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Dividir-se

Hay momentos (pocos, por suerte), en los que me queréis las dos, me necesitáis las dos. Hay momentos en que no s parece bien otra opción para que yo pueda llegar a vosotras: esperar un momento, quedaros con papá mientras atiendo a la otra…. No os vale nada, sólo yo. Y me queréis y necesitáis con la misma fuerza: con edades diferentes, por motivos diferentes y con comprensión a diferente nivel de todo lo que está pasando, pero me necesitáis las dos, a la vez, y me queréis sólo para vosotras.

Qué difícil es

Qué difícil es a veces ser madre. (Y lo digo así, de entrada, para que nadie diga que nunca avisé). Qué difícil es no enfadarse cuando delante tienes a tu hijo que hace exactamente lo contrario de lo que querías que hiciera. Qué difícil es no tomártelo como una ofensa, decirte «no es nada personal, es pequeño». Qué difícil es toparse con su rabia incontrolada, su estallido de emociones, su malestar que todo lo tumba. Qué difícil es acompañarlo de cerca, agacharse, no juzgar, callar. Porque… es muy difícil conseguir detener las frases que se amontonan en el cerebro y que luchan a ver cuál es la más gorda y quieren salir por tu boca y herir, herir igual que te están hiriendo ti. Qué difícil es mantener la boca cerrada y no decir ninguna tontería de la que luego, seguro, (lo sabes) te arrepentirás.

Reconocer que, a veces, no podemos más

Reconocer que, a veces, no podemos más

A veces cuesta reconocer que en determinados días o mejor dicho, en determinados momentos, empezaríamos a correr y no pararíamos. Cuesta aceptar que por muy fantástico que te parezca ser madre, hay momentos en que tirarías la toalla, dirías «hasta aquí, no puedo más, no sé hacerlo mejor», y volverías a correr. Los hijos tienen la maravillosa y sorprendente capacidad de sacarte de quicio. Sólo el tuyo sabe hasta dónde estirar la cuerda para que llegues a ese punto donde no te gusta nada llegar: al de enfadarte, al de hacerte cuestionar todo lo que haces, todo lo que has hecho, todo lo que vas a hacer… Sólo tu hijo sabe tocar esa tecla que te remueve por dentro hasta tal punto que te hace pensar cosas del estilo «esto no lo aguanto, yo no lo soporto más, no sé qué hacer contigo, soy muy mala madre, esto es un desastre, no sirvo, me voy, lo dejo!». Como si esto de ser madre o padre pudiera ser algo como para «dejarlo»! 😉