Hoy cierro el círculo. Después de hablar de los niños y de los padres, hoy toca hablar de maestras/os. 

Os voy a contar, bajo mi punto de vista, qué pueden hacer para acompañar los niños pequeños en sus emociones cuando están en plena adaptación a la separación de sus padres.

El primer trimestre no resulta fácil y se llama, directamente, trimestre de adaptación escolar. (Remarco que estoy hablando de preescolar e infantil).

A menudo lo más importante es, simplemente, que el niño se adapte porque cuando un niño echa de menos a sus padres y no está cómodo en el aula, tampoco puede aprender mucho.

Aprendemos más y mejor cuando estamos relajados, felices, contentos… cuando podemos interesarnos por lo que nos rodea y no cuando sólo estamos pendientes de lo mucho que estoy echando de menos a mamá y de cuándo voy a verla por la puerta.

Insisto: este post no sería necesario si nos separáramos cuando estamos preparados.

Los niños irían felices al cole porque les apetecería hacer cosas nuevas y conocer niños de su edad o similares. El problema es que nos separamos cuando es demasiado pronto y cuando no sienten esa necesidad porque, simplemente, no están maduros para ello.

Entonces se complica todo: la gestión emocional de los niños, de los padres, de los maestros… con el añadido de tener una clase con una ratio demasiado elevada que no facilita, para nada, la gestión emocional.

Sois bastantes las maestras que me habéis pedido un post con ideas para hacer que esta adaptación escolar sea más fácil. Eso del “¿y qué puedo hacer yo, la maestra, para ayudar en esta situación?”

Pues puedes hacer mucho. Es más, tu papel es vital. En buena parte, de ti va a depender que el niño se adapte mejor o peor, que le cueste menos o que le cueste más.

¿Qué le hará sentir bien? Vuestro vínculo. Que os vinculéis le dará seguridad y calma.

Pero claro, para vincularos se necesita tiempo, empatía, paciencia, entender que no todos los niños son iguales y necesitan lo mismo, y un largo etcétera que ayudan a establecer un buen vínculo.

Es que es la clave. ¿No recordáis maestros/as de cuando erais pequeños justamente porque os vinculasteis? Yo tengo maravillosos recuerdos de algunas maestras de infantil y primaria, y también profesores/as de secundaria y la universidad.

Y a todos les une una característica común: nos vinculamos, me hicieron sentir que era importante para ellos, me trataron muy bien y me ayudaron. También unían otra característica: su profesión era su vocación.

Dicho esto, vamos con los consejos para que este vínculo se produzca y para ayudar a los niños que tengáis en el aula a sentirse más cómodos y seguros.

1. CONOCEROS EN PRIVADO

Antes de empezar el curso es muy bueno que los maestros conozcan a esos niños pequeños que van a tener en el aula. Y que los conozcan de uno a uno. Que puedan hablar con ellos y con sus padres, que puedan conocerles un poquito mejor. Es el primer contacto y tiene que ser tranquilo y sin prisas.

2. ADAPTACIÓN REAL

Permitir que los padres u otras personas de referencia se queden en clase hasta que el niño esté realmente adaptado es la clave para que la separación se haga sin traumas y para que el vínculo con la maestra se pueda ir estableciendo mientras, cerca, tengo a mi madre o a mi padre dándome seguridad. He hablado mucho de adaptación real; podéis leer más sobre ello AQUÍ.

3. HACER FÁCIL LO QUE ES FÁCIL

A un niño pequeño le hace sentir muy seguro que la persona que le acompaña al cole entre también con él en clase, le ayude si tiene que dejar la chaqueta y todavía no lo controla o simplemente, le de seguridad en ese momento tan importante de la “llegada”. Pues permitamos que los padres puedan entrar en el aula para este momento y también para recoger a los niños cuando termina el cole.

4. NO CAMBIAR DE AULA NI DE ADULTO DE REFERENCIA HASTA QUE LOS NIÑOS NO SE HAYAN ADAPTADO

Este es un caso muy típico: en plena adaptación los niños a las 11h, por ejemplo, tienen que cambiar de aula porque van a hacer, yo qué sé, pongamos que música en otro lugar y con otro adulto. Esto les supone otra separación: del aula conocida y de la maestra con todavía se están vinculando con lo cual se añade estrés e inseguridad que no facilitan, en nada, la adaptación.

Tampoco recomiendo que a la hora de comer (los niños que se quedan) tengan que hacerlo en otro espacio. Hay muchos coles en los que comen en la misma aula que se adapta a “comedor” en un plis plas. Si no tenemos 2 momentos críticos en tan solo unas 3 horas que es la separación de los padres y la separación de maestra y aula para ir a comer.

5. MAESTRA/O Y FAMILIA TENEMOS QUE IR A LA UNA

Y no se puede ir a la una si no hay comunicación casi constante y diaria. Y no puede haber comunicación así si no dejamos que los padres entren en el aula. Si lo hacen, pueden contarnos que, por ejemplo, ésta noche ha dormido fatal porque dice que no quiere ir al cole. Si la maestra/o lo saben a las 9h de la mañana, podrán acompañarlo mejor emocionalmente y sabrán qué está pasando. Si no lo saben, les faltará información valiosa.

Esto es un punto importantísimo: la comunicación y más concretamente la BUENA comunicación, confiando los unos en los otros, tiene efectos muy positivos en los niños.

6. TENER UNA REUNIÓN CON LOS PADRES PARA EXPLICARLES QUÉ VA A PASAR Y QUE PUEDAN EXPLICARLO A SUS HIJOS

Hay niños que necesitan anticipación y que se les cuente muy bien lo que va a pasar. Si no tenemos esa información, no podemos ayudarle. La reunión a inicio de curso para dar información a los padres, de todo tipo, es vital. Los padres necesitan también sentirse seguros y si no conocen al equipo de profesores, esto va a costar más. En realidad lo que tenemos que crear es una comunidad educativa en la que vayamos de la mano por el bien común de los niños.

