quedan tantas, tantas, tantas cosas… tantos, tantos, tantos momentos unidas, tantas miradas cómplices, tanto poso de amor en dos direcciones que quizás es justamente por ello que no me añoro.

Quizás es por ello que no se añora. Por ello y porque nuestro momento había llegado. Estábamos a punto para el nuevo paso, para la nueva fase.


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1 Comentario

  • Ada

    Aix em dones ànims! Fa justament 10 dies que he deixat de donar teta al meu fill de quasi 17 mesos, va ser decisió meva però ell començava a perdre interès…. amb pena i tristor però també mirant endavant i esperant que la nostra complicitat no es trenqui. Passem pàgina i comencem un altre capítol, sense teta!

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