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Frases para dejar de meter la pata

Demasiado a menudo oigo frases que me dicen a mí o a mis hijas y pienso “Nooooooo, acabas de meter la pata” o “hacía falta decirme eso ahora?”… Como es algo que vivo yo y muchas madres me cuentan que también sufren con determinadas frases que les dicen familiares, amigos o desconocidos, aquí os propongo algunas ideas y reflexiones para dejar, por favor, de meter la pata.

El amor se multiplica

Por más posts que escriba, nunca podré describiros cuánto me gusta tener dos hijas. Cuando estaba embarazada, algún día me surgieron las típicas dudas de mujer a la que las hormonas le juegan malas pasadas. Recuerdo un día que dije “¿y si luego no soy feliz? ¿y si no somos felices?”A ratos (muchos), me costaba imaginar cómo sería tener a Lua en casa. Las amigas (prácticamente todas con 2 o más hijos) me contaban como era; que no paraban, que cuando no dormían por uno, no dormían por el otro, y mil cosas más. Y yo les decía “¿queréis hacer el favor de dejar de asustarme?” para luego decirme “no, ¡si es muy chulo!” y nos reíamos.

La culpa cuando gestas otro hijo

La culpa cuando gestas otro hijo

Muchísimas veces he escuchado como madres embarazadas del segundo hijo, contaban que tenían la sensación de no hacer caso al bebé que gestaban. Que el día a día y la crianza del primero las absorbía de tal manera que en un momento u otro se sentían culpables por no poder hacer las mismas cosas que habían hecho en el primer embarazo. Yo escuchaba y entendía lo que me decían, pero no podía decir mucho ya que era un camino que yo no había transitado.

Ventajas del segundo embarazo

A menudo existe la costumbre de decir que el embarazo de un segundo hijo es peor que el del primero. En parte es normal, porque las mujeres vamos más cansadas ya que tenemos otro hijo que nos reclama atención y antes eso no pasaba. Descansábamos cuando queríamos y teníamos más tiempo para mirarnos nuestro ombligo y el del hijo que gestábamos. Pero sinceramente, gestar un segundo hijo tiene muchas ventajas. O al menos, así lo vivo yo! Y hoy os las quiero contar.

vosotras dos

A veces pienso en vosotros dos: en ti, que estás en mi barriga, y en Laia. En cómo será cuando estés fuera, y no sólo cuando nazcas sino más adelante. ¿Os llevaréis bien? ¿Os amaréis? ¿Os ayudaréis? ¿Qué relación tendréis cuando seáis mayores? Cada vez que oigo a alguien que me dice que tiene un segundo hijo porque quería que su hijo tuviera un hermanito y jugaran, deseo que no tenga una decepción. Porque he visto hermanos que ni juegan ni tienen ningún especial aprecio por aquel niño que tienen al lado. O hermanos con relaciones difíciles, complicadas. O hermanos indiferentes. O hermanos extremadamente celosos en la edad adulta.

Quan és millor?

La mente en estos temas de la maternidad digamos que intenta tomar el control: tenerlo todo estudiado, todas las posibilidades analizadas, para luego, elegir la “mejor” opción. A menudo ya nos planteamos cuántos hijos queremos mucho antes de tener ninguno y nos ponemos a imaginar con la pareja. Entonces vienen esas frases de “yo o tres o ninguno” “no, mejor sólo 1”, “no que yo siempre he querido cuatro”, etc, que a menudo cambian con el paso del tiempo y nos morimos de la risa recordándolas.

La Laia i tu

El día que explicamos a tu hermana que estabas en mi vientre pareció contenta, pero no habló mucho de ti. Nosotros decidimos que lo haríamos sólo si ella sacaba el tema porque no queríamos agobiarla, todavía faltaban casi 9 meses de embarazo, o sea que no había prisa. Cada uno va asimilando las noticias a su manera, y queríamos respetar su ritmo. Estábamos de vacaciones y al poco llegó un día que comenzó a estar excesivamente demandante. Sospechosamente demandante. “Mamá, mírame, mamá, mamá, mamá, mírame, papá, papá, papá, papá”, constantemente. Yo estaba muy cansada, aquel cansancio que ya te conté, y tanta demanda me era difícil de sostener. Pero lo hacía. Como podía, pero lo hacía .

Hores baixes

Hoy ha sido un día difícil… tu hermana se ha levantado con el pie izquierdo y hemos empezado el día del revés, con unos lloros de esos monumentales que hace ella con gritos y chillidos incluidos. Desde que estoy embarazada tengo menos paciencia y me cuestan más estas situaciones. Las gestiono peor y como ya lo sé, intento tomar distancia porque si se me lleva toda su emocionalidad, yo también me pongo a llorar porque me remueve de una manera tremenda.

¿Y si te vas?

Estas últimas semanas no te negaré que he tenido alguna punzada de aquellas que la mayoría de madres seguro que han tenido un momento u otro estando embarazadas: la de “¿y si te vas?”. Cuando gestaba tu hermana hice un post que se titulaba “No quiero que te vayas”. Porque una vez que os sé aquí dentro, no, no quiero que os vayáis. Esta vez, sin embargo, ha sido un poco diferente, porque a pesar del intenso deseo de que te quedes siempre aquí con nosotros, había también un punto de calma, permitiendo que las cosas vayan como tengan que ir. Como si alguna parte mi también te dijera “permito que hagas lo que has venido a hacer, y si dentro de mí no puedes crecer, permito que te vayas si lo necesitas”.

Ja ets aquí

Hace días que sé que estás dentro de mí. Bueno, quizá aún no eres exactamente dentro pero lo que será tu cuerpo físico ya se está formando. Soy muy feliz, quería que lo supieras. Sé que lo sabes ya a estas alturas, pero quería decírtelo. Te quiero desde mucho antes de tenerte en mi vientre. Te pensaba, te imaginaba,… hasta el día que con tu padre decidimos que ya era hora de que vinieras. Y has llegado, rapidísimo, más de lo que nos imaginábamos. ¡Y estamos muy contentos! Hace muchos días que no tengo ninguna duda de que estás con nosotros, pero ayer me hice el test de embarazo, para corroborarlo. En menos de 30 segundos la prueba ya marcaba que sí lo estabas. Fui feliz De tener una evidencia que ya sabía y sentía, pero tener algo físico que dijera “ey, ¡que es cierto!”.

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