El mar

El mar a mí me da miedo, no me ha gustado nunca demasiado, ni siquiera cuando era pequeña. Un poco sí, porque hace gracia, sobre todo cuando empieza el verano, pero enseguida me pasan las ganas. Me gusta verlo, me gusta ir, pero con unas cuantas veces al año (no muchas) ya tengo suficiente. Con mi compañero siempre decimos que nosotros somos más de tierra firme y sobre todo, de montaña. Me siento mucho más segura, más arraigada, más tranquila.

Quizás sea porque el mar lo veo demasiado imprevisible y para mí es absolutamente desconocido, un medio que no controlo nada y que. Quizás es porque un día, cuando era pequeña y me bañaba en Tossa de Mar, haciendo volteretas y verticales a la orilla de la playa, un patinete me pasó por encima, y cuando intenté salir asustada del agua y volver a respirar, tenía esa cosa de plástico que no me dejaba sacar la cabeza. Por suerte, el alemán que estaba en el patinete lo vio y estiró el brazo para sacarme, llorosa y medio ahogada. Supongo que aquel susto, la sensación de no poder respirar y estar rodeada de agua, ha tenido algo que ver en mi miedo al mar.

Sea como sea, no he podido evitar quedar impresionada con todo lo que está pasando en Japón. Hoy hace una semana que empezó todo. Laia me miraba con cara de “qué pasa?” y le dije que “el mar se había enfadado mucho”. Me salió así, sin pensarlo. Explicarle que en la tierra hay placas tectónicas y demás era un poco excesivo y tiré por la explicación “fácil”.

Y ahora pienso que quizás sí, quizás el mar está enfadado, el mar y la tierra. Lo entiendo, no es que no crea que les faltan motivos… al contrario, creo que a lo mejor incluso han esperado demasiado a dar el golpe en la mesa. Pero ahora que lo han hecho, y de qué manera, tengo un poco de miedo, me parece. Porque tengo la sensación de que el mar y la tierra, cuando se enfadan, lo hacen de verdad, y quién sabe si la rabieta, les dura mucho….

Lo que parecía terrible (el terremoto y el tsunami), quizás ha quedado corto con todo lo que puede pasar con las centrales nucleares de Japón (y de todas partes, vaya). Me engancho a las noticias, los periódicos, en internet, para seguir tanto como puedo los acontecimientos… Supongo que soy periodista y no lo puedo evitar. Cada vez hay algo peor, alguna noticia aún peor. Después de leer, de ver, de sentir, noto una pena enorme que se ensancha en mi pecho por toda la gente que está sufriendo esta tragedia. Antes ya me pasaba, pero ahora que soy madre, esto ha aumentado de intensidad y siento mucha más empatía, muchísima más.

Entonces pienso en mi hija, en los niños que hay, en los niños que llegan y en los que han de venir. Y me doy cuenta, una vez más, que tenemos que vivir el momento presente teniendo la certeza de que es lo único que tenemos. Parezco una pesada repitiendo esta idea, pero es que desde que tengo a Laia, lo veo más claro que nunca (y sin leer ningún libro de autoayuda!). Lo veo claro y al mismo tiempo veo que es tan difícil… Cuando acaban de nacer ya tenemos ganas de que hagan cosas; cuando empiezan a hacerlas, queremos que gateen; cuando finalmente lo hacen, ya nos impacientamos porque anden; cuando caminan, queremos que corran, y cuando lo hacen, los regañamos porque se escapan demasiado rápido! Cuando maman queremos que coman, cuando comen, añoramos que no mamen. Cuando los tenemos todo el día encima deseamos que sean más independientes y cuando finalmente lo son, nos sabe mal no tenerlos más encima. Y así un largo etcétera que no se acaba nunca, de momentos que no disfrutamos criando, o almenos, que no disfrutamos PLENAMENTE, porque creemos que habrá tantos otros… y sobre todo, porque no somos conscientes de que quizás un día, estos momentos se acabarán, así, de repente. Como les ha ocurrido a tantos japoneses, barridos de un golpe de mar, de mar enfadado.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

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