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Si un día veis una madre que baila

El sábado bailé como si no hubiera un mañana. Bailé como si no hubiera bailado nunca o no pudiera volver a hacerlo jamás. Bailé desde que sonó la primera canción hasta la última, moviendo cada célula de mi cuerpo. El sábado fuimos de boda. Unos buenos amigos, a quien hace 13 años presenté yo misma, decidieron celebrar su amor delante de familia y amigos y fue precioso. Todo: verlos tan felices, emocionarnos juntos, ser felices con ellos, reír, compartir, celebrar… y bailar.

La fiesTETA y el final de nuestra lactancia

La fiesTETA y el final de nuestra lactancia

3 años, 6 meses y 12 días: este es el tiempo que ha mamado Laia. Cuando era un bebé, muy a menudo, después cada tres horas o cuatro, luego a épocas de nuevo muy a menudo, después cada vez más espaciado. Siempre para ir a dormir, también cuando se hacía daño o cuando tenía un disgusto, todo el día cuando se ponía enferma… Y se fue haciendo mayor. Y cada vez la necesitaba menos pero la amaba más. No os puedo decir cuánto tiempo hacía que mamaba poco… quizá desde el verano, no lo recuerdo. Ya sólo una vez (para ir a dormir, y algún día también para hacer la siesta) y a menudo sólo un pecho. Desde diciembre, la toma no solía durar más de dos minutos. Dejaba el pecho y me decía «¿me cantas?» o «¿me das un masaje?» … y se dormía.

Demà fas tres anys

Laia, mañana cumples 3 años. Mañana a las 6:29 de la mañana hará tres años que saliste de mi vientre, y que empezamos un camino de aprendizaje profundo una al lado de la otra. Tus cumpleaños, a tu padre y a mí, nos hacen mucha más ilusión que los nuestros y sabes por qué? Por qué no sólo celebramos que aquel día llegaste a nosotros en cuerpo y alma, sino que contigo también nació una nueva familia. Yo mañana celebraré muchas cosas: que me llenas y que sé que te lleno. Celebraré la luz que has traído a nuestras vidas porque es imposible mirarte y no ver cómo brillas… Celebraré cada noche que hemos pasado juntas y también cada día. Los buenos, los que han sido fáciles y maravillosos, y los difíciles, de aquellos que parecía que no tuvieran que acabar nunca. Celebraré cada sonrisa tuya pero también todos los llantos, los gritos y los enfados (que también los has tenido) porque cada uno de ellos me ha hecho crecer como madre y sobre todo, como persona.

Celebrem!

A veces tengo la sensación de que en los tiempos que corren, cada día hay más gente que cree que no hay motivos para celebrar nada, porque «todo está fatal», porque «todo es una mierda», porque «la gente lo pasa mal», porque «la cosa está difícil», porque «quién sabe qué pasará», porque «estamos rodeados de ladrones», porque… Y a mí me pasa justo lo contrario, que cada día tengo más ganas de celebrar cosas, y de compartir y agradecer la infinidad de personas y cosas buenas que me rodean!