Escribo estas líneas y estoy agotada. Pero quería escribir para explicar que la maternidad/paternidad tiene días en que estás hecho polvo y al mismo tiempo eres feliz como el que más.

Como hoy, que estoy como si me hubiera pasado un camión por encima y al mismo tiempo reconozco que he pasado un día fantástico con Laia.

Hace días que está enferma. Un virus de aquellos que da fiebre y que te dicen «ya pasará». Pues bien, a pesar de que está enferma, no ha perdido la energía. Bueno, un poquito, quizás sí, pero todavía quiere marcha.

Está contenta y activa pero claro, no puede ir a la escuela y hemos pasado desde el domingo un montón de horas juntas en casa. No os miento cuando os digo que si no he oído cientos de veces la frase «mamá, jugamos a imaginar que…», no la he oído ninguna. Porque Laia es la reina del juego simbólico.

A ella le gusta jugar a imaginar que somos, que hacemos, que vamos, que… y mil cosas más. Total, que llevo una semana con un intensivo mañana, mediodía, tarde, noche con el «mamá, jugamos a imaginar que…»

En este jugar, esta mañana éramos dos amigas que nos encontrábamos por la calle e íbamos a tomar algo. Después éramos dos hermanas que nos peleábamos.

Después que éramos madre e hija (pero a la inversa) y yo lloraba. Después que ella estaba dentro de mi barriga y nacía y justo después decía «plastilina», como su primera palabra. Y nos reíamos. Más tarde que estábamos en la playa tomando el sol, después que estábamos en la escuela y ella era la maestra. Luego la maestra era yo. Después… y así sin parar. De verdad. Palabra de honor.

A las siete y media ella ya tenía la cena en la mesa y yo quería que se lavara las manos porque las llevaba sucias de mil cosas que hemos hecho esta tarde en casa.

No parecía que tuviera intención de írselas a lavar cuando salta y dice: «mamá, jugamos a imaginar que somos dos amigas que…» y yo, agotada, pero de buen humor le digo «Laia, y por que no jugamos que yo era una madre y tú una niña de casi cuatro años y yo te decía que te lavaras las manos para ir a cenar y tú te las lavabas contenta y feliz y luego cenabas y explicábamos cuentos, y luego íbamos a la cama?» Me mira y sonríe.

Su sonrisa era la que dice: «te he pillado. Ya sé, quieres que haga esto porque quieres que me lave las manos… ¡ya lo sé! Pero vale, va, si es jugando, ¡de acuerdo!».

Yo sonrío y ella dice: «Vale». «Laia te lavas las manos?» «¡Sí! ¡Enseguida!». Se ha lavado las manos, ha cenado, hemos explicado cuentos, hemos reído, hemos lavado dientes, hecho pis, otro cuento y a dormir.

Todo fácil. Todo sencillo. Todo de buen humor. Todo como dos cómplices de un juego que sabíamos que lo era y que no lo era.

Cómplices en un día largo pero que ha pasado bien porque nos lo hemos tomado bien, porque en ningún momento hemos rehuido el juego que requería tantos días de estar en casa con el dichoso virus.

Y ahora, después de haberla dormido, me he sentado en el sofá y he pensado: «qué día más bonito». Porque sí. Porque ha sido un día simple, muy simple, jugando a imaginar todo el día. Y ha sido bonito. Juntas. Cómplices. Felices.


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5 Comentarios

  • TOMÁS

    Me ha parecido genial. Me apunto el truco de «jugar a…» para los casos de emergencia (que no son pocos). Aunque ya me veo venir que no siempre funcionará…

  • Andrea

    Saludos desde Ecuador, estoy fascinada con tus palabras.
    Hermoso!! con mi sobrina de casi 4 años pásamos las tardes «imaginando que…», ahora que tengo un bebé de 6 meses imaginamos más aún los tres, nunca acabo de sorprenderme con todo lo que ella le cuenta el peque ni con nuestros juegos de ser vecinas,hijas, amigas, cantantes, bailarinas, con los paseos porteando a nuestros hijitos (ella con sus miles de muñecos y yo con mi muñeco de carne y hueso). Amo esa edad tan activa, me siento como su mejor amiga (tal vez no lo sea) pero aquí cabe muy bien la palabra ATESORAR, atesoro todos los momentos que pasamos los tres juntos aprendiendo yo de ellos y ellos tal vez mas de lo que quisiera de mi jeje.

    • miriam

      Qué bonito, Andrea. Me alegro que puedas disfrutar tanto de ello. Sí, es una etapa para atesorar, sin duda. Un abrazo.

  • Mireis

    Mi hijo , como la tuya es el rey del juego simbólico desde muuy peque ..ahora que va a PS3 todas las tardes soy Laura, su profesora ..y él está malito o es su cumple o es el encargado de la biblioteca..no tiene fin.. es algo maravilloso su ocurrencias pero.. mi hijo de casi 4 años no juega solo nunca..10min max ..no hay manera,juego siempre con él pero llegados a esta edad me gustaría, desearía no tener que darle explicaciones de xq no puedo jugar ..no acabar «obligandole» a que juegue y que eso desencadene reproches de… es que no juegas! T voy que tirar los juguetes!! Otros niños juegan…. en fin ..algún consejo por favor….gracias me encanta tu blog.

    • miriam

      Pues la verdad es que al no conoceros me es muy difícil saber cómo aconsejarte, la verdad. Pero es cierto que algunos niños juegan solos cuando son ya muy pequeños y a otros les cuesta mucho. Pero tarde o temprano acaba llegando. Lo que está claro es que a más te impacientes y le digas que juegue solo, menos ganas tendrá. Te propongo lo siguiente, que te armes de paciencia y dejes de decirle esto. Quizás, cuando te sienta más disponible en este tema del juego, empieza a no necesitarte tanto. Un abrazo!

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