Cuando nuestro hijo o hija siente una emoción potente que nos incomoda, ¿cuántas veces buscamos una solución? Como si eso que ocurre no fuera “correcto”, como si no tuviera que ocurrir.

Queremos solo que haya paz y buen rollo. Siempre. All the time. Nada más. Y lo siento, pero eso es tan difícil como imposible.

Es como que tenemos asociada emoción desagradable = MAL. Y claro, si nuestro cerebro hace esta asociación, ¿cómo podré acompañar desde la presencia plena? Si estoy pa Cuenca, buscando soluciones inmediatas porque creo que lo que siente, no debería de sentirlo, está mal y quiero cambiarlo para que esté bien. Pero dime: ¿tu está siempre bien? No, ¿verdad? Pues ellos tampoco. Y está bien.

Porque la vida es tan agradable como desagradable. Porque hay de todo. Porque podemos sentir desde la felicidad más tremenda al dolor más profundo. Señoras, señores: A esto se le llama VIVIR, y por suerte, nuestros hij@s están vivos.

Muchas veces NO hay “solución” a lo que sienten. “Solamente” hay que comprenderlo, aceptarlo y acompañarlo desde el amor, la empatía, la presencia plena, el no-juicio y sin miedo. Les estaremos diciendo con nuestro estar: PUEDES ATRAVESARLO, PUEDES SENTIR, ESTÁ BIEN. NO ESTÁS SOLO/A.

Ojalá os resuene

Artículo publicado en Instagram i Facebook el 25 de octubre de 2019

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