Tag: plorar

Niños que no quieren ir en coche

Ir en coche nunca había sido un problema con Laia. La sentabas en la sillita y al cabo de tres curvas ya dormía. Era apacible viajar con ella y no tenía ningún problema de hacer siestas largas, es más, le gustaba, y de más mayor, lo pedía. Incluso ahora cuando tenemos que coger el coche y se nota cansada dice “ay, que bien, dormiré un poquito”… No habíamos dudado en ir de vacaciones lejos y cuando ella tenía 2 años íbamos a Tarifa, al Valle de Aran , a Burdeos y donde hiciera falta porque realmente era fácil y posible.

Cuando acabas de parir y no ha sido como esperabas

Cuando acabas de parir y no ha sido como esperabas

Algo muy doloroso que vive una mujer cuando su parto va del revés, es que nadie, o en el mejor de los casos poquísima gente, entiende su tristeza. Los familiares y amigos que te vienen a ver pasan casi de largo y de puntillas por aquel parto donde quizás hemos vivido las situaciones más desagradables y duras de nuestra vida (o casi) y quieren que seas almenos igual de feliz que ellos cuando ven a tu bebé. Y encima de aquel sufrimiento que a veces puede haber durado muchas horas, (no sólo físico sino emocional por, por ejemplo, haber sido mal tratada por el personal que te atiende o por haber temido por la vida de tu hijo o la tuya), se añade la sensación de que nadie te entiende.

Hores baixes

Hoy ha sido un día difícil… tu hermana se ha levantado con el pie izquierdo y hemos empezado el día del revés, con unos lloros de esos monumentales que hace ella con gritos y chillidos incluidos. Desde que estoy embarazada tengo menos paciencia y me cuestan más estas situaciones. Las gestiono peor y como ya lo sé, intento tomar distancia porque si se me lleva toda su emocionalidad, yo también me pongo a llorar porque me remueve de una manera tremenda.

Sense filtres

Al cabo de unas semanas de quedarme embarazada me di cuenta de que me había quedado sin filtros. Poco a poco me habían ido abandonando… Los que hacen que lo que pasa en la vida llegue a ti de manera calmada, entendida, o menos dolorosa, habían desaparecido, y todo penetraba con mucha más fuerza. Penetraba directamente, sin medias tintas. No había la razón que pudiera ir desgranando todo lo que pasaba de una manera que llegara a la entraña de forma más reposada, más tranquila, más relajada.

Érase una vez…

“Érase una vez una niña que no sabía qué le pasaba. Hacía tres días que rompía a llorar por cosas imposibles, cosas que no podían ser. Tenía algo dentro del pecho, algo que no la hacía estar bien, una angustia que cuando se le despertaba, no sabía cómo sacarla. Quería llorar por echarla de su cuerpo y como todo estaba bien, tenía que buscar cosas imposibles para así poder tener motivos de hacerlo. El primer día lloró porque quería que mamá la llevara a la escuela, pero a mamá le era imposible llevarla a la escuela, no podía.

Y todo vuelve…

Raquel hacía cinco meses que había tenido su hijo. Ella decía “tenido” y nunca “parido”. Se había pasado nueve meses soñando el parto perfecto que, sorpresa, no había sido el suyo. La decepción fue máxima y quizás por eso, porque todavía está enfadada, dice “tenido”. Desde que nació su hijo Aran, que sabía que tenía una espina clavada. Aquella cesárea que le hicieron tras seis horas de trabajo de parto con dilatación lenta la tiene grabada en el cuerpo, con una cicatriz que aún duele, y en el alma, porque la rompió por un lugar muy profundo.

La niña que quería ir en brazos

Hacía quizás diez minutos que la había recogido en la guardería. Antes de ir a casa tenían que comprar cuatro cosas que faltaban para la cena. Se notaba que Martina estaba agotada: no había querido dormir la siesta, le dijeron las cuidadoras. Ella, su madre, también lo estaba. Hacía una hora que le habían dicho que no le renovaban el contrato temporal que tenía y esta noticia le había caído encima como un jarro de agua fría.

El pollastre

Atención padres que tenéis hijos pequeñitos o personas que deseáis, algún día, tenerlos. Hoy os contaré el sentido de la palabra POLLO, más allá de lo que algún domingo compramos para comer asado y con patatas… Cuando tienes hijos esta palabra adquiere otra dimensión, sin duda, y hay que estar preparado, porque los pollos te pueden acosar cuando menos te lo esperas, y os lo aseguro: no son nada agradables. Os cuento todo esto porque primera, los sabréis reconocer cuando ocurren, y segunda, porque de esta manera, ya no os pillará desprevenidos y diréis… “Ah, vale, es lo del Pollo que decía Miriam…”.

Por la existencia

Ramona tenía 67 años y un cáncer que la mataba. Los médicos le habían dicho que lo tenía en el pulmón derecho y también en los huesos y que el pronóstico más que malo, era fatal. Sin embargo, ella siempre había oído decir a su madre que no mata el mal sino la hora y ella, Ramona, estaba convencida de que si tenía que morir ahora, daba igual que el motivo fuera un cáncer o un accidente de autobús: le había llegado la hora y punto. Ella lo tenía clarísimo y aunque parecía que en el hospital todavía querían hacerle mil cosas para que se medio recuperara, ella sabía que de esta, no saldría adelante. Su hijo José le decía que hiciera el favor de no abandonarse a la enfermedad, que tenía que luchar, que aún era joven y que la actitud, en estos casos, era fundamental. Cuando le decía estas cosas, a Ramona se le rompía el corazón, porque no podía dejar de pensar que cuando ella muriera, su hijo se vendría abajo y ella ya no estaría para ayudarle. Esto era lo que llevaba peor. Eso y no ver crecer a su nieto Nil, de un año y medio, que era su perdición.

La frustració

Cuando hablamos de niños pequeños e incluso de bebés, a menudo aparece la palabra frustración. Hay quien opina que los niños deben acostumbrarse a la frustración ya de muy pequeños, porque así lo asumirán como algo más natural… y por eso muchas veces no se atienden las necesidades más primarias de los bebés, de contacto, de calor, de compañía, de fusión, en definitiva. Hay quien sí las atiende pero un buen día considera que ese niño ya está preparado para empezar a vivir frustraciones y entonces es como si tuviera que darse cuenta de que la vida es dura y que más vale que lo sepa desde ya. Hay quien no quiere que un hijo se frustre nunca y hace lo imposible para que no llore, para que no se enfade, para que no rabie e intentan que lo que “no podía ser”, sea. Y luego están los términos medios, y quienes navegan intentando no equivocarse demasiado.

X