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Relleus

Un día me encontré a una amiga que hacía tiempo que no veía. Mientras hablábamos, me fijé que en la mano tenía alguna palabra escrita. Me contaba que iban a tope con el trabajo, los dos niños y que tenía la sensación de no llegar a nada. Cuando le pregunté qué llevaba escrito en la mano, lo miró (ya no se acordaba) y se puso a reír. «Adivínalo”, me dijo, y lo tuve clarísimo: «Te has apuntado algo que tienes que contarle a tu marido» y nos pusimos a reír las dos porque sí, era exactamente eso.

Hacía sólo unos días yo misma había escrito en un papel una lista con tres palabras. Eran, de hecho, tres temas, tres cosas que no podía olvidar decirle a mi compañero.

La pel·lícula

Gina hacía una hora que intentaba que Paula durmiera. Estaban dentro de la habitación de matrimonio, aún dormía con ellos. Primero la había paseado un buen rato porque últimamente, por la noche, estaba como más nerviosa y hacía falta, antes que nada, relajarla. Hacía tiempo que la bañaban a mediodía y no por la noche: a Paula el agua la excitaba y lejos de calmarla, la despertaba aún más! Después de pasearla un buen rato, habían ido a la cama, todo a oscuras, y había empezado a darle el pecho. Paula era de las que mama de mil y una posturas diferentes, de las que no para de moverse. Gina está segura de que de mayor trabajará en el circo ¡y será contorsionista!

'Mai' és molt temps

Hay algo que nos pasa a muchas madres y padres durante el tiempo de “crianza intensa” y es que a veces perdemos la perspectiva. Lo que sucede en casa con nuestra criatura, lo que quizás nos preocupa o que no sabemos cómo abordar, nos agobia a menudo porque justamente perdemos la perspectiva. Estamos cansad@s, agotad@s, de un día a día con demasiadas obligaciones laborales, obligaciones económicas, obligaciones logísticas… Y prácticamente no tenemos tiempo para respirar y tomar perspectiva.