Tag: duelo

La madre que me parió: pérdidas gestacionales en el 1r trimestre

La madre que me parió: pérdidas gestacionales en el 1r trimestre

En este nuevo episodio de la entrega de entrevistas con «La madre que me parió», Àngels Torras, conversamos sobre las pérdidas gestacionales en el primer trimestre de embarazo. ¿Qué sienten muchas mujeres? ¿Cómo puede vivirlo la pareja? ¿Cómo podemos acompañarlas? A pesar de que son muchas las mujeres que tienen que vivir pérdidas gestacionales, se trata de un tema todavía…

Cómo hablar de la muerte con los hijos (cap.2)

Cómo hablar de la muerte con los hijos (cap.2)

Lo sé. No es algo de lo que queramos hablar con los hijos. Y quizás sólo leyendo el título decides cerrar el post e ignorarlo. Es comprensible. Porque si pudiéramos escoger, seguro que nos vendrían a la cabeza otras mil conversaciones más apetecibles con niños. Pero lo siento, es inevitable: algún día tendremos que hablar con ellos de la muerte.…

El duelo por el parto que no tuvimos

El duelo por el parto que no tuvimos

Cuando ya eres madre, el parto de alguien muy cercano es una removida. A menudo en forma de nerviosismo: sabemos que está de parto y pasan las horas y no llega esa esperada foto de madre y bebé con el mensaje de «Martina ya ha nacido, ha pesado 3,500 (¿por qué siempre decimos el peso?) y somos muy felices». Cuando digo alguien cercano quiero decir alguien MUY cercano: una hermana, una amiga a quien queremos mucho, una cuñada, etc. Otras veces lo que sale es ilusión: estamos contentas y como si flotásemos porque está a punto de nacer alguien a quien querremos mucho. Porque seremos tías, o casi, de un bebé que intuimos que amaremos.

Y de repente, ves la luz

Y de repente, ves la luz

Hace cuestión de un mes empezaste a decir que me echabas de menos. «Hoy he llorado en la escuela porque quería estar contigo» o «no te vayasss…» y esas cosas. Yo, convencida de que era por mis fines de semana en la radio, que nos dejaban muy poco tiempo juntas, me convencí que era normal y que pasaría después que vieras que ya no iba más. Pero me equivoqué. No era eso.

Por la existencia

Por la existencia

Ramona tenía 67 años y un cáncer que la mataba. Los médicos le habían dicho que lo tenía en el pulmón derecho y también en los huesos y que el pronóstico más que malo, era fatal. Sin embargo, ella siempre había oído decir a su madre que no mata el mal sino la hora y ella, Ramona, estaba convencida de que si tenía que morir ahora, daba igual que el motivo fuera un cáncer o un accidente de autobús: le había llegado la hora y punto. Ella lo tenía clarísimo y aunque parecía que en el hospital todavía querían hacerle mil cosas para que se medio recuperara, ella sabía que de esta, no saldría adelante. Su hijo José le decía que hiciera el favor de no abandonarse a la enfermedad, que tenía que luchar, que aún era joven y que la actitud, en estos casos, era fundamental. Cuando le decía estas cosas, a Ramona se le rompía el corazón, porque no podía dejar de pensar que cuando ella muriera, su hijo se vendría abajo y ella ya no estaría para ayudarle. Esto era lo que llevaba peor. Eso y no ver crecer a su nieto Nil, de un año y medio, que era su perdición.