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Los retos de la crianza de los hijos

Todos intentamos criar nuestros hijos todo lo bien que podemos y sabemos de acuerdo con nuestras capacidades, con nuestro bagaje y con nuestra información y conciencia.

Todos queremos que sean felices y de alguna manera, nos fijamos este objetivo a pesar de que muchas veces no acabamos de tener claro que quizás un día serán felices pero no habrán respondido, en absoluto, a nuestras expectativas.

Porque por más que intentemos no tenerlas, a menudo los padres tenemos expectativas hacia los hijos. Queremos, esperamos, deseamos y a menudo proyectamos demasiado hacia ellos.

A veces incluso, hay padres que viven su vida a través de la de ellos y un tropezón del niño en 1r de ESO lo viven como si fuera el suyo propio.

Criar los hijos no es fácil, esto ya lo sabemos, pero hoy me apetecía hablar de una cosa que veo demasiado a menudo y es que muchas veces no estamos preparados o nos sorprende muchísimo que nuestro hijo tenga su propio carácter.

Desde hace unas décadas ha habido dos corrientes muy diferenciadas de crianza: la conductista, la que guía qué tiene que hacer el niño, cómo y cuándo, y la crianza respetuosa con los ritmos, las necesidades y los “tiempos” de la criatura.

Esta segunda opción, para mí, es más sencilla al principio, cuando nuestro hijo es un bebé y a muchas y muchos nos es impensable ir contra sus necesidades más básicas.

Simplemente lo que hacemos nos sale instintivamente de un lugar muy profundo y por lo tanto, más o menos, todo nos resulta francamente fácil. La cosa se complica cuando nuestro hijo va creciendo y empieza a querer y a desear cosas que no pueden ser.

LA SORPRESA

Algunos padres, después de haber dado pecho a demanda, después de haber colechado, de haberlos porteado durante meses y meses de su vida, quedan absolutamente sorprendidos cuando su hijo empieza a reivindicar lo que quiere con fuerza.

Llora, grita e incluso pega cuando se enfada porque aquello que reclama, quiere o necesita no le es dado. Es probable que para los adultos aquella demanda sea una tonteria, que no la veamos como “necesaria”, la consideremos exagerada o lo que sea, pero nuestro hijo defiende sus ideas con una fuerza que de repente, nos deja descolocados.

¿Cómo es posible? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué de repente pega cuando se enfada? ¿Por qué se pone así? Pero si siempre lo hemos tratado con muchísimo amor…

¿Cómo es posible que tenga tan “mal” genio? Y entonces te encuentras parejas que te dicen “ui, nuestro hijo tiene mucho carácter” y les ves en la cara que han quedado un poco “fuera de juego” y que no saben cómo afrontar esta nueva etapa de crianza.

Supongo que en el fondo, los padres que criamos así, teníamos la ligera expectativa que entregándonos tanto, todo sería más fácil: ellos serían conscientes de cómo los hemos criado y de alguna manera, nos corresponderían siendo tolerantes, dialogantes, y que estos episodios de enfados descomunales sólo los vivirían los otros padres.

Ojo: no quiero decir que estos niños no sean ni tolerantes ni dialogantes, en absoluto, pero a menudo, cuando estos episodios empiezan, los niños no tienen ni el vocabulario ni las herramientas para demostrar que lo son o que lo serán en un futuro, cuando maduren.

Sea como fuere, un día me escriben, o me llaman, o me vienen a ver y me expresan, absolutamente preocupados y desbordados, que su hijo les enseña una cara que desconocían y que no saben qué está pasando.

Tan precioso que era hasta ahora, tan fácil que era todo y de repente, ha empezado a enseñar su “lado oscuro” y nos ha dejado perplejos… tanto, que no sabemos ni cómo actuar.

Creían que esta etapa sería más fácil, más ligera, más de acuerdo con todo aquello que habían transmitido hasta entonces a su hijo. Y yo ahora os pregunto: ¿su manera de actuar no va de acuerdo con lo que se le ha transmitido? Yo creo que sí.

Durante meses o incluso años, hemos estado respetando los ritmos de nuestro hijo, le hemos respetado la opinión, le hemos preguntado las cosas y hemos aceptado, por ejemplo, que hoy, de postres quiera manzana y no naranja.

