Respirar

“Aquel” momento

15.2.2012

La vida es una interminable sucesión de momentos, algunos únicos e irrepetibles, otros que se pueden ir reproduciendo a lo largo del tiempo con ciertos matices que los diferencian. Hay un momento que estoy segura que conocéis todos los padres y madres. Os hablo de aquel momento en que hay que tomar una decisión que afecta a tu hij@, y no de si le dejamos tocar nuestro teléfono móvil o de si puede ponerse los pantalones que escoge, sino del momento en que debemos decidir si corremos o no a urgencias.

Es un momento que impacta, sobre todo la primera vez. Es un instante seco, duro, en el que todo va muy deprisa y la mente te hace como una película con los pros y contras. Tu corazón se acelera, empiezas a segregar adrenalina, la boca se te seca y depende de cómo, sientes un pinchazo en la barriga que te obliga a ir directo al baño. Es el miedo, que se te planta delante de los morros para decirte “Estoy aquí”. Ese momento puede ser delicado si no vamos a la una con la pareja, o si estamos solos, o si al lado tenemos alguien que nos hace dudar más aún. Puede ser un momento de nervios en que nos acabamos gritando, enfadando y hablando mal porque, simplemente, todos tenemos demasiado miedo a que le pueda pasar algo a este hij@ nuestro.

La primera vez que viví ese momento la conté en el post: “EL PRIMER GRAN SUSTO“. Estos instantes también tienen la característica que no se te borran nunca más de la memoria y estoy segura de que pueden pasar 50 años y aún recuerdas casi con una exactitud extrema qué sentiste cuando temiste por tu hij@. Aquel momento en que tuvimos que decidir “sí, nos vamos ya hacia el hospital” me sentí desconcertada porque aquello no entraba dentro de mis planes, pero a la vez, con la convicción de que hacíamos lo que teníamos que hacer; ir a la hospital. Después de ese momento ha habido otros pero nunca de tan claros ni tan “graves”. Pero eso no importa, cuando tu hij@ enferma, cuando cae del columpio, cuando de repente le ves unos granitos raros en la piel… siempre hay un momento en que tienes que decidir qué haces. Qué alcance tiene esto que está pasando y qué haces.

En mi caso, aunque siempre hemos compartido estos momentos de toma de decisiones rápidas los dos, siento que hay un rincón nuestro, en que ese instante se vive a pesar de todo, en soledad. Te quedas, de alguna manera, sola y desnuda ante el miedo y la duda. Miedo a que le pase algo y duda a haber tomado la decisión correcta. Cuando medito sobre estos momentos que tan poco me gustan, pienso que deben ser muy difíciles para las personas que son indecisas o que se quedan paralizadas ante el miedo. Aquellos a quienes les cuesta reaccionar ante una eventualidad… O los que después de haber decidido A siempre creen que la opción B tal vez habría sido la más acertada. Debe ser horroroso vivir con estas dudas cuando crías uno, dos o tres hijos, porque aunque no lo queramos, la vida con ellos está llena de esos momentos.

Pero a pesar de todo, aunque no los quiero ver ni en pintura esos instantes que me traen tan malos recuerdos, reconozco que también me han hecho más fuerte y valiente. Reconozco que ahora, que he vivido alguna serie de momentos en que se debe tomar una decisión y rápido, me siento más madre y más capaz. Más segura, más determinada y más dispuesta a aceptar que alguna de estas decisiones, pueda no ser la más correcta. Pero nadie nació enseñado y menos en el oficio de madre/padre. O sea que toco madera, pido que por favor, no vengan muchos, de aquellos momentos, y en caso de que lleguen, espero tener la sangre fría, la cabeza clara y el instinto a flor de piel para poder decidir lo mejor en cada instante.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

