Sin filtros

Al cabo de unas semanas de quedarme embarazada me di cuenta de que me había quedado sin filtros. Poco a poco me habían ido abandonando… Los que hacen que lo que pasa en la vida llegue a ti de manera calmada, entendida, o menos dolorosa, habían desaparecido, y todo penetraba con mucha más fuerza.

Penetraba directamente, sin medias tintas. No había la razón que pudiera ir desgranando todo lo que pasaba de una manera que llegara a la entraña de forma más reposada, más tranquila, más relajada.

Al poco de quedarme embarazada me di cuenta que todo entraba directamente. Zasssssss… Desde la alegría más absoluta, a la anécdota más tonta, la tristeza más infinita.

No había filtros, no había corazas.

Nada pasaba por el tamiz de la razón, era como si de repente hubiera desaparecido esa capa que me «protegía» de todo un poco. Y entonces alguien me dijo «ahora eres, en este sentido, como un bebé o un niño pequeño”… que tampoco tienen filtros.

Cuando son felices lo son de la manera más esencial, más primaria, más profunda y sentida. Pero cuando hay tristeza también es enorme. Nada pasa por el tamiz de la razón, todo se vive con una intensidad tremenda y muchas cosas hacen llorar.

Si escuchan otro bebé que llora, ellos se enganchan a él, porque empatizan sin límites con aquel llanto, con ese tono de tristeza infinita y se les contagia.

Si escuchan que alguien ríe o que les dice cosas graciosas, ellos conectan con esa alegría y se sienten contentos, y sonríen… Si nota a los padres preocupados o enojados, inquietan y se enganchan a mamá, por temor a que todo se tambalee a su alrededor. No hay filtro que pueda decir «están cansados, no pasa nada, todo está bien» .

No, no hay filtros y todo penetra, y todo pasa hacia adentro, y todo, al mismo tiempo, se expresa también sin filtros.

Al cabo de unas semanas de estar embarazada me di cuenta que todo me hacía llorar. Las buenas noticias, las malas, los comentarios más inocentes, un rato estresante,… todo. Lo que en otro momento no me alteraba, de repente me atravesaba todas las capas y me llegaba directo a la entraña.

«Hemos ido al cementerio a dejar flores a mi abuelo” , me decía alguien y yo lloraba. «Mi hijo hoy ha empezado a andar«, me decía otro, y yo volvía a llorar. Laia se ponía un poco demandante e insistente, y yo no tenía ni aquella paciencia, ni aquel temple y al poco me caía una lágrima. Que veía según qué en las noticias, ya volvía a llorar. Que anunciaba «estoy embarazada» a alguien querido y nos abrazábamos contentos y felices… y una vez más, llora que llorarás…

Así empecé, de nuevo, la vida sin filtros. No sé si los filtros me han dejado para no volver hasta bien pasado el puerperio, o si irán volviendo poco a poco, quien sabe, a lo largo de este embarazo para pasar a alguna otra etapa.

Cada proceso de gestación es distinto, cada momento es diferente. Yo no soy la misma que hace cinco años se quedó embarazada. El momento no es el mismo ni tampoco la circunstancia.

Pero otra vez estoy sin filtros. Llorosa y feliz, relajada y enamorada de este bebé que estoy gestando y que me vuelve a re-conectar de nuevo con lo sagrado. Enamorada de este nuevo estado y en el fondo, también agradecida porque con frecuencia, los filtros, sobran.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

2 respuestas

  1. M’ha encantat aquest post! Quan he estat embarassada també m’han abandonat els flitres…t’enrecordes el dia de la trobada de mames? No sabía que estava embarassada i plorava amb cada historieta que explicaven! Ajajaja…es una passada!

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