Hoy explicaba a una persona que en el mundo de la crianza de los hijos, ( y digo “crianza” entendiendo que termina cuando ellos ya son muuuuy mayores), todo son etapas.

Lo que te preocupa ahora no te preocupa dentro de medio año, porque cambia todo. Tu hijo, los procesos por los que pasa, cambiamos nosotros, todo evoluciona, y llegan siempre cosas nuevas.

Nuevos retos, nuevos obstáculos, nuevas ilusiones y nuevos malos momentos. Tener cierta perspectiva al respecto ayuda a, cuando estás inmersa en una etapa difícil, ampliar la mirada y pensar que pasará, que esto no se quedará para siempre.

Digamos que el mal momento no lo cura, pero pone distancia y ayuda mucho saber que pasará y que vendrán cosas nuevas, que así es la vida. Ayuda a aceptar el momento y a estar más presente con lo que toca vivir intentando aprender el máximo.

Esta conversación me ha llegado un día especialmente difícil porque puedo decir que prácticamente no he dormido nada. Laia tiene mucha tos, de esa irritativa (no de pecho), que no para.

Cada cinco minutos tosiendo toda la noche, para que os hagáis una idea. De aquellas noches largas, que parecen sacadas de una película de terror. Las horas no pasaban y aunque intentábamos calmarle la tos, incorporarla, ayudarla y acompañarla, aquella tortura seguía para ella y para todos. Es aquella tos molesta pero que no implica nada más grave. Pero fastidia. ¡Y a los padres no nos gusta ver como la toses molestan a nuestros hijos!

Pero aún así, a pesar de no haber dormido, mientras desayunábamos con mi compañero hemos hecho alguna broma del estilo “daremos la noche por dormida” y cosas así.

Hemos simulado haber dormido de lujo, quitando hierro al asunto. Hemos reído y hemos seguido con el día. Y al poco rato me encontraba hablando de lo que os decía más arriba, a una persona. De pronto, mientras yo le contaba que esto nunca se detiene; que ayer era el “no quiero ir a al cole”, ahora es la tos, mañana será no sé qué otra cosa, que es ley de vida y que no pasa nada… me pregunta “¿Y por qué repites?”

La pregunta me ha chocado porque no me la esperaba pero no he tardado ni un segundo en responder : “Porque tener un hijo es fantástico, es lo mejor de la vida.

Y he estado buena parte del día pensando en todo esto, y en cómo me gusta tener hijos, en cómo disfruto a pesar de los malos momentos.

Pensando en que tengo a Lua en la barriga porque sentía que había alguien esperándonos, alguien que quería venir a nuestra familia, que no estábamos todos.

Pensando que tener otra hija es maravilloso, pensando que es fantástico saber que serán hermanas, que se tendrán la una a la otra y que gestarán una nueva relación. Cuanto más pensaba en ello, menos me agobiaba por no haber dormido esta noche pasada.

Porque es cierto, tener un hijo a menudo no es fácil y hay que explorar nuevos caminos desconocidos para conseguir acompañarlo, para conseguir superar obstáculos y barreras que se nos ponen delante.

Pero es el mejor de los aprendizajes, no tengo ninguna duda. Porque te obliga a sumergirte en rincones de ti mismo que ni siquiera habías soñado. Porque te hace vivir el presente con una intensidad que ya ni recordabas. Porque das y recibes tanto amor, que es imposible no quedar atrapado en esta red materno-filial preciosa que se teje día a día.

Por todo ello repito. Porque no me da miedo, porque soy feliz siendo madre. Porque soy mejor persona desde que lo soy. Porque las quiero y porque vale la pena. Definitivamente vale mucho la pena.


[thrive_leads id=’6503′]

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.