Y el segundo, ¿para cuándo?

Buf, no sé ni cuántas veces me han preguntado “Y el segundo, ¿para cuándo?. Al principio, cuando me hacían esta pregunta, sólo de imaginarme con otro hijo, me entraba un nosequé que enseguida decía: “calla, calla, ahora no me lo puedo ni plantear“. Y no es que no quisiera planteármelo, es que tener un hijo cuando yo todavía estaba absolutamente entregada a Laia, me despertaba no sé cuántas veces por la noche e iba agotada, me era totalmente imposible.

Pero claro, los niños crecen y lo que parecía imposible, llega un día que no lo parece tanto. Ahora estoy en esta fase. Ya no me entra urticaria cuando me preguntan “y el segundo, ¿para cuando?“, pero con la mano en el corazón, ahora no me apetece en absoluto. Es como si apenas estuviera empezando a disfrutar de “mi” tiempo, aparte del tiempo “con mi hija” y francamente, es una sensación tan dulce volver a hacer aquellas cosas que ya casi había olvidado, que no quiero ni pensar en dejar de hacerlas otra vez. Puede parecer una tontería pero os aseguro que no lo es.

Entonces, cuando a alguien le expreso esta necesidad de recuperarme a mí misma, mis aficiones, mis anhelos profesionales, etc… llega ese contraataque con el “¡es mucho mejor tenerlos seguidos!“. Y ¿qué debo decir yo? Pues que a mí, no me lo parece, o en todo caso, no lo es para mí.

Hace un tiempo, ante la insistencia de la pregunta del segundo, decidí escucharme y saber qué pensaba; saber qué sentía realmente. ¿Quería un segundo hijo ahora, dentro de poco, dentro de mucho? Y lo que es más importante, ¿quería un segundo hijo? No me hizo falta esperar mucho para saber que la pregunta no tenía respuesta. No sé si quiero otro, pensé… y lo sigo pensando. No lo sé, ahora mismo no lo siento y lo que tengo claro es que no quiero tener ningún hijo “porque Laia tenga un hermanito, porque uno es demasiado poco, porque si son dos jugarán más, para que así cuando sean mayores se ayudarán , porque…“.

Un día, con mi compañero lo hablamos en serio y llegamos a una conclusión: no tendremos más si no sentimos lo mismo que antes de tener a Laia. Si no sentimos ese deseo intenso, precioso y sincero de volver a querer ser padres de otro ser, no tendremos ninguno más. Quien sea que venga a nosotros, si es que tiene de venir, se merece toda la entrega, todo el sentimiento y compromiso que adquirimos cuando decidimos tener a Laia. Esto es lo que sentimos y es lo que haremos… pero claro, explicar estas cosas a alguien que, simplemente, a veces para hablar de algo, dijo aquello de “Y el segundo, ¿para cuando?“, hasta ahora me ha parecido excesivo. Por eso he encontrado ese punto medio y digo: “No lo sé, de momento, no siento las ganas y mi compañero tampoco. Ya se verá “.

En este mismo blog, un día hice un “post” que se titula “TENER HIJOS NO ES OBLIGATORIO“. Pues bien, tener dos tampoco, y aunque parezca también obvio, no lo es porque hay muy poca gente que acaba decidiendo tener un único hijo. ¡Están mal vistos! Será un mimado, un consentido, necesita un hermano y mil cosas más! Pero os tengo que decir que yo tengo amigos y amigas que son hijos únicos y son unas bellísimas personas. O sea que no pasa nada si una pareja decide tener un hijo y no dos. A ojos de mucha gente, un hijo es poco, y tres es demasiado, y entonces les dicen aquello de “¡que valientes! ¡Estáis locos! ¡Madre mía, crían como conejos!” y no sé cuántas tonterías más… Por tanto, como nunca llueve a gusto de todos, lo mejor es hacer sólo lo que nos plazca a nosotros y dejarnos de frases hechas y de comentarios que, bien intencionados, nos hacen llegar la familia, los amigos, los conocidos, los vecinos y los que no conocemos de nada. Marc y yo haremos lo que nos plazca y de momento, lo que nos place es disfrutar de lo que tenemos aquí y ahora.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

6 respuestas

  1. Ostres, m’has fet sentir retratada, és el que et vaig preguntar l’altre dia quan ens vam trobar al carrer. Jo penso com tu, que un segon fill només s’ha de tenir si en tens moltíssimes ganes, no perquè l’altre germà/germana no estigui sol. I jo, a banda de les ganes, em feia gran i per tant, em vaig decidir. Però reconec èpoques d’una sensació de ‘gran mandra’ quan em feien aquesta pregunta. Ho vaig superar i encara ara de vegades, quan veig que creixen tan de pressa, penso que encara m’animaria a un tercer. Aquella sensació de tenir aquelles cosetes tan petites amb tu…. aiiiiiiiiiiiiiiiii. Però ho tinc clar. Amb dos, en tenim prou. O això o l’estabilitat familiar se’n va en orris. Bromes a part, tenir dos, tres, sis o onze fills ha de ser una decisió, com tu dius, de dos i com diria el Mas ‘amb il·lusió.

    1. Montse! No em molesta gens que em facin aquesta pregunta… Jo també la faig, a les mares que tenen un fill!!! És només que últimament, suposo que és perquè la Laia cada dia és més gran, me la fan moltíssimes vegades! I les que em queden… Són preguntes d’aquelles que van amb el pack de la maternitat, no? 😉 Una abraçada… i si t’animes a anar pel tercer, ens avises!!! Petons

    2. M’he sentit molt identificat en tot el que dius. Sembla que si no tens un altre fill de seguida estiguis fent mal a algú! A mi el que em ve de gust és gaudir de l’Aina el poc temps que podem estar junts, i fer-ho junt amb la meva dona, i això ara per ara no és possible amb una altra criatura.

      Petons!

  2. Jo tinc les metéixes sensacions que tu; m’he entregat tan al meu fill aquests primers dos anys que ara que per fi estic trobant altre vegada temps per mi em fa mandra només de pensar-ho a tindre el segon. Tot i que he de dir que m’agradaría molt tornar a repetir l’experiència, però no ara. Tot arriba… o no.
    Petons!

  3. Jo, de moment no en tinc, de nens… PErò penso que si ha d’arribar un segon després d’un primer, crec que es mereix que els pares el desitgin amb la mateixa intensitat que el primer. Crec que s’ho mereix i com dius, si vol venir us ho farà saber.

  4. Miriam,
    Has puesto palabras a mi sentir, y eso que yo aún no he llegado a recuperar ese tiempo para mi… Un hijo es algo sagrado como para parirlo “por obligación” o “para que haga compañía al hermanito” ¡bastantes expectativas inconscientes les ponemos ya como para añadirles una función aun antes de concebirlos.
    abrazos desde el deseo!

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