Hemos dejado que escogiera la ropa y los colores con que quería vestirse cada día y hemos entendido sus necesidades como una cosa que había que satisfacer: porque era pequeño, porque nos salía así, porque no habríamos podido hacerlo de otro modo.

Durante este tiempo él ha ido integrando que es escuchado y tenido en cuenta, que es importante en casa igual que lo son mamá y papá.

Que cuando habla se le escucha, que su opinión es tomada en consideración. Su autoestima está en un nivel óptimo y un buen día resulta que nos dice que su necesidad es comer diez galletas de chocolate y aquel día le decimos que no.

Que no puede ser, que le dolería la barriga. No lo entiende y, inconscientemente, lo vive como “¿pero que demonios pasa, por qué no se respeta hoy mi opinión ni mi decisión?” y se enfada más que nunca porque tiene que sacar la rabia, la frustración y todo lo que le genere haber chocado con nosotros.

¿Creéis que es malo? ¿Creéis que es mejor frustrarlos desde el inicio porque no llegue este primer día? Yo creo que no.

Yo creo que es muy bueno y creo que forma parte de hacerse mayor ir entendiendo despacio que hay cosas que queremos que no pueden ser, y que no pasa nada, y que tenemos las herramientas para superarlo.

Cuando este día llega, nuestro hijo ya sabe que nosotros sí respetamos las necesidades más básicas e importantes: las de afecto, de calor, de amor, de alimento, etc, pero que somos muy claros con otras cosas porque somos sus padres y queremos protegerlo, por ejemplo, de empacharse de chocolate. Aunque en aquel momento no lo vea o no lo entienda.

¿Qué problema hay si saca toda la rabia y se enfada, llora, grita…? Yo creo que ninguno. Llorar lo liberará de ir acumulando tensión o frustración no digerida. Sacar todo aquello que le genera aquella nueva situación lo ayudará a soltar y continuar adelante.

Creciendo, aprendiendo, entendiendo que aunque los padres no te den la razón, no quiere decir que no les importes, ni que no te quieran.

Nosotros aprenderemos a acompañarlo también en estos momentos. Entendiendo que el hecho que se enfade y se indigne hasta niveles que creemos exagerados no quiere decir ni que no nos quiera ni que no sea una persona con quien se pueda hablar. Lo será, pero quizás todavía no ahora. Aprenderemos todos en estos momentos quizás algo más complicados que los vividos hasta ahora.

Yo, si sé que me escuchan, si sé que mi opinión vale y cuenta, la expreso con mucha más seguridad, con más convicción y fuerza. Porque sé que hay alguien al otro lado.

Si sé que no tiene que servir de nada, si sé que cuando yo hablo todo el mundo se gira y nadie me escucha, simplemente lo que hago es callar. ¿Para qué gastar energías si no tiene que servir de nada, si no hay nadie interesado en escucharme?

Pero ¿cómo me siento yo entonces? Mucho más frustrada que si alguien me dijera, simplemente, que no está de acuerdo con lo que yo opino. Me siento menospreciada y mi autoestima se resiente de ello.

¿Con esto qué quiero decir? Pues que hay niños que se hacen sentir, que se expresan, que luchan por lo que quieren, creen o desean. Es cierto, quizás no lo conseguirán, pero ¿y qué?

El hecho de sentirse escuchados y entendidos hará que nunca desistan de luchar por lo que creen. Ni a los 2 años, ni a los 10, ni a los 16, ni a los 25 o los 40.

Y entonces, cuando sean adultos, serán de los que no callan, de los que luchan, de los que tienen ideas propias, de los que emprenden, de los que no tienen miedo de fracasar en un proyecto y levantarse de nuevo, de los perseverantes, de los de sana autoestima, de los que no se dejarán engañar,… Adultos decididos que no callan. Adultos libres.

Y además de hijos felices, ¿no queremos también hijos libres?

EL RETO

La crianza es una carrera de fondo con resultados a corto, medio y largo plazo. Para mí los métodos conductistas para dirigir cómo tenemos que comer, dormir o comportarnos también tienen resultados a corto, medio y largo plazo, pero para mí son nefastos.

