#17N

#17N

Estoy contenta. Ha llegado la hora. Hace muchos meses, diría que todavía no había ni empezado el verano, por la red fue surgiendo un run-run de que la vida 2.0 estaba muy bien, pero las madres y los padres que hacemos esto de escribir sobre maternidad, paternidad y crianza en la red, también queríamos vernos, encontrarnos, tocarnos, saber quién éramos…! Hubo una valiente, Mònica, que lo puso todo en marcha y nos dijo “reservaos el 17 de noviembre”. Todo el mundo se emocionó pero claro, faltaba tanto para llegar aquel día todavía… que aquello quedó allí, mientras seguimos con nuestras vidas. Pero Mònica, que es una tía curranta como la que más, no paró y organizó un súper evento de todo el día para bloguers y sus familias.

NO!

La Rita no havia dormit gaire bé. Havia tingut molts malsons i en dues ocasions s’havia despertat sobresaltada, angoixada i gairebé suant. “Sort que és només un somni. Deuen ser malsons d’embarassada”, havia pensat quan havia obert els ulls. Però des que s’havia posat de peus, des que s’havia llevat que tenia una sensació estranya. No es trobava malament ni estava trista per res. Era només alguna cosa que ella no hauria sabut explicar, com una sensació molt llunyana i lleugera de què alguna cosa no anava bé.

Rita no había dormido muy bien. Había tenido muchas pesadillas y en dos ocasiones se había despertado sobresaltada, angustiada y casi sudando. “Suerte que sólo era sueño. Pesadillas de embarazada, supongo”, había pensado cuando había abierto los ojos. Pero desde que se había levantado, tenía una sensación extraña. No se encontraba mal ni estaba triste. Era sólo algo que ella no habría sabido explicar, como una sensación muy lejana y ligera de qué algo no iba bien.

Des-ubicado

David había salido de casa con prisas porque ya llegaba tarde. Había dejado durmiendo en el sofá a Irene, su compañera, y a Max, su hijo de dos meses, que se resistía a soltar el pezón de su madre. Estaban de foto, había pensado mientras se ponía la chaqueta. Él, antes de salir, había recogido la cocina y había puesto una lavadora. Cuando miró el reloj soltó un «mierda», porque era muy tarde. Su hermana lo mataría, pensó. Habían quedado en una cafetería del centro a las cinco para, después, ir a comprar el regalo de su padre, que aquel domingo, al día siguiente, cumplía 70 años.

Casas con niños

Casas con niños

Sabes enseguida, cuando entras en una casa, si allí vive algún niño o no. No sólo por los objetos que que hay allí sino por el aire, por lo que se respira, por algo intangible que te dice, sin posibilidad de equivocación, «aquí vive un niño».

A mí las casas con niños me gustan. Me gusta esa especie de caos que rezuman casi todas las casas donde viven niños que aún maman, niños que gatean, niños que caminan pero que todavía llevan pañal, niños que ya aprenden a leer y escribir, niños que empiezan a ir de campamentos… Son casas donde no todo está en su sitio porque simplemente, es imposible, porque hay alguien pequeño que lo revuelve todo y que tiene otro tipo de orden y lógica de donde va cada cosa. Son casas donde cuando te sientas en el sofá te podrías encontrar, tranquilamente, un coche pequeñín, un muñeco de peluche o un plastidecor medio roto que alguien ha abandonado allí encima cuando decidió ir a buscar cualquier otra cosa…

Entrevista sobre Paternidad Consciente

Cada vez que escribo sobre paternidad, ese post es de los más leídos. Quizás es porque no se escribe mucho sobre el tema (en comparación con temas de maternidad) o quizás porque apetece mucho oír hablar de lo que sienten los padres, de cómo viven la gestación, el nacimiento de su hij@ y su crianza… No lo sé. Pero he querido ahondar sobre la paternidad consciente y en esta ocasión he querido trasladaros una «especie» de conversación-entrevista con el psicólogo Alejandro Busto Castelli (PSICOLOGÍA CEIBE) a quien tuve el gusto de conocer en persona (virtualmente hacía tiempo que nos conocíamos) en la primera edición de CRIANZA EN RED en Barcelona, organizado por la editorial Obstare. Creo que su punto de vista y sus palabras pueden ser útiles: tanto a las mujeres como sobretodo, a los hombres-padres, para encajar un poco más la paternidad dentro de sus vidas, aquel mar de sensaciones y de emociones no siempre bien digeridas… Espero que os ayude y os guste.

