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Gestionar la ausencia

El sábado asistí a la jornada de Dona Llum “Del embarazo al puerperio, apoyo emocional contínuo para madre y bebé” y de todo lo que se dijo, lo que más me llegó, fue un concepto mencionado por la antropóloga Serena Brigidi: La gestión de la ausencia. Más allá del contexto en el que ella hablaba, estas palabras han ido haciéndome “runrun” todo el fin de semana. Hace muchos años, una persona que había perdido hacía unos meses a su madre, me decía que en ningún momento desde su muerte la había sentido «cercana», entendiendo como cercana el hecho de sentirla presente, próxima, en conexión y eso le provocaba un vacío inmenso. Ese día pensé que no me gustaría sentir lo que ella sentía ni tampoco que mis hijos (si un día llegaban), experimentaran esto después de mi muerte.

Colònies, sí o no?

Cuando los padres entramos en el mundo de la escolarización de nuestro hijo tarde o temprano nos encontramos con las deseadas o odiadas colonias. Y digo deseadas o odiadas porque la percepción que tendremos de ello estará, en buena medida, condicionado por nuestra experiencia con esto de ir de colonias o de campamentos cuando éramos niños. Por tanto, es importante que cuando nos topamos de bruces con este mundo, seamos conscientes de cuál fue nuestra vivencia para ubicarla en el lugar que le corresponde y tratar de que no tiña el momento actual y menos, la vivencia del nuestro hijo.

¿No os pasa?

La semana pasada Lua estuvo enferma. Tuvo fiebre unos días y me di cuenta que a pesar de que la experiencia es un grado y tienes otra manera de afrontar estas cosas, por más tiempo que pase no me acostumbro. No me gusta que mis hijas no estén bien y es curioso que por más que sepa que lo que tienen es una tontería, hay algo dentro de mí que me hace salir la madre protectora-leona-quétengoquehacerparacuraros y que me haría mover cielo y tierra para verlas bien.

Etapes

De la misma manera que conscientemente decidimos tener una hija y luego una segunda, ahora también, conscientemente, hemos decidido no tener más hijos. Sentimos que somos los que teníamos que ser, una sensación que no tuvimos después del nacimiento de nuestra primera hija porque ambos notábamos que todavía faltaba alguien. Ahora no. Ahora tenemos la certeza de que nuestra familia está completa. Y así, con esta decisión consciente fruto de un sentimiento tan sutil y a la vez profundo, me encuentro cerrando etapas.

Qué difícil es

Qué difícil es a veces ser madre. (Y lo digo así, de entrada, para que nadie diga que nunca avisé). Qué difícil es no enfadarse cuando delante tienes a tu hijo que hace exactamente lo contrario de lo que querías que hiciera. Qué difícil es no tomártelo como una ofensa, decirte «no es nada personal, es pequeño». Qué difícil es toparse con su rabia incontrolada, su estallido de emociones, su malestar que todo lo tumba. Qué difícil es acompañarlo de cerca, agacharse, no juzgar, callar. Porque… es muy difícil conseguir detener las frases que se amontonan en el cerebro y que luchan a ver cuál es la más gorda y quieren salir por tu boca y herir, herir igual que te están hiriendo ti. Qué difícil es mantener la boca cerrada y no decir ninguna tontería de la que luego, seguro, (lo sabes) te arrepentirás.

El ruido y los niños

El ruido me agobia, me irrita. Es cierto que cuanto mayor me hago más me gusta el silencio y más me molesta el ruido, pero recuerdo que de pequeña me agobiaban los lugares donde había demasiado ruido. Tengo el oído sensible y los lugares con mucha estridencia, directamente, me ofenden y es como si algo físico me empujara a irme, no lo puedo soportar. Cuando Laia era un bebé, nos dimos cuenta de que cuando entrábamos en alguna tienda, casa o lo que fuera con ruido, se ponía a llorar. Sí, lo hacen muchos bebés, es cierto. Pero Laia lo hacía mucho.

Dormir o no dormir, esta es la cuestión

En casa tenemos una cama enorme. La nuestra, de 1,50 más otra al lado de 90 y una cuna hecha por el abuelo de las niñas en el otro. Total, que tenemos una cama que de punta a punta hace casi 3 metros! Laia, a lo largo de estos 5 años y medio, ha dormido la gran mayoría del tiempo con nosotros y a épocas, sola en su habitación. Hace unos meses volvió a su habitación y al principio dormía francamente bien, pero llegó septiembre, octubre y poco a poco se fue despertando más. Primero una vez, luego dos, y algunas noches, hasta tres veces en que nos quería con ella hasta que se volvía a dormir. Tenía miedo, (suponíamos) y nos quería allí.

11 Consejos para un puerperio y una crianza feliz

11 Consejos para un puerperio y una crianza feliz

Cuando tenemos un bebé, las primeras semanas y meses de crianza pasan a una velocidad vertiginosa. Todo se acumula: la felicidad, el amor por este bebé que cada vez interactúa más, el aprendizaje en esto de ser madres/padres… Pero también las noches de despertares, las horas de bebé en brazos o en el fular, la entrega ininterrumpida, etc. y el cansancio. El cansancio, que para mí es el peor enemigo de la crianza feliz. Porque cuando vamos cansados lo vemos todo negro, nos cuesta pensar con claridad, nos hablamos de cualquier manera, no tenemos ni ánimo de estar un rato con la pareja por la noche porque nos quedamos dormidos a la primera de cambio.

Tener hijos: ¿Dónde me he metido?

Que levante la mano quien alguna vez, a lo largo de la crianza de los hijos, no haya pensado “¿dónde me he metido?» y haya tenido tentaciones de empezar a correr. Las circunstancias pueden ser diversas: después de un parto terriblemente complicado, en una noche de llanto de bebé que parece que no se vaya a terminar nunca, la primera vez que está enfermo y no sabemos qué tiene, ni qué hacer… en la etapa de las rabietas por todo, etc. Cada uno tendrá aquel momento en que sintió que no podía más, que aquello era horroroso, que no podría sostenerlo y salir adelante.

El amor se multiplica

Por más posts que escriba, nunca podré describiros cuánto me gusta tener dos hijas. Cuando estaba embarazada, algún día me surgieron las típicas dudas de mujer a la que las hormonas le juegan malas pasadas. Recuerdo un día que dije “¿y si luego no soy feliz? ¿y si no somos felices?»A ratos (muchos), me costaba imaginar cómo sería tener a Lua en casa. Las amigas (prácticamente todas con 2 o más hijos) me contaban como era; que no paraban, que cuando no dormían por uno, no dormían por el otro, y mil cosas más. Y yo les decía “¿queréis hacer el favor de dejar de asustarme?» para luego decirme «no, ¡si es muy chulo!» y nos reíamos.