Las palabras

 

El viernes hizo 1 año que dieron el alta a Lua de la Unidad de Neonatología donde estuvo ingresada una semana justo después de nacer. Ese día, uno de los emocionalmente más intensos de los últimos tiempos, me quedará grabado en la memoria porque suponía el punto y final a una semana de infierno. Cuando, hace un tiempo, miraba el calendario y veía que se acercaba el mes de abril sentía dos sentimientos contradictorios; por un lado ilusión por el primer año de Lua y por el otro, cierto miedo a lo que pudiera removerse con todo ello. No sabía si lo vivido estaba digerido, bien asentado o simplemente, aparcado. Y todos sabemos que el primer cumpleaños de un hijo es intenso y removido.

Mi sorpresa fue que no lo fue en absoluto. De hecho, fue más intenso el recuerdo de los días previos al parto y del día que nació Lua que no el recuerdo de los días posteriores. Y no creía que pasara así… Curiosamente, muchos días de la semana pasada ni siquiera recordaba qué estábamos haciendo hacía un año, ni aquellas horas interminables en neonatos. Sólo el día 17 le dije a mi marido “Sabes que hacíamos hace un año?! Estábamos en neonatos!” Pero fue el único momento en que mi pensamiento volvió a esa sala. Y lo hizo sin tristeza, ni inquietud, ni angustia, ni nada de eso.

Y me di cuenta de que todo aquello ya ha pasado. Ha pasado de verdad.

 Me di cuenta de que aquello se fue situando en su lugar a partir de septiembre, cuando lo reviví A FLOR DE PIEL, compartiéndolo con todos vosotros. Me di cuenta que el proceso de asimilación, comprensión, de llorarlo, de dejarlo ir, ya lo había hecho en septiembre.

Es magnífico darse cuenta de que aquello ya ha pasado de verdad. Que no me arrastra, que está de esa manera que están las cosas pasadas cuando ya no duelen. Que es una experiencia más, un aprendizaje. Y que no escuece, que no hace sufrir, que ya no molesta.

Porque cuando las cosas que han hecho mucho daño dejan de hacerlo pasa algo fantástico y es que te puedes centrar en el presente. Ya no es necesario ir y venir de lo que pasó hasta donde estás. Ya no es necesario, y entonces puedes, simplemente, situarte en el momento presente, en o que nos toca vivir AHORA, que no es poco y que seguro que pide también mucho de nosotros.

Y cuando puedes estar presente, cuando ya nada te ancla puedes centrarte en las pequeñas cosas; saborear el ruido del gateo en el parquet… peinar con los dedos el pelo de una niña de 5 años, mirarles las manos y ver cómo crecen, quedarte embobada viendo como ríen, como se persiguen, como se hacen la puñeta…

O sea que lo que en un principio creía que serían unos días tristes, no lo han sido. Me han servido para tomar más conciencia del trabajo hecho y para disfrutar de los pequeños placeres diarios de una familia de 4.

Poner palabras a lo vivido, a lo sentido, a lo sufrido aquellos días de septiembre me ha curado. Poner nombre a lo que sufrimos. Nombrar para recolocar y limpiar.

Qué sería de mí sin las palabras…!

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

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