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Fe y convicción

Digamos que ha pasado hoy, pero que puede pasar (y ha pasado) otros días (sobretodo si durante el día ha habido mucho ajetreo): La mayor me pide que hoy la acueste yo, que le apetece que charlemos y estemos juntas y solas. Vale. Pero la peque tiene mucho sueño así que le digo que empiece con su padre y que cuando yo haya acostado a su hermana, voy enseguida. La peque se duerme al cabo de un cuarto de hora aproximadamente y voy a la habitación a relevar a mi marido.

El caminador

Estábamos con Lua sentadas en un banco delante de un CAP dando teta. Paró un coche justo delante y salió una mujer de unos 60 años. Fue hacia la otra puerta para ayudar a salir al que deduje que debería ser su padre. Sacaron un andador del maletero, el bolso, una maleta, las chaquetas y tardaron un buen rato en tenerlo todo listo para empezar a andar. Era todo engorroso, complicado, con el andador, el hombre que apenas se mantenía en pie, y su hija (o no), intentando ayudarle con las manos llenas de cosas que tenía que sostener.

Amarte

Amarte. Amarte desde el fondo. Amarte con la piel y con los huesos. Amarte, por primera vez, desde la invisibilidad de lo que sólo se piensa. Amarte desde el tacto, después: benditas manos, que podían tocarte. Amarte por todo y por nada. Porque no puedo hacer otra cosa, porque con esto, no hay escapatoria.

Dividir-se

Hay momentos (pocos, por suerte), en los que me queréis las dos, me necesitáis las dos. Hay momentos en que no s parece bien otra opción para que yo pueda llegar a vosotras: esperar un momento, quedaros con papá mientras atiendo a la otra…. No os vale nada, sólo yo. Y me queréis y necesitáis con la misma fuerza: con edades diferentes, por motivos diferentes y con comprensión a diferente nivel de todo lo que está pasando, pero me necesitáis las dos, a la vez, y me queréis sólo para vosotras.

La placenta

La placenta

Agosto de 2009. Entramos en el hospital con el plan de parto bajo el brazo donde decía, explícitamente, que queríamos que nos dieran la placenta. No conocía mucha gente que lo hubiera pedido pero teníamos claro que no queríamos que lo que había permitido que Laia creciera fuerte y sana dentro de mi vientre terminara en un contenedor. Debía tener un final más digno, después de todo lo que había hecho por nosotros. Y así, esa placenta terminó en el congelador de casa esperando su momento. Mi primera cesárea había sido un revés del que me costó un poco recuperarme emocionalmente y el día a día con un bebé era tan intenso, que no tenía ni tiempo ni ganas de pensar en qué teníamos que hacer con la placenta a partir de entonces. Pero todo llegaría.

No sé si a tu et passa

No sé si a ti te pasa, pero ahora que soy madre de dos y que vuelvo a estar en plena vorágine criando, no echo de menos ni ir a cenar con las amigas, ni ir a bailar, ni viajar (bueno, esto un poco), ni… sólo echo de menos a mi marido, mi compañero, mi amante… Porque en esta vorágine, a ratos es difícil incluso tener un momento para mirarnos a los ojos, para re-encontrarme en él, para re-encontrarse en mi. Porque cuando uno acuesta a una niña, el otro acuesta a la otra, porque cuando uno baña a las niñas, el otro hace cenas, porque cuando uno lleva al cole, la otra da el pecho… y así un día y otro.

Quan vius a flor de pell

Cuando mis hijas sean mayores sé que habrá momentos de su crianza que no recordaré, y en cambio, sé que otros los tendré grabados en la memoria para siempre. Este fin de semana he tenido dos momentos de éstos, de los que me parece que recuerdas aunque pasen cinco años, y diez, y veinte. Estoy puérpara. Hace sólo 8 meses que volví a ser madre y eso quiere decir que no tengo filtros, que todo lo vivo sin corazas.

Ara fa un any…

Son las 6:40 de la mañana y escribo en las notas del móvil en pleno insonnio. Hace un rato, daba el pecho a Lua y se me hizo consciente que fue por estas fechas cuando me quedé embarazada de ella. Ahora empieza aquella época, que dura nueve meses, en la que vas recordando «hace un año me quedé embarazada. Hace un año fuimos allí y yo tenía una barriga así. Hace un año hicimos esto y noté a Lua por primera vez…….», y así sucesivamente hasta cuando tendrá 1 año y recordaré el minuto a minuto de su parto.

El meu moment

Hace muchos días que me muero de ganas de escribir y no sabéis qué es que las palabras se te amontonen en la cabeza y no tengas ni un segundo para escribirlas! Últimamente me estoy acostumbrando a escribir en las «notas» del móvil con una mano mientras con la otra sostengo a Lua que duerme encima mío o mama… Pensaba: «lo primero que tendrás que hacer en el blog es explicar el parto y todo el que pasó después”, y os prometo que durante días lo he intentado. Pero no me sale. No me sale. Incluso algún día me he sentado delante del ordenador (¡milagro!) intentando escribir alguna raya sobre el nacimiento de Lua pero soy incapaz. Todavía no puedo. Y no sé si es porque aún no me apetece, o si porque el día a día se me come con cosas también muy importantes para explicar que tengo más ganas de compartir. No lo sé. El caso es que he decidido que dejo de agobiarme con esto. El día que menos me lo espere empezaré a compartir todo lo que pasó entonces y ya no podré parar. Seguramente será cuando esté lista para ponerlo todo en su sitio, volver a entrar en ello y volver a revivirlo.

La Lua ya está aquí

Una entrada breve para anunciar que Lua nació el 10 de abril, un jueves poco después de las 16 de la tarde… Nació después de muchas horas de parto (no digo cuántas porque en el fondo, no tiene ninguna importancia) y de intentarlo todo para que saliera vaginalmente. Pero no pudo ser. El parto que yo quería no pudo ser y la Vida me tenía preparados otros planes. Aquella tarde del jueves me hacían la 2ª cesárea de mi vida, otra vez, necesaria. Pero esta vez algo cambiaba y conseguíamos estar los tres juntos en el postoperatorio, con Lua piel con piel, primero con su padre, y justo después conmigo. Me miraba con aquellos ojos abiertos, ojos de persona que lo sabe todo. No la oímos llorar de toda la tarde. Sólo estaba despierta, activa, paciente, serena, feliz. Reptó hasta el pezón y comenzó a mamar. Euforia absoluta, después de tantas horas de trabajo de parto, después de una segunda cesárea…