Hay momentos en la crianza de los hijos que son difíciles: algunos porque lo son realmente y otros que no lo son, pero los adultos los vivimos como si fueran una auténtica tragedia. Lo peor, sin duda, una enfermedad, pero también etapas que pueden ser complicadas como los principios de la crianza, la adaptación de todos a una nueva vida con hijos, o la fase en que los bebés gritan, o cuando se enfadan muchísimo y nos lo demuestran, o cuando no pueden soportar la separación de los padres, o el proceso de control de esfínteres, o la etapa de terrores nocturnos, o las llamadas rabietas… y podría ir continuando con un largo etcétera. Cada uno vivimos cada etapa no como queremos sino como podemos. En base a nuestras vivencias anteriores, a nuestra consciencia y a la información que hayamos tenido o no sobre aquella cuestión en particular… Y a veces nos preocupamos mucho, muchísimo.


Un día conté que cuando Laia era pequeña mordía. Mordía muchoNIÑOS QUE MUERDEN«) y sí, me desesperé… Pero había una palabra que resonaba dentro de mí siempre: Confía. Confía en que un día ya no lo hará, confía en que entenderá que esto no lo puede hacer, que no puede hacer daño a los demás… y no desistí: ni en explicarle qué le pasaba y por qué, ni en la confianza hacia ella. No tiré la toalla, aunque a veces se me hacía muy cuesta arriba capear la situación…

Niños que pegan, niños que gritan, niños que insultan, niños que hacen cosas que no entendemos, niños que lloran muchísimo o que tienen comportamientos que no esperábamos… Como padres creo que tenemos la obligación y el compromiso de no tirar nunca la toalla y de confiar. Una buena información, buscar el apoyo adecuado, intentar rodearnos de un entorno que nos sostenga en los momentos difíciles… todo ello hará que en etapas duras podamos NO tirar la toalla. Porque sino nos desesperamos, y gritamos nosotros, y lloramos nosotros, y tenemos comportamientos que ahora son ellos que no entienden… porque perdemos los papeles y la mente nos dice una y otra vez «no lo superaremos» y lo va repitiendo como un mantra. O otras cosas como «es que no dejará nunca de pegar» «es que no se vestirá nunca solo», «es que siempre se pondrá enfermo», «es que yo no lo entenderé nunca»… e irá instalando desconfianza dentro de nosotros. Desconfianza en nuestra capacidad de soportar y reconducir la situación, en la capacidad nuestra de ser padres y madres, y desconfianza hacia nuestro hijo, hacia sus procesos y capacidades…

Un día os dije que NUNCA es mucho tiempo («MAI ÉS MOLT TEMPS«). Pero en esta situación sí quiero usar esa palabra: Nunca tiremos la toalla, nunca. Si estáis desesperados, buscad ayuda, llamad a los amigos, a la familia, a quien sea que pueda entender y acompañar, enviadme un mail, buscad información, profesionales que os puedan dar herramientas, que os toque el aire, id al bosque, respirad, haced lo que sea necesario… por nunca, nunca, nunca, tirar la toalla.

En primer lugar por nosotros, porque si la tiramos alguna vez nos sentiremos aún peor: derrotados, frustrados, culpables. Y en segundo lugar y no menos importante, por nuestros hijos, porque si alguna vez tiramos la toalla, ellos lo sabrán. Aunque no se lo digamos, aunque intentemos disimular y llevemos nuestra derrota en silencio… ellos lo sabrán y también se sentirán aún peor: poco merecedores de tenernos, culpables de hacernos sufrir y solos. Porque si los padres no confían en ti, si no confían en que puedes hacerlo, en que puedes superarlo, en que pueden cambiar las cosas… ¿quién lo hará?


2 Comentarios

  • Mama 2.0

    Gràcies, gràcies, gràcies per les teves reflexions compartides. Si mai em ve al cap llençar la tovallola, et truco… Un petonàs wapíssima!

    • Míriam

      Hola!
      jajaja… Ni ho dubtis! 🙂

      Una abraçada

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.