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Nova etapa

Hoy te escribo porque quería que supieras algo importante. Después de 14 años trabajando en Catalunya Ràdio, esta es mi última semana en la empresa. Lo dejo, por voluntad propia, porque tengo ganas de dar un giro a mi vida a nivel profesional y caminar por otros senderos.

La noche del loro

Ignasi hoy estaba contento. Hacía 10 años que habían empezado a salir con la que ahora era su mujer y por la mañana, aún tumbados en la cama, habían dicho que por la noche lo celebrarían con una cena “especial”. Hacía mucho tiempo que no hacían una cena “especial” porque hacía apenas 13 meses que se habían convertido en padres y, al anochecer, solían estar tan cansados​que estaban por poco más que para cenar lo primero que encontraban y acostarse.

Érase una vez…

“Érase una vez una niña que no sabía qué le pasaba. Hacía tres días que rompía a llorar por cosas imposibles, cosas que no podían ser. Tenía algo dentro del pecho, algo que no la hacía estar bien, una angustia que cuando se le despertaba, no sabía cómo sacarla. Quería llorar por echarla de su cuerpo y como todo estaba bien, tenía que buscar cosas imposibles para así poder tener motivos de hacerlo. El primer día lloró porque quería que mamá la llevara a la escuela, pero a mamá le era imposible llevarla a la escuela, no podía.

Adults gelosos

Eva llegó a casa muy enfadada. Se le notaba en los gestos y en la cara, y sobre todo, en que dijo un “¡hola!”, muy distinto de los que dice ella. Cuando llega a casa de trabajar y grita “¡hola!” desde la puerta, se le nota en la voz que es feliz, que está contenta. Se le nota, en sólo una palabra, que tenía ganas de salir del trabajo y venir corriendo a casa, a ver a su hija y su marido. Ellos dos se ven poco rato porque Carlos tiene que irse corriendo porque a las 16h empieza su turno, o sea que sólo tienen media hora para verse y relevarse explicándose qué ha hecho Julia, como ha estado, qué ha comido… lo típico que hacen tantos padres justo antes de apretar a correr para no llegar tarde a trabajar.

Imposible dividirse

Eran la una de la madrugada y era la segunda vez que Nia se levantaba para ir a ver qué le pasaba a su hija de dos años. En el primer despertar, ya se había dado cuenta de que le pasaba algo. Le había dicho “fío” (cosa extraña en ella) y lo había notado quizás algo caliente. Pero Abril se había dormido enseguida y a ella no le había parecido que hubiera que poner el termómetro todavía… “Esperemos”, pensó…

Els efectes de la crisi

La crisis tiene mil caras y más de mil consecuencias. Hoy quiero hablar de una que he ido detectando en el último año y medio más o menos respecto a la maternidad. Hace un tiempo muchas madres después de parir, te contaban que alargaban la baja maternal con un permiso sin sueldo de unos meses, o que volvían a trabajar pero con una reducción de jornada. Ahora no. La crisis, la situación que viven muchas familias con, a menudo, un miembro en paro buscando trabajo desesperadamente, ha hecho que muchas madres ni siquiera se planteen otra opción que la de volver enseguida al trabajo. Y volver como les dicen, aunque les hayan cambiado condiciones, horarios, lo que sea. Basta echar un vistazo a los testimonios que van recibiendo la gente de Conciliación Real Ya. Cosas que antes no se permitían, ahora no sólo se permiten, sino que se aceptan sin rechistar.

Dissabte, 14:50h

A Laia, cuando algo le da miedo o respeto, o tiene alguna dificultad, normalmente habla de ello como si le estuviera pasando a su hijo o a algún personaje que se inventa. Hablar así, en tercera persona, le hace más fácil contar lo que siente. En honor a ella, que es lo que más amo, explicaré hoy algo que también me es muy difícil, esperando que su sistema, hoy, me ayude.

“El sábado ella tenía que entrar a trabajar a las 15h de la tarde. Se había marchado hacia Barcelona todavía un poco agobiada porque un rato antes, su hija había caído mientras jugaba sobre la cama y se había dado con el canto de la mesita de noche en la frente y la mejilla.

Papallones a la panxa

Hace poco, Myriam del blog EN MINÚSCULAS (que os recomiendo de todo corazón porque escribe como los ángeles) decía en Facebook “la echo de menos… volviendo a casa como una enamorada expectante… ” y esta frase me inspiró. En primer lugar, en un momento me vi a mí, los primeros días que volvía de trabajar después de dos años de excedencia, con mariposas en el vientre y nerviosísima para volver a ver a Laia. Terriblemente añorada. Nunca hasta entonces habíamos estado tantas horas separadas y no podía esperar ni un segundo más para volver a su lado. Si alguien me paraba por el pasillo de la radio para decirme “hola, ¿qué tal?”, yo sólo podía decir: “bien, con ganas de llegar a casa” y con una sonrisa intentaba que no se notara demasiado aquella prisa que me quemaba por dentro…

Dos mundos, un mismo momento

La Marina estava cansada, molt cansada. Feia dos mesos i mig que havia nascut el Pere, el seu primer fill i fins al moment no havia dormit més de dues hores seguides. Es notava esgotada, sobretot perquè durant molts dies, al vespre, el Pere plorava i plorava i calia passejar-lo amunt i avall a coll més d’una hora per aconseguir consolar-lo i, malgrat ser tan i tan petit, el Pere deixava clar que qui volia que el passegés era la Marina i no el Quim, el seu pare. Ella ho feia de gust, es veia capaç de sostenir el plor del Pere, però alhora, era com si aquella estona passejant-lo sentint-lo plorar i cridar desconsoladament, se li endugués la poca energia que li quedava. Li havien dit de tot; que eren còlics, que potser es quedava amb gana… però alguna cosa li deia a la Marina que el que li passava al Pere és que li costava adaptar-se. Adaptar-se a la nova vida de bebè que li tocava viure.

Carregar piles

30.3.2012 Ya es primavera, ya casi es abril, ya es Semana Santa… el tiempo pasa tan rápido. Esta semana ha estado marcada por esa sensación de no atraparme el tiempo, de no poder llegar a todo, batallando entre disfrutar del tiempo real, del que tengo, del que disfruto, y a la vez darme cuenta de lo rápido que se me…

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