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Por qué insisto?

Por qué insisto?

La gente que me conoce o los que me han venido a algunas de las charlas o talleres que doy saben que soy muy insistente en un tema: el de la respiración. Justo antes de Navidad hice el video “RESPIRA”, pero ahora tenía ganas de explicaros por qué insisto tanto si, en el fondo, todos respiramos todo el día.

Solos

Solos

Yo creo que tenía unos 21 años, y estaba en Siria, de viaje. Sí, ese país del que prácticamente ya no queda nada y de donde huye todo el mundo por culpa de la guerra. Las vacaciones se estaban acabando y estábamos en Alepo. De repente, una noche, me empecé a encontrar mal, tanto, que acabamos en el hospital donde estuve ingresada ahora no recuerdo cuantos días. Creo que no me he encontrado nunca tan mal en mi vida. Cuando conseguía estar medio consciente sólo quería una cosa: mi madre. Que estuviera allí, que me cuidara, sentirla, escuchar su voz, que me diera la mano. Saberla cerca y conmigo.

La foto a Facebook

Es domingo. Os habéis levantado juntos y hace buen día. Os apetece hacer algo especial y decidís ir a la playa. Los niños gritan “¡sí, playa!” y os ponéis en marcha. Pero cuando tienes hijos, desde que decides hacer algo hasta que la haces pueden pasar, por lo menos 2 horas. Porque antes de salir de casa os ducháis, os vestís, desayunáis todos en calma y empezáis a preparar las cosas para iros, que no son pocas: el patinete para correr por el paseo marítimo, el frisby para jugar en la playa, algo de comer durante el viaje, pañales, toallitas, etc.

Corazas

Hay una cosa en la maternidad/paternidad que a veces incomoda muchísimo y es que las corazas que teníamos y que llevábamos con más o menos esportividad y orgullo, se funden. Nuestros hijos tienen la capacidad innata de vernos como somos, más allá de lo que queremos esconder o deseamos aparentar. No hay escapatoria, cuando tienes hijos: te descubren, te desnudan y no hay coraza que ellos no puedan atravesar o fundir de una mirada.

Fe y convicción

Digamos que ha pasado hoy, pero que puede pasar (y ha pasado) otros días (sobretodo si durante el día ha habido mucho ajetreo): La mayor me pide que hoy la acueste yo, que le apetece que charlemos y estemos juntas y solas. Vale. Pero la peque tiene mucho sueño así que le digo que empiece con su padre y que cuando yo haya acostado a su hermana, voy enseguida. La peque se duerme al cabo de un cuarto de hora aproximadamente y voy a la habitación a relevar a mi marido.

Malabares

La primera fase del puerperio*, (para mi serían los primeros 15 meses de mi maternidad extraútero) me resultan más o menos sencillos: lo que quiere y necesita mi hija es lo mismo que necesito yo. El equilibrio, entonces, es relativamente fácil de encontrar en este sentido: hay otros elementos que lo desestabilizan como las necesidades de una niña mucho mayor, o el entorno (este mundo estresado que fácil, lo que si dice fácil, no se lo pone a la maternidad).

El caminador

Estábamos con Lua sentadas en un banco delante de un CAP dando teta. Paró un coche justo delante y salió una mujer de unos 60 años. Fue hacia la otra puerta para ayudar a salir al que deduje que debería ser su padre. Sacaron un andador del maletero, el bolso, una maleta, las chaquetas y tardaron un buen rato en tenerlo todo listo para empezar a andar. Era todo engorroso, complicado, con el andador, el hombre que apenas se mantenía en pie, y su hija (o no), intentando ayudarle con las manos llenas de cosas que tenía que sostener.

Respira

Cuando sientas que la maternidad te desborda, respira. Cuando no sepas cómo calmar este bebé que acaba de salir de tu vientre, respira. Cuando las visitas, el ruido, la luz excesiva y la poca empatía te hagan daño, respira. Respira y no pienses, no pienses en nada. Observa cómo la mente va lanzando pensamientos al vuelo, pero te agarres a ellos, sólo observa y respira.

Com la besàvia Carme

Com la besàvia Carme

Hay gente que cuando finalmente ha elegido entre dos cosas, la decisión que ha tomado siempre le parece peor que la que ha descartado. Otros, una vez han escogido, sólo hacen que encontrar ventajas que ni siquiera habían visto antes. Yo soy de las segundas: lo que escojo siempre me parece lo mejor que podía escoger y a lo que he descartado le encuentro, de repente, un montón de inconvenientes que todavía me hacen estar más segura de la decisión que he tomado.

No quiero las migajas

No quiero las migajas

El otro día, acostaba a Laia le dije: “te quiero tanto… os amo tanto a ti, a Lua y a papa …!” Y ella me respondió “y a ti mamá, no te olvides de ti, que también te tienes que querer “. Esa noche, cuando era yo la que me iba a dormir, pensé que sí, que me quiero y que lo hago mucho más que antes de ser madre. De alguna manera, tener a Laia y luego a Lua me ha hecho quererme. Por muchos motivos.

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