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Estres postraumático

Busco la definición que más encaja en mi historia y es esta: «se trata de un acontecimiento en la vida del sujeto, una experiencia vívida que aporta, en muy poco tiempo, un aumento tan grande de excitación en la vida psíquica, que fracasa toda posibilidad de elaboración». Esto es lo que me pasaba a mí. Me había estresado tanto todo lo que había pasado esa semana (dormir tan poco, sentir tantas cosas y tener tan poco tiempo para elaborar todo lo sucedido) que una vez en casa llegó el estrés.

Estemos atentos

¿Cómo va el inicio escolar? Estos días tenemos que estar, si se puede, aún más atentos a nuestros hijos. Escuchar qué nos dicen pero sobre todo, qué NO nos dicen. Imaginemos que tenemos un hijo en etapa preverbal, o sea que todavía no nos puede explicar qué le pasa o qué le ha pasado en la guardería… ¿En qué fijarnos? ¿Qué nos dirá cómo llevar este cambio brutal para él como es ir a la guarde o al cole?

No se cuando…

Os juro que intento encontrar un momento para escribir pero he empezado a ver que es bastante imposible. Mira que tengo la cabeza que me hierve, de frases, de textos, de temas… y que me muero de ganas de plasmarlo todo sobre el papel. Pero hay una pequeña Lua que quiere piel, brazos, leche… y todo esto no lo puedo hacer delante del ordenador. O sí que podría, si fuera indispensable, pero no me apetece hacer dos cosas a la vez, y una de tan importante como maternala. O sea que me he abandonado a lo que es y ya no lucho por encontrar un momento.

La caca

Algo que suele chocar mucho a las personas que no tienen hijos es escuchar a otras (que sí los tienen), hablar sin ningún tipo de reparo de las cacas de sus niños y niñas. Les sorprende con qué facilidad, con qué asiduidad y con qué fluidez madres y padres noveles hablan de caca: de qué color tenía, de qué consistencia, de cuántas ha hecho hoy, de cómo las hizo ayer… Y esa persona sin hijos de repente se siente desplazada «¡Nunca le había oído hablar así! ¿Pero cuándo me han cambiado el amigo?» y llegan a casa y le dicen a su pareja (con quien todavía no tienen hijos y no saben si los tendrán)… «Si algún día tengo un hijo, nunca hablaré de sus cacas» como lo hacen las madres del trabajo, o del grupo de amigos, o de donde sea!

Hoja de ruta

Hoja de ruta

Si algo me fascina de los niños (y de las personas) es que no hay ni uno igual. Vivimos en un mundo donde parece que todo tenga que tener hoja de ruta y donde ésta debe estar trazada mucho antes de comenzar el viaje. Con los hijos esto no funciona porque todos llegan sin hoja de instrucciones y cada uno viene con su propio mapa. Un mapa que parece vacío, en blanco, y que los padres tenemos que ir intuyendo qué se dibuja en él.

Ventajas del segundo embarazo

A menudo existe la costumbre de decir que el embarazo de un segundo hijo es peor que el del primero. En parte es normal, porque las mujeres vamos más cansadas ya que tenemos otro hijo que nos reclama atención y antes eso no pasaba. Descansábamos cuando queríamos y teníamos más tiempo para mirarnos nuestro ombligo y el del hijo que gestábamos. Pero sinceramente, gestar un segundo hijo tiene muchas ventajas. O al menos, así lo vivo yo! Y hoy os las quiero contar.

Reconocer que, a veces, no podemos más

Reconocer que, a veces, no podemos más

A veces cuesta reconocer que en determinados días o mejor dicho, en determinados momentos, empezaríamos a correr y no pararíamos. Cuesta aceptar que por muy fantástico que te parezca ser madre, hay momentos en que tirarías la toalla, dirías «hasta aquí, no puedo más, no sé hacerlo mejor», y volverías a correr. Los hijos tienen la maravillosa y sorprendente capacidad de sacarte de quicio. Sólo el tuyo sabe hasta dónde estirar la cuerda para que llegues a ese punto donde no te gusta nada llegar: al de enfadarte, al de hacerte cuestionar todo lo que haces, todo lo que has hecho, todo lo que vas a hacer… Sólo tu hijo sabe tocar esa tecla que te remueve por dentro hasta tal punto que te hace pensar cosas del estilo «esto no lo aguanto, yo no lo soporto más, no sé qué hacer contigo, soy muy mala madre, esto es un desastre, no sirvo, me voy, lo dejo!». Como si esto de ser madre o padre pudiera ser algo como para «dejarlo»! 😉

Fusió

He llegado muy tarde de trabajar y hoy estamos solos tú y yo en casa. Tu padre y tu hermana han ido a dormir fuera. Mañana por la mañana iremos allí donde están ellos para pasar juntos el día. Me gusta sentirte, quería decírtelo. Te siento constantemente cerca, me siento constantemente acompañada y esta sensación, ya me pasó con Laia, me gusta. Estamos de 8 semanas, dijo el ginecólogo, y resulta que haces un centímetro, que tienes un corazón fantástico y precioso que late rápido y que creces sin cesar dentro de mí.

El viatge

Escribo en el silencio de una tarde de últimos de agosto que parece más de otoño que de finales de verano. Cuando hago esto, escribir, me siento en conexión contigo, quizás por eso he vuelto a tener esa necesidad imperiosa de re-encontrarme de nuevo cada día con el ordenador a solas. Es como si este tiempo fuera sólo nuestro, ahora, cuando puedo plasmar en una pantalla lo que siento, lo que experimento desde que estás aquí. Lo mismo que me pasaba con Laia y me ha pasado durante muuuucho tiempo. Ahora, la diferencia con ella, es que todo lo que le quiero decir se lo digo, y me entiende, y podemos hablar, y esta conexión ya no es sólo en silencio.

Torno… embarassada!

Nunca había parado de escribir en el blog durante todo un verano. Esta ha sido la primera vez. Como sabéis, en febrero de este año os comuniqué que no quería que el blog me supusiera ningún peso de ningún tipo; quería escribir cuando sintiera el deseo de hacerlo, quería publicar cuando tuviera algo que decir, y al mismo tiempo, quería también entregarme a la vida 1.0, ahora que me sentía más “hacia fuera” después de los muchos cambios que ha habido este año.