El pollastre

Atención padres que tenéis hijos pequeñitos o personas que deseáis, algún día, tenerlos. Hoy os contaré el sentido de la palabra POLLO, más allá de lo que algún domingo compramos para comer asado y con patatas… Cuando tienes hijos esta palabra adquiere otra dimensión, sin duda, y hay que estar preparado, porque los pollos te pueden acosar cuando menos te lo esperas, y os lo aseguro: no son nada agradables. Os cuento todo esto porque primera, los sabréis reconocer cuando ocurren, y segunda, porque de esta manera, ya no os pillará desprevenidos y diréis… «Ah, vale, es lo del Pollo que decía Miriam…».

Confianza en los hijos

Confiar parece fácil pero quizás no lo es tanto. Confiar en la vida, en nosotros mismos y en los que nos rodean, no siempre lo es, de fácil. Hay gente a la que le han hecho tanto daño, o ha sufrido tanto a lo largo de la vida que son desconfiados por naturaleza y no lo pueden evitar. Les gustaría confiar, estar tranquilos, pero siempre desconfían de todo y de todos. No pueden creer que las cosas acabarán saliendo bien, ni tampoco pueden acabarse de soltar y confiar plenamente en nadie…

Nunca tiremos la toalla

Hay momentos en la crianza de los hijos que son difíciles: algunos porque lo son realmente y otros que no lo son, pero los adultos los vivimos como si fueran una auténtica tragedia. Lo peor, sin duda, una enfermedad, pero también etapas que pueden ser complicadas como los principios de la crianza, la adaptación de todos a una nueva vida con hijos, o la fase en que los bebés gritan, o cuando se enfadan muchísimo y nos lo demuestran, o cuando no pueden soportar la separación de los padres, o el proceso de control de esfínteres, o la etapa de terrores nocturnos, o las llamadas rabietas… y podría ir continuando con un largo etcétera. Cada uno vivimos cada etapa no como queremos sino como podemos. En base a nuestras vivencias anteriores, a nuestra consciencia y a la información que hayamos tenido o no sobre aquella cuestión en particular… Y a veces nos preocupamos mucho, muchísimo.

Un diàleg qualsevol

Ella: ¿Qué tal el día, hoy?

Él: Bueno, como siempre.

Ella: ¿Qué quiere decir, como siempre? ¿qué has hecho, a quién has visto…?

Él: Ay, pues no sé… he hecho como cada día, y he visto las mismas personas del trabajo que cada día…

Ella: Muy bien, pues fin de la conversación.

Él: Hombre, no te pongas así… Es que me haces unas preguntas… Cuéntame tú qué has hecho…

Ella: Pues mira, he estado 9 horas con nuestra hija de 4 meses. Por la mañana ha mamado, hemos teteado, hemos salido a pasear, hemos comprado fruta, hemos venido a casa, hemos vuelto a tetear, la he cambiado varias veces,… por la tarde hemos vuelto a pasear, he comprado un poco de carne, hemos vuelto, hemos teteado otra vez, y cambiar otra vez…. Qué, interesante, ¿verdad?

Dos mundos, un mismo momento

La Marina estava cansada, molt cansada. Feia dos mesos i mig que havia nascut el Pere, el seu primer fill i fins al moment no havia dormit més de dues hores seguides. Es notava esgotada, sobretot perquè durant molts dies, al vespre, el Pere plorava i plorava i calia passejar-lo amunt i avall a coll més d’una hora per aconseguir consolar-lo i, malgrat ser tan i tan petit, el Pere deixava clar que qui volia que el passegés era la Marina i no el Quim, el seu pare. Ella ho feia de gust, es veia capaç de sostenir el plor del Pere, però alhora, era com si aquella estona passejant-lo sentint-lo plorar i cridar desconsoladament, se li endugués la poca energia que li quedava. Li havien dit de tot; que eren còlics, que potser es quedava amb gana… però alguna cosa li deia a la Marina que el que li passava al Pere és que li costava adaptar-se. Adaptar-se a la nova vida de bebè que li tocava viure.