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Corazas

Hay una cosa en la maternidad/paternidad que a veces incomoda muchísimo y es que las corazas que teníamos y que llevábamos con más o menos esportividad y orgullo, se funden. Nuestros hijos tienen la capacidad innata de vernos como somos, más allá de lo que queremos esconder o deseamos aparentar. No hay escapatoria, cuando tienes hijos: te descubren, te desnudan y no hay coraza que ellos no puedan atravesar o fundir de una mirada.

Equilibri inestable

Si tenéis hijos, seguro que sabréis de qué os estoy hablando: estamos en un momento de equilibrio inestable. O de equilibrio colgando de un hilo. Lo del “todo está bien pero ten cuidado porque en una décima de segundo puede dejar de estarlo”. Os sitúo: Hija de 5 años y medio que a ratos es muy mayor y a ratos se vuelve muuuuy pequeña. Hija de un año que es muuuuy pequeña pero que a ratos quiere ser muuuuy mayor. Padres que intentamos, a pesar del montón de trabajo y el montón de cosas en la cabeza, atender las necesidades de una y otra sabiendo, sin embargo, que a veces el equilibrio se rompe. Más un factor que es un gran desestabilizador de la balanza: celos.

Reconocer que, a veces, no podemos más

Reconocer que, a veces, no podemos más

A veces cuesta reconocer que en determinados días o mejor dicho, en determinados momentos, empezaríamos a correr y no pararíamos. Cuesta aceptar que por muy fantástico que te parezca ser madre, hay momentos en que tirarías la toalla, dirías “hasta aquí, no puedo más, no sé hacerlo mejor”, y volverías a correr. Los hijos tienen la maravillosa y sorprendente capacidad de sacarte de quicio. Sólo el tuyo sabe hasta dónde estirar la cuerda para que llegues a ese punto donde no te gusta nada llegar: al de enfadarte, al de hacerte cuestionar todo lo que haces, todo lo que has hecho, todo lo que vas a hacer… Sólo tu hijo sabe tocar esa tecla que te remueve por dentro hasta tal punto que te hace pensar cosas del estilo “esto no lo aguanto, yo no lo soporto más, no sé qué hacer contigo, soy muy mala madre, esto es un desastre, no sirvo, me voy, lo dejo!”. Como si esto de ser madre o padre pudiera ser algo como para “dejarlo”! 😉

Bebès amb pressa

El primer día que fui consciente de que hay bebés que parece que tienen prisa lo recordaré toda la vida. Vi una niña, no tenía ni dos meses y quería caminar. Sí, sí, quería caminar. Sólo era feliz cuando su madre la cogía por debajo de los brazos absolutamente vertical y ella podía mover sus piernecitas tocando el suelo como si diera pasitos. Os juro que no me lo creía cuando lo veía. Aquella niña había aguantado la cabeza poco después de nacer y con un mes y medio quería caminar. No quería estar en posición horizontal, no quería que la acunaran, sólo parecía que tenía predilección por las cosas propias de bebés más “mayores”.

Nunca es tarde

Nunca es tarde

Supongamos que hoy es la primera vez que me lees. Supongamos que hace muy poco que estás interesad@ en temas de crianza y que hasta hace nada no has oído hablar de la importancia de que los bebés sean llevados en brazos, no lloren solos, de la necesidad de contacto, del piel con piel… Supongamos que en aquella época, cuando te convertiste en padre/madre por primera vez, lo hiciste como mejor supiste, disponiendo de poca información y siguiendo un poco el patrón que te indicaban los que tenías alrededor, aunque no acabara de ser lo que sentías .

Silencio

El silencio claramente cotiza a la baja, en todos los sentidos. Las ciudades son terriblemente ruidosas. No hay tienda, restaurante, vagón de tren, centro comercial, etc, donde no se oiga música constante. A veces músicas terribles y altísimas. En muchas casas, la televisión está permanentemente encendida, aunque a veces nadie la mire. Hay ruido, mucho ruido en general en todas partes. Ruido externo pero también… ruido interno.

Etern

Hace días que pienso en la muerte, en el duelo y en el vínculo. El lunes nació Martí y el martes murió. Es inevitable conectar con el dolor de la familia, y de rebote, pensar en todo esto que no controlamos, que es la vida y la muerte. Preguntarnos por qué, en definitiva… buscar respuestas.

Inevitablemente también te intentas poner en su piel y de hecho, te rompes también un poco. Los que tenemos hijos (y quizás también los que no) sentimos cada muerte de un niño pequeño como si pudiera ser también un poco nuestra.

10 consejos para sobrevivir a la Navidad (con y sin hijos)

10 consejos para sobrevivir a la Navidad (con y sin hijos)

Tenemos la Navidad en la vuelta de la esquina y estas fechas, queramos o no, nos remueven. Por mil motivos diferentes: son días de encuentros familiares y en muchas casas queda clarísimo cómo son los vínculos entre unos y otros. Son días que, aunque intentemos que no la haya, aparece presión: los que reciben las visitas en su casa, presión porque todo salga bien, porque todo esté perfecto, porque la comida sea riquísima. Los que van a casa de los demás, porque sea “soportable”, o porque los regalos gusten, o porque mi hijo se porte bien, o porque… Por eso he creído conveniente dar, humildemente, algunos consejos para poder encarar estos días como lo que son: días de fiesta.

El día de San Esteban

Berta aún no ha probado los canelones este día de San Esteban. Ha tenido trabajo poniendo el babero a Duna, preparándole su comida y charlando con su hermana, que ha venido de Alemania a pasar la Navidad en casa. Berta está contenta, siempre le ha gustado la Navidad y más ahora, que tiene una hija y que todo, absolutamente todo, lo ve con otros ojos. Finalmente comienzan todos a comer, son 11 en la la mesa. Los canelones están buenísimos, como siempre. Su madre es la reina de la cocina y Berta está segura de que nunca nadie podrá igualarla.

Estoy enamorada de ti

Dicen que el mejor twit es el que no te atreves a escribir. Por los que no sepáis qué es un twit, digamos que es un mensaje de un máximo de 140 caracteres que escribes en la red social Twitter y que tus seguidores pueden ver. Ayer estuve a punto de escribir uno que no sé por qué, pero no lo hice. Supongo que porque me dio vergüenza, o porque pensé aquello de “¿y que interesa, esto, al resto de gente?”. Estuve a punto de escribir “Estoy profundamente enamorada de mi hija”.

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