18.9.2015

Se acaba la primera semana de rutina en toda regla en casa. Y es que la rutina, propiamente, no empieza hasta que los niños no van al cole: entonces sí que nos volvemos esclavos del reloj! Se acaba la primera semana de rutina y estoy como si me hubiera atropellado un camión! Después de un verano respetando mucho los ritmos, de slowlife total, volver a ponernos en marcha no es fácil.

Se acaba la primera semana de rutina que ha estado llena de ilusión; de esperarla preguntándome cómo saldrá de clase y comprobar, feliz, que estos primeros días han ido muy bien. Una semana en que los mayores nos volvemos a levantar muy temprano para poder tener tiempo, también, individual: para podernos cuidar y llenarnos antes que se despierten ellas y todo sea entrega.

Se acaba la primera semana de rutina de este mes de septiembre y no hemos tenido ni que comprar libros, ni forrar nada, ni hacer colas en papelerías, ni comprar ninguna bata. Tenemos una escuela distinta y esto lo notas cada septiembre y me alegro, también, cada septiembre.

Se acaba la primera semana de rutina y la palabra adaptación ha estado planeando insistentemente por mi cabeza y mi cerebro: porque el sábado doy una charla sobre el tema, porque veo padres y madres acompañando niños muy pequeños a la guardería cada mañana, y porque, un septiembre más, he recibido llamadas o mails de madres preocupadisimas porque en las guardes donde los niños ya se quedan solos sin los padres, el drama se acontece cada mañana sin tregua.

La primera semana de rutina me la he pasado preguntándome si algún día, como sociedad, entenderemos que la atención a los más pequeños es sinónimo de construir un mundo mejor y para poderlo hacer, necesitamos otras bajas maternales, otros horarios laborales y otra conciencia que pueda deshacer el drama en tantas aulas cada mañana.

Se acaba la primera semana de rutina de septiembre y a pesar de que todavía hace un poco de calor, ya intuyo el otoño al umbral de la puerta. He tenido ganas de chimenea y de recluirme en casa, después de un verano tan “hacia afuera”.

Se acaba la primera semana de rutina del curso y he constatado, una vez más, que los niños se hacen muy grandes. Que Laia ya hace primero y que, como ella, sus compañeros también han crecido, que a todos la ropa les ha quedado pequeña y el dedo gordo del pie ya les ha llegado a la punta del zapato. En septiembre tengo mucha sensación de paso del tiempo que, como dicen en castellano, va sin prisa pero sin pausa, y a veces me impresiona.

Se acaba la primera semana de rutina de septiembre y he constatado, también, que Lua ya no tiene nada que ver con aquella bebé del curso pasado que yo llevaba colgada como un koala y que se adaptaba sin problema a todo lo que su madre hacía. Ahora ya tiene ideas propias y ella decide por sí misma si es momento de ir en coche o andar, cosa que a mí, sinceramente, me hace trabajarme mucho más la paciencia! Todo es oportunidad de crecimiento, ¿no? 😉

Se acaba la primera semana de rutina de este curso que espero, por encima de todo, que empiece por F: Feliz y Fácil.

Y ahora, que ya llegamos a sábado, a descansar todos, que nos lo hemos ganado! Y a cargar pilas, que el lunes empieza una nueva semana! 🙂

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