12 respuestas

  1. Ojala tengas suerte y no vengan muchos de esos, ojala a mi tampoco…
    Por suerte y toco madera, no he tenido apenas de esos sustos, uno de ellos fue cuando cayó de la trona y se golpeó la cara con la bandeja y no supimos muy bien que hacer, si sería grave o solo un golpe, por suerte fue lo segundo, pero fue un momento extraño, observándola todo el rato, esperando una “señal” que nos dejara respirar tranquilos o correr hacia el hospital…
    La segunda vez, sí que tuvimos que llevarla al hospital, cuando empezó a salirle “ronchas” por todo el cuerpo sin razón aparente… empezamos a “jugar a los detectives” intentando analizar que podía haberle dado una reacción alérgica, esperamos un par de días, no queríamos ser de esos padres que salen corriendo al hospital por cualquier cosa, pero la cosa en vez de mejorar empeoraba, así que al final nos fuimos a urgencias, nos dieron un jarabe y no se que más y tampoco sabían que podría ser, teóricamente era intolerancia a la leche, ella apenas comía, así que se supone que era a través de mi leche… pero no me quedé convencida… algo no me cuadraba, era demasiado repentino y yo siempre había tomado leche de vaca, no le veía mucho sentido que de golpe ocurriera esto… y exacto, tenía razón, a pesar de darle el jarabe la niña seguía igual, pero entonces me dí cuenta de que hacia unos días (los mismos que la niña se había puesto enferma) de que estaba congestionada y me estaba poniendo un spray nasal un par de veces al día…. salí corriendo a la web de http://www.e-lactancia.org/ (bendita web) y ahí estaba la respuesta!! No era apto su uso con la lactancia! Fue dejar de usarlo y la niña se recuperó rapidísimo.
    Lo peor fue para variar la culpa y el no saber que hacer, si seguir dándole el pecho a pesar de estar “contaminada” con el spray o intentar darle lo mínimo, buff no sabía que hacer, ni a quién consultar, pero la niña era como si lo notara y pedía aún más la teta, así que no pude negarsela…
    Por desgracia soy de las que se queda bastante bloqueada sin saber a que dirección correr… por eso intento aprender todo lo que puedo, para al menos tener alguna referencia y no ir tan a ciegas cuando llegan esos sustos, de lo contrario lo que me espera 🙁

    1. Vaya, Alexia, qué susto con lo de las ronchas… Y qué bien que exista la web de Lactancia Materna del Hospital de Denia, es tan útil! Y sobre lo del bloqueo… supongo que en parte es también cuestión de práctica; vaya que por desgracia, a más sustos, más agilidad mental a la hora de decidir, ¿no? Pero bueno, no hace falta que practiquemos, ¿vale? Mejor que no vengan muchos de “esos” momentos y todo siga yendo fenomenal.
      Besos

  2. Yo, gracias al entrenamiento de la profesión (soy veterinaria) reacciono bastante rápido, y doy gracias de que normalmente evalúo bien la situación.
    Eso sí, mi niña se cayó de la sillita de paseo hacia adelante, se golpeó la nariz, sangre por todas partes… con añito y medio.
    Yo sola en casa, menudo susto.
    Decidí que si lloraba tanto, no podía estar tan mal, le abrí la boca para ver de dónde salía la sangre, y era un corte pequeñísimo. Uffff. Pero la nariz como un tonel, por segundos, y no paraba de llorar.
    Llamé a mi marido para que nos llevara al hospital, yo temblaba tanto que no me atrevía a coger el coche.
    Doy gracias de que por ahora no hemos tenido más momentos así, porque… qué horror.
    Pero aprendí que reaccionaba casi igual con mi hija que con un paciente “cualquiera” de la clínica, y eso me ha tranquilizado, y me siento más “mayor” y más responsable, he crecido un poco con cada susto.

    1. Pues qué bien tener ese “temple” en esos momentos. Es útil; saber evaluar y tomar la decisión esperando que sea la más adecuada. Es como si por un momento, se pudiera apartar el miedo para que no impida saber qué hacer, ¿verdad? pero no es fácil porque a veces la histeria es tanta que la cabeza no funciona con la claridad que en esos momentos debería… Espero que no tengas muchos sustos más! Besos.

