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Amar a los hijos no es suficiente

Amar a los hijos no es suficiente

Amar a los hijos no es suficiente, con amarlos no basta. Amar a tus hijos puede que no les baste si no lo notan en tus actos, en tu mirada. Amar a un hijo que has gestado, parido y criado es fácil. Es casi inevitable, es espontáneo y se hace sin esfuerzo. Pero demostrárselo, que ese amor le llegue a cada poro de…

Parar y agradecer

Parar y agradecer

La vida maternal o paternal es tan frenética y a ratos tan agotadora, que a veces parece que sólo nos quejamos. Nos preguntan que qué tal estamos y respondemos “uf, cansados”, porque es cierto, creo que no hay etapa de la vida tan agotadora como la que vives cuando tienes hijos pequeños. El ritmo es tan rápido, tanto a nivel…

¿Por qué repito?

Hoy explicaba a una persona que en el mundo de la crianza de los hijos, ( y digo “crianza” entendiendo que termina cuando ellos ya son muuuuy mayores), todo son etapas. Lo que te preocupa ahora no te preocupa dentro de medio año, porque cambia todo. Tu hijo, los procesos por los que pasa, cambiamos nosotros, todo evoluciona, y llegan siempre cosas nuevas. Nuevos retos, nuevos obstáculos, nuevas ilusiones y nuevos malos momentos. Tener cierta perspectiva al respecto ayuda a, cuando estás inmersa en una etapa difícil, ampliar la mirada y pensar que pasará, que esto no se quedará para siempre. Digamos que el mal momento no lo cura, pero pone distancia y ayuda mucho saber que pasará y que vendrán cosas nuevas, que así es la vida. Ayuda a aceptar el momento y a estar más presente con lo que toca vivir intentando aprender el máximo.

Hoja de ruta

Hoja de ruta

Si algo me fascina de los niños (y de las personas) es que no hay ni uno igual. Vivimos en un mundo donde parece que todo tenga que tener hoja de ruta y donde ésta debe estar trazada mucho antes de comenzar el viaje. Con los hijos esto no funciona porque todos llegan sin hoja de instrucciones y cada uno viene con su propio mapa. Un mapa que parece vacío, en blanco, y que los padres tenemos que ir intuyendo qué se dibuja en él.

Les tres

Hoy me es imposible no escribiros a las dos. Hoy me he dado cuenta con más fuerza que nunca hasta qué punto os amo. Tu Laia estás enferma. Nada grave, pero tienes tos y fiebre y ya sabes que verte enferma no me ha gustado nunca. Tu Lua estás en mi barriga, creciendo y acompañándome mientras cuido a tu hermana. Estamos juntas, las tres. Esta noche pasada no hemos dormido nada bien y todo ello hace que esté más decaída. Con ganas de llorar y con ganas de escribiros.

Querida Lua

Hace una semana que sé que eres tú, Lua, la que está dentro de mi barriga y no Pau. Hacía muchos días que tenía unas ganas locas de saber cuál era tu sexo para poder llamarte por el nombre, para poderme vincular aún más a ti. No te negaré que me ha pasado exactamente como con Laia. Aunque cuando era pequeña y joven siempre había sentido que tendría niñas, una vez me quedé embarazada de Laia, sólo soñaba con bebés que eran niños. Sí, y tenían pene y cara de niño! 🙂 No es que quisiera un niño, en absoluto. Me daba completamente igual. Cuando nos dijeron “es una niña” fuimos muy felices, los dos. Y después de 4 años y pico puedo decir que me encanta tener una hija.

Carencia

Carencia

La última semana ha estado llena de consultas de madres y padres que en algún momento me contaban lo mucho que se sienten juzgados por su entorno más cercano. Cómo familia, amigos o la carnicera de toda la vida no entienden que mecen, que besen, que duerman juntos, que hagan pecho a demanda, que respeten lo que come su hijo (los de al lado siempre creen que es ¡demasiado poco!), que acompañen las “rabietas” en medio de la calle con paciencia y no con un grito o una bofetada en el culo…

Etern

Hace días que pienso en la muerte, en el duelo y en el vínculo. El lunes nació Martí y el martes murió. Es inevitable conectar con el dolor de la familia, y de rebote, pensar en todo esto que no controlamos, que es la vida y la muerte. Preguntarnos por qué, en definitiva… buscar respuestas.

Inevitablemente también te intentas poner en su piel y de hecho, te rompes también un poco. Los que tenemos hijos (y quizás también los que no) sentimos cada muerte de un niño pequeño como si pudiera ser también un poco nuestra.

¿Te han dicho alguna vez eso de “pues claro que te quiero”?

¿Te han dicho alguna vez eso de “pues claro que te quiero”?

Yo soy persona de letras, de palabras. Me encantan las palabras. Jugar con ellas, escribirlas, descubrir otras de nuevas. Me encantan los idiomas y he estudiado tantos como me ha sido posible. Me gusta saber cómo suenan las palabras dichas en una lengua o en otra… Lo encuentro de una riqueza infinita. En este blog os hablo muy a menudo de la importancia de poner palabras, de nombrar las cosas más allá de los objetos: poner nombre y validar las emociones, los estados de ánimo, los miedos, etc.

Tus manos

Tus manos

Subíamos la escalera de casa de los abuelos y me has dado la mano. Ha sido una décima de segundo, un impacto que me ha venido cuando menos me lo esperaba. Ha sido el tacto de nuestras manos, o algo que no puedo describirte porque se me escapa, pero en un momento, me he dado cuenta de lo mucho que has…

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