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Rabietas: «Le dura un momento»

Rabietas: «Le dura un momento»

Cuantas veces hemos escuchado: “llora como si le mataran, pero al cabo de nada de irte, ha dejado de llorar y se ha puesto a jugar”. A veces, estas frases pueden hacer pensar que en realidad, al niño no le pasaba nada, porque si le pasara algo muy grave, no dejaría de llorar. ¿Es así? Pues no necesariamente… Algunos creen…

Qué difícil es

Qué difícil es a veces ser madre. (Y lo digo así, de entrada, para que nadie diga que nunca avisé). Qué difícil es no enfadarse cuando delante tienes a tu hijo que hace exactamente lo contrario de lo que querías que hiciera. Qué difícil es no tomártelo como una ofensa, decirte «no es nada personal, es pequeño». Qué difícil es toparse con su rabia incontrolada, su estallido de emociones, su malestar que todo lo tumba. Qué difícil es acompañarlo de cerca, agacharse, no juzgar, callar. Porque… es muy difícil conseguir detener las frases que se amontonan en el cerebro y que luchan a ver cuál es la más gorda y quieren salir por tu boca y herir, herir igual que te están hiriendo ti. Qué difícil es mantener la boca cerrada y no decir ninguna tontería de la que luego, seguro, (lo sabes) te arrepentirás.

Cuando lo hacemos fatal

Cuando lo hacemos fatal

Todos tenemos días malos. Absolutamente todos. Las madres, los padres, los hijos, los vecinos, los amigos, los maestros, los abuelos… Todos, sin excepción, tenemos un día u otro que parece que hayamos pisado mierda apenas levantarnos y es como si todo empezara a ir al revés. Normalmente, si buscamos bien, siempre encontraremos, muy cerquita, un motivo de componente emocional.Por ejemplo y sin ir más lejos: Yo. El padre de Laia está fuera unos días de viaje y yo empiezo a tener muchas ganas de que vuelva. Cuando él no está, lo he dicho más de una vez, me cuesta conciliar el sueño con la facilidad que lo hago cuando lo tengo al lado. Es así, no lo puedo evitar.

Los celos entre hermanos: cómo abordarlos

Los celos entre hermanos: cómo abordarlos

En primer lugar, espero no decepcionar a nadie si digo que todos los niños tienen celos. Sí, todos, sin excepción. Celos de hermanos o del padre, o de que sus padres se abracen, o de los abuelos, o de un primo, o de un amigo que un día viene a jugar a casa… Digo tan contundentemente que todos los niños tienen celos como que todos los niños en algun momento sienten enfado, rabia, alegría, felicidad, tristeza infinita, miedo… y un sinfín de emociones más. Con los celos pasa algo estraño y es que muchas veces no queremos verlos. No queremos aceptar que nuestro hijo mayor siente celos, o el pequeño, da lo mismo. Queremos pensar que no los sienten porque no queremos ver que sufren por algo que, de alguna forma, hemos provocado nosotros: que tengan un hermano. O sea que entonces pasan esas cosas como por ejemplo encontrarte a alguien conocido por la calle que acaba de tener a su segundo hijo y te comenta: “muy bien, oye, el mayor no tiene nada de celos, en absoluto”. Al cabo de un tiempo os volvéis a encontrar y te dice “continuamos estupendamente, ninguno de los dos tienen celos, se quieren con locura… Sí que por la tarde están muy demandantes y lloran sin motivo muchas veces, pero celos, ¡ni hablar!”. Y yo digo… vaya, qué raro que estos niños no sientan nunca celos el uno del otro teniendo que compartir lo que más quieren, o sea, sus padres!

Los retos de la crianza de los hijos

Los retos de la crianza de los hijos

Todos intentamos criar nuestros hijos todo lo bien que podemos y sabemos de acuerdo con nuestras capacidades, con nuestro bagaje y con nuestra información y conciencia. Todos queremos que sean felices y de alguna manera, nos fijamos este objetivo a pesar de que muchas veces no acabamos de tener claro que quizás un día serán felices pero no habrán respondido, en absoluto, a nuestras expectativas.

Porque por más que intentemos no tenerlas, a menudo los padres tenemos expectativas respeto a los hijos. Queremos, esperamos, deseamos y a menudo proyectamos demasiado hacia ellos. A veces incluso, hay padres que viven su vida a través de la de ellos y un tropezón del niño en 1r de ESO lo viven como si fuera el suyo propio. Criar los hijos no es fácil, esto ya lo sabemos, pero hoy me apetecía hablar de una cosa que veo demasiado a menudo y es que muchas veces no estamos preparados o nos sorprende muchísimo que nuestro hijo tenga su propio carácter.

El pollastre

Atención padres que tenéis hijos pequeñitos o personas que deseáis, algún día, tenerlos. Hoy os contaré el sentido de la palabra POLLO, más allá de lo que algún domingo compramos para comer asado y con patatas… Cuando tienes hijos esta palabra adquiere otra dimensión, sin duda, y hay que estar preparado, porque los pollos te pueden acosar cuando menos te lo esperas, y os lo aseguro: no son nada agradables. Os cuento todo esto porque primera, los sabréis reconocer cuando ocurren, y segunda, porque de esta manera, ya no os pillará desprevenidos y diréis… «Ah, vale, es lo del Pollo que decía Miriam…».

La frustració

Cuando hablamos de niños pequeños e incluso de bebés, a menudo aparece la palabra frustración. Hay quien opina que los niños deben acostumbrarse a la frustración ya de muy pequeños, porque así lo asumirán como algo más natural… y por eso muchas veces no se atienden las necesidades más primarias de los bebés, de contacto, de calor, de compañía, de fusión, en definitiva. Hay quien sí las atiende pero un buen día considera que ese niño ya está preparado para empezar a vivir frustraciones y entonces es como si tuviera que darse cuenta de que la vida es dura y que más vale que lo sepa desde ya. Hay quien no quiere que un hijo se frustre nunca y hace lo imposible para que no llore, para que no se enfade, para que no rabie e intentan que lo que «no podía ser», sea. Y luego están los términos medios, y quienes navegan intentando no equivocarse demasiado.

Carta de un hijo a su madre

Carta de un hijo a su madre

Hijas, a veces me gusta imaginar qué nos diríais, los niñ@s de vuestra edad, si pudierais: si tuvierais las herramientas, el lenguaje y no tuvierais miedo de decepcionarnos… A veces, me imagino cosas como esta… «Mamá, cuando estás conmigo, me gusta que estés presente: que no hagas diez cosas a la vez y que no me hables mientras estés pensando otras cinco.…

¿Por qué sólo a mi?

Cuántas veces he oído madres que dicen: «las rabietas fuertes sólo me las hace a mí» o «cuando está su padre eso no lo hace nunca, sólo cuando estoy yo», o «en casa de los abuelos me dicen que es un sol, pero cuando lo voy a recoger, ¡me monta unos pollos…! Con las ganas que tengo de verlo…» El…

Puedes enfadarte

El salón es un campo de minas, con cuentos, juguetes, muñecas y ceras de colores esparcidas por todas partes. Es hora de recoger; ya se ha terminado el juego, es hora de ponernos en marcha, ducharnos e irse a una “calçotada” típica catalana. Ella está contenta, es domingo y estáis todos en casa. Comentas que hay que recogerlo todo antes…