Y un día, se adaptan

Y un día, se adaptan

Este no era el post que tenía que publicar hoy. Pero a veces la vida te da sorpresas, cosas que no te esperas y que cambian los planes. Esta es una de ellas: ya sabéis que desde el 12 de septiembre, acompañamos mi hija en el proceso de adaptación a la escuela, algunos días yo y otros su padre. Podéis ver los posts «ADAPTACIONES REALES ¡YA!» o «VIVO EN LA CLANDESTINIDAD» donde hablo de todo ello, para los que no sepáis la historia.

Laia ha ido contenta a la escuela desde el primer día: tle apetecía mucho y además, no tenía que sufrir porque su madre no se iba. Las primeras semanas fueron duras: sobretodo para mí. Ver tantos niños llorar desconsoladamente cuando se iban sus padres se me hizo muy difícil.

Vivo en la clandestinidad

A veces me siento como si estuviera viviendo en la clandestinidad, como si buena parte de mi vida la estuviera viviendo en una especie de secreto permanente… La clandestinidad ha ido aumentando en la misma proporción que Laia se ha ido haciendo mayor: cuando era pequeña todo el mundo veía «normal» que le diera el pecho, ahora no. Cuando era pequeña todo el mundo veía «normal» que durmiera en nuestra habitación, ahora no. Cuando era un bebé todos veían «normal» que le respetásemos sus procesos evolutivos y de aprendizaje, ahora ya no tanto.

¿Hay que obligar a los niños a pedir perdón?

¿Hay que obligar a los niños a pedir perdón?

Seguro que muchas veces habréis oído alguien decir a sus hijos: «pídele perdón». Dicho así es una orden, una obligación y el niño sólo puede optar entre decirlo y por lo tanto hacer caso a sus padres o pasar de todo y llevarse una buena bronca. Pero aunque lo diga, no estaremos seguros de si lamenta lo que ha pasado, porque no ha salido de él/ella… No soy partidaria de decir a los niños que pidan perdón. Soy partidaria, en cambio, de que entiendan qué significa, y para que esto ocurra, tienen que ver que nosotros pedimos perdón. El perdón debe ser algo habitual en casa, en su entorno. Hay adultos que no piden nunca perdón, ni a su pareja, ni a quien sea que hayan podido ofender y mucho menos a los niños. Como si pedir perdón cuando hacemos algo mal, cuando nos equivocamos, aunque sea con la mejor de las intenciones, sea rebajarnos. Como si fuera una mancha en el expediente de nuestro propio orgullo.

Canvi de ritme

Entro de «novata» en este nuevo mundo de llevar una hija al cole y lo primero que me choca es el cambio de ritmo. Yo, que después de parir estuve felizmente 2 años sin trabajar, yendo al ritmo que Laia y yo necesitábamos, durmiendo hasta las 11 de la mañana si era necesario, durmiendo siestas cuando queríamos… de repente me encuentro que los ritmos cambian. Y sí, lo sabía, no me quejo. Sólo digo que no pensaba que me chocara tanto.

Avui començo una cosa nova!

Hoy Laia empieza la escuela y yo empiezo… algo nuevo. No sé cómo se dice cuando a ti también te cambia la rutina, los ritmos, etc, porque tu hijo empieza una nueva etapa… Yo empiezo también eso, una nueva experiencia, una nueva fase. Después de tres años de estarla criando con su padre, y con la ayuda de abuelos y una canguro que vale un imperio, hoy a las nueve de la mañana los tres entraremos por la puerta de la escuela. El lugar donde a partir de ahora Laia también pasará muchas horas de su vida.

10 consells per l'etapa d'adaptació

1. Fuera expectativas: lo de «mi hijo es muy sociable, seguro que le gustará ir» o lo otro de «espero que la adaptación sea fácil porque él no llora nunca cuando lo dejo con alguien»… Lo que hemos vivido hasta ahora puede no tener nada que ver con lo que viviremos a partir de ahora. Es una nueva etapa, y recibámosla como tal. Seamos abiertos. No esperemos nada y no habrá nada de lo que frustrarnos.

Querido septiembre

El verano ha sido… potente. Caluroso, movido, agradable, estresante a ratos y aunque ha habido algunos momentos durillos, ha sido un verano feliz. Me gusta vivir en un lugar donde el año tiene estaciones, y donde el verano, el otoño, el invierno y la primarvera se notan y no son sólo palabras. Me gusta el verano porque rompe la rutina, porque hacemos muchas cosas que no hacemos durante el año, porque los días se alargan y porque el calor, los primeros días, me llena. Pero también me gusta el verano porque se acaba. Porque ya estoy harta de temperaturas altas, de que no corra el aire, de acostarme demasiado tarde, de demasiada poca rutina, de que el día sea tan largo, de que Laia quiera marcha cada día,… y sobre todo, tengo ganas de empezar esto que comienza cuando llega septiembre.

Aumento de ratios

Toda la vida he estudiado en escuelas públicas. Recuerdo cuando cursaba EGB en una clase de 30 alumnos y algunos años incluso 32 niñ@s en el típico pupitre incómodo con un cajón debajo de la mesa donde guardábamos los libros que no necesitábamos. Recuerdo el afán de mis profesores en hacernos memorizar lecciones enteras de naturales o de historia… Muy…

A la búsqueda de cole

Gente sin hij@s y con ganas de tenerlos: el día que entréis en el maravilloso mundo de las preinscripciones escolares alucinaréis. Es lo que me está pasando a mí desde el primer día que puse el pie en este fantástico mundo de buscar e intentar encontrar una escuela donde tu hij@ pueda entrar. ¿Que parece fácil? Pues no, no lo…

Puertas abiertas

Las palabras «puntos», «zonas», «preinscripción» han entrado a formar parte de nuestra vida como padres noveles que somos de una niña que pronto cumplirá tres años. El otro día fuimos a ver la escuela donde nos gustaría que fuera nuestra hija el año que viene. Ya sabíamos que nos gustaría y no decepcionó nuestras expectativas. Hasta aquí todo bien; encuentras…