  3. Hi ha moments en la vida que no s’obliden i per sort o per desgràcia un d’ells és aquest que descrius en el post d’avui. Aquell en que has de decidir alguna cosa que afecta directament la salut del teu fill/a.

    Dic per sort o per desgràcia perquè en el fons crec que aprendre a prendre aquestes decisions és una sort, que et fa més fort i valent per a les properes.

    En el nostre cas, no va ser una decisió de sortir corrents però si de relativa urgència. L’Oriol roncava molt per les nits fins que va arribar un moment que va començar a fer apnees ( a deixar de respirar uns segons mentre dormia). Jo sabia perfectament el que significava allò, carnots = quiròfan = DECIDIR QUÈ FER!!!!

    T’entenc tan quan dius que malgrat hi hagi bona entesa amb la parella ningú t’estalvia aquell moment de solitud extrema per molt acompanyada que estiguis.

    Al final vam decidir operar-lo i me’n recordaré tota la vida.
    7 d’abril de 2010, anem cap a l’hospital: és molt d’hora, no hem esmorzat ni begut res des de la nit anterior. Entrem a l’hospital i tot va molt ràpid, ens pugen a l’habitació, li agafen la via (l’Oriol es va portar molt i molt be) i sense ni adonar-nos-en ja el teniem dins el quiròfan. Van ser les dues hores més llargues de la meva vida i això que tenia al meu sogre que es metge otorrino dins el quiròfan…ufff!!!!

    Aquella experiència em va fer madurar 5 anys de cop, jo crec.

    Moltes gràcies pels teus posts, em fan reflexionar sobre moments de la meva vida que havia “apartat”.

    1. Òstres Anna, que difícil; has de decidir que sí, que s’ha d’operar, però és una cosa que no voldries que passés, oi? Com tenir el cor dividit i haver-lo de fer fort per poder-ho superar. Quines dues hores, mare meva… quin patir. I sort que tenies el teu sogre a dins, que d’alguna manera, segur que et donava una mica més de calma. Però que difícil! Celebro que hagi anat bé i clar… aquests moments, inevitablement et fan més fort i amb més capacitat d’entomar altres moments semblants en cas necessari. L’experiència, com sempre, és un grau.
      Petons.

  4. Buff, quanta rao tens. Recordo perfectament “aquell moment” quan vam tenir que dur a l’Eloi a l’hospital quan nomes tenia una setmana de vida i ens diuen, per sorpresa nostre, que se’l queden ingressat per fer-li mes proves i per comprovar que tot esta be. Per sort no va ser res greu pero si un bon ensurt que encara recordo i m’emociono de pensar lo malament que tant ell com nosaltres, els pares, vam passar. Jo vaig poder quedar-me amb ell a passar la nit pero el seu pare va tenir que marxar a casa, i aixo per ell va ser horrible.

    M’encanta com i dels temes de que escrius. Moltes gracies

    1. Hola, Raquel. Gràcies per les teves paraules. Que difícil que devia ser amb un bebè tan petit i l’angoixa de pensar que encara li han de fer proves per descartar això o això altre… És horrible! Però segur que vau créixer també amb “aquell” moment.
      Una abraçada.

  5. Ay Míriam, qué momento! Por suerte no hemos tenido muchos sobresaltos y cuando ha habido golpes hemos reaccionado con calma los dos. Sin embargo en una ocasión ocurrió exactamente lo que comentas,en ese caso reaccioné llamando al servicio de emergencia para consultar si era procedente una consulta de urgencias. Nos ayudó bastante con las medidas a tomar.
    Un gran abrazo

    1. Qué bien, Colo, que sepáis reaccionar con calma, que tengáis la sangre fría y el temple de poder llamar, informaros… a veces no es fácil mantenerse tranquilo y pensar. Con el susto, pensar se hace difícil a menudo.
      Que no vengan muchos más, vale? Besos.

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