Porque niegan las necesidades, porque imponen siempre la visión del adulto por encima de la del niño y cuando un niño no es escuchado una y otra vez… cuando un niño no es acogido en su necesidad de lo que sea (de llorar, de contacto, de jugar,…) llega un día que ni sabe qué necesita ni recuerda cómo conseguirlo. Se desvía de su yo más profundo.

Se pierde en el sentido más literal de la palabra, como si estuviera metido dentro de un laberinto y todos los pasillos le parecieran el mismo y no supiera salir.

Porque durante días y días se ha ido minando su autoestima y su capacidad de decidir, de opinar y de entender el mundo con sus ojos y no los del adulto que lo cuida.

Los efectos a largo plazo ya os los podéis imaginar. Adultos que también se sienten perdidos, que navegan sin rumbo. Adultos que no protestan ni dicen lo que opinan, ni se escuchan. Adultos que a ellos mismos no se tienen en cuenta y entonces no saben qué les dice su cuerpo o su corazón.

Adultos tan alejados de sí mismos que no pueden hacer nada más que seguir la corriente, en la dirección y la forma en que la sociedad la dibuja. Incapaces de escapar y escoger su propio camino. Incapaces de hacer algo para dejar de ser infelices. Deprimidos.

Los padres, el día que decidimos tener un hijo deberíamos estar dispuestos a escucharlos y respetarlos. Deberíamos estar dispuestos a que opinen cosas absolutamente contrarias a las nuestras.

Porque ellos son otra persona, no nosotros, y quizás no quieren ser nuestro espejo ni responder a nuestras expectativas.

Permitamos, aceptemos e integremos que un día harán su camino, en ideas y concepto, y que no será necesario que hagamos nada más que estar allí. Nada más.

Si les hemos escuchado, respetado y hemos sido tolerantes, lo más probable es que esto lo hayan simplemente mamado por cada poro de su piel y que también lo sean.

Que toleren que no estemos de acuerdo con algo que piensan o hacen y que no sea un descalabro. Que puedan tolerar, escuchar y respetar las decisiones con respecto a nuestra vida… Lo más probable es que este vínculo de amor invisible lleno de cosas buenas vaya en ambas direcciones.

Y sí, claro, tendremos que educarles y enseñarles cómo expresar lo que sienten y quieren de una forma asertiva, sin dañar a los demás.

Pero no criemos esperando que así sea. Criemos en el ahora y el aquí, centrados en atender y entender, y en decir NO cuando es necesario. Criemos dispuestos a no dar siempre la razón a nuestros hijos a pesar de saber que esto no les gustará nada. Es lo que nos toca.

Estamos aquí para eso: para acompañarlos, y el acompañamiento a veces no es fácil porque significa tener también posiciones divergentes y discutir, a veces. Dejemos de vivirlo desde el EGO, desde el “me ha fallado”, “no me lo esperaba eso de él”, desde el “¿cómo me puede hacer esto a mí?”, desde el “quizás es que no me quiere… ” Claro que nos quieren.

Podemos divergir y amarnos a la vez, ¿no? No nos lo tomemos todo como si fuera algo personal, como si nos tuviera manía. Desde este punto y esta visión, él se sentirá molesto, harto de no podernos expresar cómo se siente sin miedo a ofendernos.

Permitámosles y permitámonos también ser libres en la discusión y la divergencia y alejarnos de esos pensamientos que sólo nos hacen daño. No quiere decir nada que no estemos de acuerdo puntualmente en algo. O en muchas cosas. Somos sus padres, son nuestros hijos, y hay algo mucho más profundo que nos une.

Estemos tranquilos cuando nuestro hijo de dos años empiece a mostrar el “carácter”. No pasa nada, todo está bien. Hace lo que le toca… y lo único que tenemos que hacer es estar a la altura y no perdernos en laberintos que no nos llevan a ninguna parte. Sepamos que es bueno, que es sano y que será un camino, por todos, de aprendizaje. No nos asustemos, no hay motivo.

Quién sabe si dentro de unos años, cada vez habrá más adultos libres, cada vez habrá menos personas dispuestas a callar y a bajar la cabeza. Quién sabe si dentro de unos años, el mundo que tendrán nuestros hijos podrá ser finalmente otro: con otros valores y parámetros. Más justo, más libre, más honesto. Quizás esto no ocurrirá nunca pero… quien sabe.