7. EMPATÍA

Un buen maestro/a empatiza con el niño y esto a veces es duro porque cuando estás en plena etapa de adaptación y empatizas, llegas a casa destrozado. Porque es difícil acompañar tanto dolor de algunos niños, pero es vital. Esto me lleva al siguiente punto:

8. PREGÚNTATE SI LA EMPATÍA TE REMUEVE Y RESUELVE LO QUE NO ESTÉ RESUELTO

A veces el llanto de los niños nos remueve tanto que nos cuesta muchísimo acompañarles como necesitan. Se remueve el niño que fuimos y todas las separaciones que vivimos. Entonces pasa eso que para no sufrir yo, prefiero quitar importancia a lo que viven los niños, o le hago chantaje para que no llore “Si lloras tanto no vas a poder salir al patio” o “Cuando te calmes te voy a atender, pero si no, voy con los demás niños”, etc.

Si notas que dices frases poco respetuosas y empáticas, frases que no te gustaría que te dijeran a ti, pregúntate qué es lo que te hace decirlas. Y resuelve. Ve a la raíz y ponle solución por tu bien, en primer lugar, y por el de los niños.

9. NO NIEGUES SUS EMOCIONES

Tendimos a negar lo que nos duele, lo que no gusta. Y como nos han dicho millones de veces cuando éramos pequeños que no llorásemos, a veces hacemos lo mismo: “no llores, no estés triste, no te pongas así, no es para tanto”, etc. Todas estas frases son negación de emociones que está expresando el niño. Y si las expresa es porque las siente. Negarlas, a parte de dañino, es absurdo porque no va a hacer que desaparezcan. Pero sí puede hacer que se repriman y eso es mucho peor.

10. VALÍDALE LO QUE SIENTE

“sé lo que sientes, echas de menos a mamá, te gustaría que viniera ya ahora a buscarte, te sientes inseguro en la clase, no te gusta tantos niños juntos que no conoces…”, etc. Si le validas lo que le está pasando va a sentir que le entiendes, con lo cual, va a ser más fácil que se vincule a ti. No nos vinculamos a gente que no nos comprende, al contrario. Si validas, tienes mucho camino hecho.

11. CONTACTO

El contacto ayuda y mucho: que le abraces, que le digas que cuando necesite puedes cogerlo en brazos, acariciarle, etc le va a sentar muy bien. Hay niños que cuando están muy enfadados o tristes no lo permiten: no le obligues. Si no quiere contacto, respétale. Si lo necesita, dáselo en la medida que puedas (porque tienes más niños que atender).

12. TRANSMITE A LA FAMILIA LO IMPORTANTE QUE ES QUE ACOJAN EL DOLOR DE SUS HIJOS

A veces vas a ser el único contacto de las familias con el apoyo emocional. Quizás no saben nada de todo esto y ni siquiera saben qué hacer cuando el niño llora. Ayúdales a que le acompañen de la mejor forma: que no le riñan, ni le chantajeen, ni le castiguen. Que le entiendan y le apoyen, esto es lo que necesita.

13. IMÁGENES

En este caso también puede ayudar mucho a los niños tener un lugar del aula con fotos de su familia colgadas. De esta forma, cuando necesitan sentirse cerca de sus padres o les echan de menos, pueden ir allí y dar un beso a la foto, o tocarla o hablar de ello a la maestra a raíz de esa emoción. Ayuda a procesar y a elaborar. Que no ocupen mucho espacio en la pared porque hay niños que no quieren verlas porque les hacen sentir más tristes. Tiene que ser algo a lo que puedan recurrir los que sí necesitan verlas.

14. QUEDADA CONJUNTA NIÑOS, PADRES Y MAESTROS

Puede ayudar mucho que una tarde, por ejemplo, organicéis algo con los padres y los niños en la clase todos juntos. De esa manera, a parte de conoceros más, los niños ven que la escuela no es algo ajeno a los padres y se van a sentir más apoyados, tranquilos y seguros. En esta quedada se puede hacer algún juego, o lo que se os ocurra. Da igual. Lo importante es estar juntos.

15. CÚIDATE

Para cuidar de los niños tienes que cuidarte mucho a ti. Porque es muy enriquecedor pero a la vez, desgasta mucho y es cansado. Necesitas tu espacio para recuperarte del día, sobretodo en la etapa de adaptación y poder ir un poco con calma. Tu día a día tendría que ser lo más tranquilo posible para que, en el aula, puedas transmitir también esa tranquilidad que tanto necesitan los niños.

Es básico e importantísimo que te cuides y que te cuiden.

16. OJO CON LOS JUICIOS

A menudo tendimos, inconscientemente muchas veces, a juzgar a los demás y a sentirnos juzgados. En este momento y entorno a este tema es MUY importante que no juzgues a las familias y que no te sientas juzgada/o. Los juicios son una gran piedra en el camino, procura que no aparezca.


Espero que estos consejos te ayuden estas semanas de adaptación y de instalación del vínculo con los niños. Es, estoy segura, un camino de un gran aprendizaje estar con niños pequeños en estos momentos y estoy convencida que te aporta muchísimas cosas buenas.

Ojalá cuando sean mayores, tus niños todavía te recuerden: querrá decir que instalasteis un buen vínculo y que fuiste importante para ellos.

Suerte y feliz curso.

2 Comentarios

  • VERONICA

    Me ha encantado, tus padres posts siempre tan interesantes. Gracias

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