19.11.2012

 

 

Recuerdo perfectamente una conversación por teléfono que tuve con una amiga cuando Laia hacía poco que había nacido. Quizás tenía un mes y medio, no más. Una mañana, mientras ella dormía en mis brazos, la llamé. Ella, también estaba en pleno puerperio, como yo. Hacía unos meses más que había nacido su hijo, que por cierto, también estaba durmiendo en sus brazos. El principio no le había sido fácil y recuerdo que me contó algo que les había pasado que la había hecho sufrir. Ahora no recuerdo si el niño había tenido fiebre, si había estado enfermo o qué le había pasado, pero el caso es que ella se lo había pasado muy mal.

 

 

En un momento de la conversación recuerdo perfectamente que me dijo: “Míriam… es que ya no hay marcha atrás. A partir de ahora, ¡sufriremos siempre!” y lo dijo con un tono tan trágico, y con tanta carga emocional que de repente, las dos nos pusimos a reír! Porque entendí perfectamente de que me estaba hablando. Porque las dos, aunque no nos viéramos las caras, sabíamos qué había querido decir con aquella frase: quería decir que en nuestra vida había un antes y un después. Quería decir que ya nunca más podríamos estar tranquilas y felices si nuestro hijo tenía un malestar. Porque su malestar, de hecho, se convertiría en el nuestro. Quería decir que, de alguna forma, habíamos dejado de ser tan libres. Y no en el sentido de ir aquí o allí, sino que emocionalmente estábamos para siempre vinculadas a una persona que en aquel momento era un bebé, pero que crece y que por los siglos de los siglos, será lo que más querremos de esta vida.

 

Pasan los días y vas aprendiendo a ser madre. Por suerte, y evidentemente, no sufres siempre. ¡Sólo faltaría! Pero es inevitable no hacerlo cuando los ves que no están bien o cuando les pasa algo. Este sentimiento, el de la maternidad profunda que te vincula para siempre a un hijo hace que no seas ajeno a los hijos de los demás, y esto hoy lo he experimentado con una fuerza brutal.

 

 

Hacía muchos meses que no íbamos al cine y esta tarde lo hemos podido hacer. “2 entradas para Lo Imposible”, hemos dicho a la chica que vendía los tickets. Sabíamos lo que íbamos a ver a grandes rasgos… pero buf… hoy sí que he sufrido! ¡Los dos lo hemos hecho! Y eso que ya sabíamos como acababa!!! La angustia de pensar que has perdido tus hijos se me ha clavado adentro y he llorado como hacía tiempo que no lloraba en el cine…! Cuando hemos salido los dos hemos estado de acuerdo: hemos sufrido mucho más porque ahora tenemos una hija. Mucho más que si hubiéramos visto esta película hace unos años. Porque ahora podemos empatizar mucho más con los protagonistas, porque de repente te metes en su piel porque tú también sabes qué es querer un hijo con locura, porque la edad del pequeño de la película te resuena con la peque que tienes en casa… y de golpe… te entran muchas ganas de estar con ella. De llegar y saberla sana y segura.

 

Es cierto: donde vivimos hay posibilidad 0 de que nos enganche un tsunami, pero esto, la razón, ha desaparecido por un instante y sólo tenía ganas de verla, de abrazarla y finalmente… dejar de sufrir.

 

Y tú… ¿has visto esta película? ¿Sufriste?

 

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9 Comentarios

  • Desmadreando

    No paramos de llorar desde el título hasta el crédito…siendo padres las cosas- y más estas- se viven distinto.

    Un besote desmadroso

    • Míriam

      Totalmente de acuerdo. Yo lloraba con un nudo en el estómago… Terrible! Aunque la película me gustó! si es que soy masoca! 😉
      Besos guapa!

  • madre estresada

    mi hija 13 años si estuvo a verla, yo soy incapaz de ver esas cosas, lo de sufrir cuando te das cuenta de que ser madre es para toda la vida…Si viste a mis chicos ya sabes de dónde viene mi estres, tengo a los mejores!!

    • Míriam

      Jajaja… es que es estresante, sin duda!!! 🙂
      Tienes unos hijos guapísimos! Enhorabuena!
      Besos estresados!

  • JÈSSICA

    Ei! Ho vaig experimentar fa 15 dies, totalment d’acord, si no fos mare, aquesta película l’hagués viscut com «qualsevol altre pelicula dramàtica» però es que va ser tant HEAVY, només d’empatitzar amb aquesta mare, amb totes les mares, i els nens petitons, allà SOLS…BUF!! Ho vaig passar fatal, vaig estar tot el dia ven remoguda! Només tenía ganes de que acabés per anar a abraçar la Bruna! Trobo que està feta molta sensibilitat i una qualitat d’ imatge espectacular! Tot el dramón, també em va agradar molt… Una abraçada!

    • Míriam

      Hola, Jèssica…
      A mi també em van tocar moltíssims aquells nens sols, allà, orfes la majoria, amb la mirada perduda. I allò era una pel·lícula, o sigui que imagina’t com devia ser… Horrorós! I estic d’acord amb tu, també em va agradar molt. Excel·lent el treball dels nens protagonistes!
      Una abraçada

  • Mónica Leyva

    No he visto la peli, pero la verdad es que tengo ganas de verla, oí en la radio una entrevista que le hicieron a la madre (no recuerdo su nombre) en la que está basada esta peli y me emocioné mucho. Solo de pensar en esa situación que vivieron, y sobre todo cuando narró la escena en la que se encuentran a un niño, que no es ninguno de sus hijos, pero que siente que lo tienen que ayudar…se me llagaron a saltar las lagrimas. Sí la verdad es que cuando eres madre ves las cosas desde otro punto de vista.
    Saludos Miriam.

    • Míriam

      Exacto, Mónica.
      Es como si, de alguna forma, todos los niños fueran un poco tuyos. Yo veo los niños de la edad de mi hija y no puedo evitar sentir una ternura especial… porque supongo que todos nos recuerdan aquello que más amamos… Pues te gustará ver la película. Te la recomiendo. Eso sí, con pañuelos en la mano! 😉
      Besos

  • Annuska

    No he vist la pel·lícula però des que vaig ser mare (ja fa més de 15 mesos!), que tinc una sensibilitat especial en tot el que té a veure amb nens. Als telenotícies, els temes relacionats amb nens gairebé em fan plorar, de vegades. És ben cert el que dius al principi del post, hi ha un ABANS i un DESPRÉS!!! Petons guapa!

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