Que el amor profundo y consciente, lejos de bajas autoestimas y complejos heredados, acompañe vuestra crianza para ayudar a traer al mundo hijos felices y sobre todo… libres.


Si notas que hacer todo esto te cuesta, si sientes rabia cuando se pone así, si te cuesta acompañarle y aplicar la crianza como te gustaría porque pasar de la teoría a la práctica se te hace un mundo, puedo acompañarte en el Curso online intensivo “Rabietas y gestión de la ira propia y de los hijos” que empezamos el próximo 5 de febrero del 2018. Es la segunda edición y espero que, de nuevo, sea todo un éxito.  Tienes toda la info AQUÍ.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

14 respuestas

  1. Ostres, comparteixo tantíssim! Gran reflexió i gran ajuda.
    Com a pares estem immersos en aquesta etapa. La nostra filla de 27 mesos, està traient allò que per nosaltres era desconegut. El caràcter. L’hem acompanyat sempre, en tot moment, i l’hem respectat en tot el què ha estat al nostre abast i conscientment. Després de llegir aquest post, em sento més alleugerida; sento que és una persona que, potser, tindrà una sana autoestima, i les idees clares. I nosaltres, l’acompanyarem. Això no treu que sigui una etapa difícil. Gràcies per les teves paraules, Míriam.

  2. Uff, gran tema en el que em veig immersa justament ara i a dues etapes diferents.

    Amb el petit , de 2 anys, perquè ha tret el caràcter que comentes i no vol entendre el NO quan realment no li convé ap altra opció. Mica en mica ho va acceptant però no sense abans fer-te saber el seu descontent. Al principi amb marranades de les grosses, ara sol deixar anar una parrafada ininteligible i acaba amb un pet sonor amb la boca com volent dir ” a prendre pel… he dit”.

    I el gran perquè amb 6 anys i havent tingut molta llibertat de moviments i havent aprofitat la vida de poble per tenir autonomia que molts nens de ciutat no han pogut disfrutar encara a la seva edat, ara veu limitacions que troba ilògiques i te les discuteix i intenta refutar amb totes les seves forces i amb tants arguments com se li acudeixen. Però quan veu que li vas desmuntant les teories s’acaba enfonsant en llàgrimes com a nen que encara és i hem de concloure fonent-nos en una abraçada que tot i tenir postures contràries agraeix moltíssim.

    Grans reflexions! Gràcies per compartir!

  3. Hola Míriam, un gran post ple de veritats molt útils per a tirar endevant en aquesta (dufícil) etapa de la criança, i en general per a ser millors persones en tots els sentits. El món seria millor si molta gent apliqués aquests principis, això segur. Gràcies per les reflexions.

  4. Yo siempre le acompañó muy bien soy muy paciente y le respeto aunque a veces me enfado mucho por dentro y me salen cosas horribles como que parece un bebé porque es muy maniática y se frustra con facilidad y luego me siento fatal no sé cómo arreglarlo le pido perdón. Me ha pasado solo dos veces pero luego me siento fatal 🙁

    1. Te entiendo… pues lo primero es tomar consciencia para no volverlo a repetir. Siempre pensar que ella es pequeña y que quien tiene que tener herramientas para dar la vuelta a las situaciones somos los adultos. Un abrazo.

  5. Un gran post, excelente reflexión y si..ojalá pueda llegar a mucha gente y muchas madres y padres logremos aplicar mucho de lo que decís con naturalidad y en sincero beneficio de nuestros hijos. Gracias Miriam por mostrarnos la crianza con tanta claridad y espontaneidad!!

  6. Hola Míriam.
    Esto más alla de mostrarnos a mi y mi esposa una visión más clara y acertiba de lo que nuestra bb va a experimentar y por lo que debe pasar, sinceramente, me ha mostrado el porqué de muchas cosas que están mal con mi propio carácter como persona. Ha sido una catarsis liberadora poder entender por qué razón es que actúo u omito con facilidad o tardanza. Definitivamente todo esta en como nos criaron y siento como que se cual debe ser mi punto de partida emocional para despojarme sensorialmente de esas experiencias y mejorar como persona y definitivamente como papá. Agradezco el tiempo dedicado en publicar esto tan bonito y revelador. Un gran abrazo desde Colombia.

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