Tag: cesària

La teva arribada

Hace días que voy haciendo la cuenta atrás. Hace días que he empezado a rememorar qué pasaba a estas horas hace un año. Recuerdo los lugares, las personas, los momentos, la situación… Y creo que también recuerdo los sentimientos, las emociones de aquellos instantes en que sabes que está a punto de cambiar tu vida. No sabes cómo ni en qué grado, pero sabes que lo que sucederá te cambiará la vida, la manera de vivir y de ver el mundo. Es aquella emoción de saberte muy cerca de algo muy grande. Muy importante.

El día que me hundí

Serían sobre las seis de la mañana. Yo había estado en neonatos dando el pecho a Lua hasta que la dejé profundamente dormidita en su cama. Volví a mi habitación, justo al lado, a tumbarme y al entrar, mi madre me preguntó si Lua ya dormía. “Esto es una mierda”, dije, y diría que me cayeron lágrimas. Ella se levantó para abrazarme pero le dije que no, bruscamente y con la excusa de que quería dormir. Pero no era por eso que no quería que me abrazara, sino porque si lo hacía, tenía la sensación de que no podría seguir siendo fuerte y me derrumbaría. Me tumbé en la cama y me dormí al instante. Al cabo de unos diez minutos empecé con unos temblores brutales. “Tengo mucho frío”, le dije a mi madre y me empezó a poner de todo por encima; una manta, una chaqueta,… Duró un rato y no nos asustamos, ni ella ni yo. Sabíamos que era una mezcla de subida de leche y agotamiento profundo.

El día que se conocieron

“¿Cuánto hace que has llamado?” Esta soy yo, impaciente, preguntando a mi marido sobre esta noción de tiempo que a mí (todavía bajo el efecto de mil calmantes debido a la cesárea) y a él nos pasaba a velocidades distintas. Estaba impaciente porque ya estábamos en la habitación, yo con Lua piel con piel, y anhelaba que llegara Laia, su hermana.

De la oscuridad a la luz

De la oscuridad a la luz

“¿Lo tiene todo?”, fue lo primero que le dije a mi marido cuando me puso Lua, desnuda, encima de mi pecho. Estábamos en la sala de reanimación los 3, después de que en quirófano me cosieran la cesárea. Yo ya la había visto, a Lua, me la habían puesto justo al lado de la cara, tocándonos la piel y, llorando y emocionada, me la había comido a besos. Ella me miraba, tranquila, con unos ojos como platos.

Cuando acabas de parir y no ha sido como esperabas

Cuando acabas de parir y no ha sido como esperabas

Algo muy doloroso que vive una mujer cuando su parto va del revés, es que nadie, o en el mejor de los casos poquísima gente, entiende su tristeza. Los familiares y amigos que te vienen a ver pasan casi de largo y de puntillas por aquel parto donde quizás hemos vivido las situaciones más desagradables y duras de nuestra vida (o casi) y quieren que seas almenos igual de feliz que ellos cuando ven a tu bebé. Y encima de aquel sufrimiento que a veces puede haber durado muchas horas, (no sólo físico sino emocional por, por ejemplo, haber sido mal tratada por el personal que te atiende o por haber temido por la vida de tu hijo o la tuya), se añade la sensación de que nadie te entiende.

Yo no puedo parir

Yo no puedo parir

El viernes, delante de 78 personas, expliqué cómo había sido mi segundo parto. Conté lo que recuerdo de él o lo que quería decir,… vaya, conté lo que salió. Lua tenía sueño y se quería dormir así que me levanté, la cogí en brazos y empecé con esta frase: “Hoy es el primer día que cuento mi parto. Sí, el primer día. Porque cuando un parto va “bien” y estás contenta y feliz, todo el mundo te pregunta cómo ha ido y no te cansas nunca de explicar los detalles. Pero cuando tu parto no va como se esperaba, nadie te pregunta nada. Y de repente te das cuenta que tu parto no lo has contado nunca”.

Y todo vuelve…

Raquel hacía cinco meses que había tenido su hijo. Ella decía “tenido” y nunca “parido”. Se había pasado nueve meses soñando el parto perfecto que, sorpresa, no había sido el suyo. La decepción fue máxima y quizás por eso, porque todavía está enfadada, dice “tenido”. Desde que nació su hijo Aran, que sabía que tenía una espina clavada. Aquella cesárea que le hicieron tras seis horas de trabajo de parto con dilatación lenta la tiene grabada en el cuerpo, con una cicatriz que aún duele, y en el alma, porque la rompió por un lugar muy profundo.

En un bucle: sobre el part del mes…

A veces tengo la sensación de vivir en un bucle. Hace muy poco escribía a propósito del nacimiento del hijo de Leo Messi (“EL NACIMIENTO DE MESSI”) y en un abrir y cerrar de ojos me encuentro, otra vez, ante una noticia prácticamente idéntica: el nacimiento del hijo de Gerard Piqué y la cantante Shakira por cesárea programada.

Ya puedo ir escribiendo posts. Ya podemos ser decenas, cientos, miles de personas en todo el mundo intentando luchar por el respeto a los bebés. Por los partos respetados. Ya pueden salir estudios científicos que desaconsejan las cesáreas programadas, escoger sobre una agenda el día del nacimiento de un bebé. Ya puede decir misa la OMS y quien quiera… que cuando un famoso da a luz por cesárea programada, esto dinamita todo el trabajo realizado.

Milagro

Las cosas nunca pasan porque sí. Nunca. Poco después de parir tuve un disgusto enorme. Había volcado todas las fotos de los días antes del parto y las de las primeras horas de Laia en el ordenador. De repente, y una vez había borrado la tarjeta de memoria de la cámara, me di cuenta de que no encontraba las fotos por ninguna parte. Como si el ordenador se las hubiera comido. Busqué y rebusqué todas las carpetas y no hubo manera. Maldije la informática y los ordenadores un buen rato, pegando algún grito y diciendo más de un taco. Me puse de mal humor.

Petits-grans plaers

3.5.2012 Hay placeres que son muy pequeños pero a la vez, infinitos… no por lo que duran sino por lo que significan o por lo que suponen. Tengo una lista larga en mi vida, y evidentemente, también desde que soy madre. Hoy, sin embargo, quería hablar de los pequeños-grandes placeres de aquella etapa tan fusional, del primer tiempo del puerperio…

X