Mirant-te

Mirant-te

Podría pasarme horas mirándote… admirándote. Contando tus pestañas largas como un día sin pan… Siguiendo con la mirada los agujeritos de tu nariz pequeña y tiera… Peinándote con las manos, con los dedos pasando entre estos cabellos de color todavía indefinido…

Reunión de alto nivel

Reunión de alto nivel

Mañana es el día en que teóricamente salgo de cuentas y digo teóricamente porque nunca sabemos exactamente (o casi nunca) qué día entrasteis en nosotras y mucho menos, cuando queréis nacer. En todo caso, hace unos días que he ido bajando la actividad, y se ha ido haciendo más presente este tiempo de espera dulce. Porque es dulce, Lua. Te espero dulcemente, deseando encontrarnos pronto, abrazarnos pronto, mirarnos pronto a los ojos…

Embarazo: me transformo

Cada día que pasa me transformo un poco. Me doy cuenta de ello cuando me desnudo y entro en la ducha. Poco a poco, tengo que hacerlo con más cuidado porque la barriga me desequilibra. Me miro los pechos y aparte que hace tiempo que son grandes, las aureolas se han ido oscureciendo, preparándose para que Lua vea los pezones donde agarrarse bien presentes cuando salga de mí. En mi vientre todavía no se ha dibujado la línea alba pero ya es redonda y gorda y ya no puedo ni verme los pies. Hay días que me tira un poco la piel pero pocos, y noto a Lua perfectamente.

Hoja de ruta

Hoja de ruta

Si algo me fascina de los niños (y de las personas) es que no hay ni uno igual. Vivimos en un mundo donde parece que todo tenga que tener hoja de ruta y donde ésta debe estar trazada mucho antes de comenzar el viaje. Con los hijos esto no funciona porque todos llegan sin hoja de instrucciones y cada uno viene con su propio mapa. Un mapa que parece vacío, en blanco, y que los padres tenemos que ir intuyendo qué se dibuja en él.

Les tres

Hoy me es imposible no escribiros a las dos. Hoy me he dado cuenta con más fuerza que nunca hasta qué punto os amo. Tu Laia estás enferma. Nada grave, pero tienes tos y fiebre y ya sabes que verte enferma no me ha gustado nunca. Tu Lua estás en mi barriga, creciendo y acompañándome mientras cuido a tu hermana. Estamos juntas, las tres. Esta noche pasada no hemos dormido nada bien y todo ello hace que esté más decaída. Con ganas de llorar y con ganas de escribiros.

Querida Lua

Hace una semana que sé que eres tú, Lua, la que está dentro de mi barriga y no Pau. Hacía muchos días que tenía unas ganas locas de saber cuál era tu sexo para poder llamarte por el nombre, para poderme vincular aún más a ti. No te negaré que me ha pasado exactamente como con Laia. Aunque cuando era pequeña y joven siempre había sentido que tendría niñas, una vez me quedé embarazada de Laia, sólo soñaba con bebés que eran niños. Sí, y tenían pene y cara de niño! 🙂 No es que quisiera un niño, en absoluto. Me daba completamente igual. Cuando nos dijeron «es una niña» fuimos muy felices, los dos. Y después de 4 años y pico puedo decir que me encanta tener una hija.

Y de repente, ves la luz

Y de repente, ves la luz

Hace cuestión de un mes empezaste a decir que me echabas de menos. «Hoy he llorado en la escuela porque quería estar contigo» o «no te vayasss…» y esas cosas. Yo, convencida de que era por mis fines de semana en la radio, que nos dejaban muy poco tiempo juntas, me convencí que era normal y que pasaría después que vieras que ya no iba más. Pero me equivoqué. No era eso.

Fusió

He llegado muy tarde de trabajar y hoy estamos solos tú y yo en casa. Tu padre y tu hermana han ido a dormir fuera. Mañana por la mañana iremos allí donde están ellos para pasar juntos el día. Me gusta sentirte, quería decírtelo. Te siento constantemente cerca, me siento constantemente acompañada y esta sensación, ya me pasó con Laia, me gusta. Estamos de 8 semanas, dijo el ginecólogo, y resulta que haces un centímetro, que tienes un corazón fantástico y precioso que late rápido y que creces sin cesar dentro de mí.

Hores baixes

Hoy ha sido un día difícil… tu hermana se ha levantado con el pie izquierdo y hemos empezado el día del revés, con unos lloros de esos monumentales que hace ella con gritos y chillidos incluidos. Desde que estoy embarazada tengo menos paciencia y me cuestan más estas situaciones. Las gestiono peor y como ya lo sé, intento tomar distancia porque si se me lleva toda su emocionalidad, yo también me pongo a llorar porque me remueve de una manera tremenda.

¿Y si te vas?

Estas últimas semanas no te negaré que he tenido alguna punzada de aquellas que la mayoría de madres seguro que han tenido un momento u otro estando embarazadas: la de «¿y si te vas?». Cuando gestaba tu hermana hice un post que se titulaba «No quiero que te vayas». Porque una vez que os sé aquí dentro, no, no quiero que os vayáis. Esta vez, sin embargo, ha sido un poco diferente, porque a pesar del intenso deseo de que te quedes siempre aquí con nosotros, había también un punto de calma, permitiendo que las cosas vayan como tengan que ir. Como si alguna parte mi también te dijera «permito que hagas lo que has venido a hacer, y si dentro de mí no puedes crecer, permito que te vayas si lo necesitas».