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Els teus inicis

Sólo tengo ganas de no hacer nada. De descansar. De parar, de estar sentada o tumbada, nada más. De leer y de hablar poco. Tengo un cansancio de aquellos profundos, denlos que te dejan hacer poca cosa sin jadear. Hago cualquier tontería y tengo que volver a sentarme, descansar y coger fuerzas. Por eso hace días que decidí que haría muy poco o nada más que lo que estoy haciendo: gestar en sus inicios.

Ja ets aquí

Hace días que sé que estás dentro de mí. Bueno, quizá aún no eres exactamente dentro pero lo que será tu cuerpo físico ya se está formando. Soy muy feliz, quería que lo supieras. Sé que lo sabes ya a estas alturas, pero quería decírtelo. Te quiero desde mucho antes de tenerte en mi vientre. Te pensaba, te imaginaba,… hasta el día que con tu padre decidimos que ya era hora de que vinieras. Y has llegado, rapidísimo, más de lo que nos imaginábamos. ¡Y estamos muy contentos! Hace muchos días que no tengo ninguna duda de que estás con nosotros, pero ayer me hice el test de embarazo, para corroborarlo. En menos de 30 segundos la prueba ya marcaba que sí lo estabas. Fui feliz De tener una evidencia que ya sabía y sentía, pero tener algo físico que dijera “ey, ¡que es cierto!”.

La perfecció

A menudo pienso que tenemos un concepto erróneo de la perfección. Así en general, pero especialmente en cuanto a la perfección en la maternidad y paternidad. Cuando pensamos en estos términos, supongo que nos imaginamos un padre o una madre que nunca pierden el norte, que saben todo lo que le ocurre a su hijo, que concilian, que saben jugar y que lo hacen, que le cuentan cuentos antes de acostarse, que elaboran comidas exquisitas, que nunca están de mal humor, que mantienen la figura y llevan el pelo impecable… Y eso… es imposible. La perfección, en estos términos, no existe y no ha existido nunca. Desconfiemos de alguien que nos haga creer lo contrario. Intentemos hacerlo lo mejor posible, pero no busquemos este tipo de perfección, porque acabaremos agotados y obtendremos una gran frustración.

Separación/divorcio: La primera vez

Separación/divorcio: La primera vez

Rut es la primera vez que hace la maleta de su hijo y no está contenta. Es la primera vez que le pone todo lo que necesitará dentro y no tiene, al lado, su maleta grande con lo que ella debe llevarse. Porque esta vez, Rut, no va a ir a ninguna parte. Escoge los calzoncillos, la camiseta, los pantalones… de una manera mucho más meticulosa, si se puede, que las otras veces porque hoy sí que no se perdonaría olvidarse de algo. Mientras, un poco más allá, Roberto juega con el tren que le trajeron los Reyes. Juega, mirando de reojo como su madre lo va colocando todo en la maleta. La ve triste, la siente triste y él, de alguna manera, también lo está.

La importancia de la base

La importancia de la base

A nosotros nos gusta mucho esquiar. Es un deporte que empecé a practicar gracias a mi compañero, que me hizo amar su pasión y las sensaciones tan espectaculares que se pueden llegar a sentir cuando deslizas montaña abajo por encima de la nieve. Recuerdo que yo, inexperta como era en el tema, cada octubre o noviembre, cuando veía que ya había caído la primera nevada le decía “ya podemos ir a esquiar” y él me respondía “todavía no. No hay suficiente base”. Y por tanto, teníamos que esperar.

Estimat hijo

Querido hijo,

Esta es la primera vez que te escribo y he de confesar que ya hace muchos días que tenía ganas de hacerlo. Hace aproximadamente un mes que te siento tan presente, que ya no he podido evitar empezar a escribirte también a ti, las cosas que vivo, siento y pienso. Cuando esto me pasó con Laia, pensaba que no era normal, que no era posible sentir a un hijo mucho antes de gestarlo en el vientre. Con el tiempo, con los años y el aprendizaje, el intercambio de experiencias con otras madres, la lectura de libros… he sabido que sí era normal. Que lo era mucho. Y cuando pensaba que esto quizás no volvería a sucederme nunca más como aquella primera vez… se me hiciste tan presente que no pude simular que no lo sentía, que no me daba cuenta de ello.

Por la existencia

Ramona tenía 67 años y un cáncer que la mataba. Los médicos le habían dicho que lo tenía en el pulmón derecho y también en los huesos y que el pronóstico más que malo, era fatal. Sin embargo, ella siempre había oído decir a su madre que no mata el mal sino la hora y ella, Ramona, estaba convencida de que si tenía que morir ahora, daba igual que el motivo fuera un cáncer o un accidente de autobús: le había llegado la hora y punto. Ella lo tenía clarísimo y aunque parecía que en el hospital todavía querían hacerle mil cosas para que se medio recuperara, ella sabía que de esta, no saldría adelante. Su hijo José le decía que hiciera el favor de no abandonarse a la enfermedad, que tenía que luchar, que aún era joven y que la actitud, en estos casos, era fundamental. Cuando le decía estas cosas, a Ramona se le rompía el corazón, porque no podía dejar de pensar que cuando ella muriera, su hijo se vendría abajo y ella ya no estaría para ayudarle. Esto era lo que llevaba peor. Eso y no ver crecer a su nieto Nil, de un año y medio, que era su perdición.

Carta de un hijo a su madre

Carta de un hijo a su madre

Hijas, a veces me gusta imaginar qué nos diríais, los niñ@s de vuestra edad, si pudierais: si tuvierais las herramientas, el lenguaje y no tuvierais miedo de decepcionarnos… A veces, me imagino cosas como esta… “Mamá, cuando estás conmigo, me gusta que estés presente: que no hagas diez cosas a la vez y que no me hables mientras estés pensando otras cinco.…

El compromís

10.4.2012 La ma(pa)ternidad es mucho más que tener un hij@. Para mí, significa un aprendizaje, sin duda, pero sobre todo, un compromiso con el niñ@ que ha venido a nosotros o que hemos ido a buscar, también con nosotros mismos y un compromiso inevitable con la vida. Si algún día una madre embarazada me pidiera un consejo para criar a…

Pànic: "compromisos socials"

4.11.2011 Los compromisos sociales suelen ser compromisos familiares, que mientras no tienes hijos los pasas como si nada (con pereza, pero como si nada) pero una vez llega el primer hijo, aquel compromiso se te planta delante como una montaña muy alta y a la que sabes que tienes que subir casi sin bombona de oxígeno! Y da miedo. Tú…

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