Lo del puerperio o del post-parto, (que para algunos se acaba con la cuarentena pero que no es verdad, porque en el fondo, parece que nunca se acaba y se perpetúa con la crianza de un bebé que reclama y reclama), es como nadar en un humedal; son preciosos pero tienes que vigilar si no quieres hundirte.

Vas flotando entre un sinfín de emociones con la sensación constante que al más pequeño descuido, las aguas se te comerán y no podrás salir nunca más.

El barro son los miedos, a no hacerlo bien, a que se atragante cuando yo no la mire, a que me caiga en un momento de demasiado cansancio o de demasiada confianza, a que se aburra conmigo de hacer cada día lo mismo.

Y en medio de todo este embrollo estás tú, con todas tus cosas; el trabajo, las esperanzas, miedos y obligaciones. Y en medio de todo esto, yo y tú, tú y yo, aún procesando la nueva situación y con poco tiempo de pararnos y sentir.

Sentir las necesidades de cada uno, que a veces se nos comen. Ponernos en el lugar del otro… entender.

Entiende que si tú no me miras, siento que no existo. Que si tú no me abrazas, tengo que hacer más esfuerzo para abrazar yo a nuestro bebé. Entiende que ahora, en este largo y desconocido puerperio, si tú no me quieres, mi mundo se hunde.

Entiende que tú me das fuerzas. Tú, que eres mi amor y que dio la cosa más bonita como fruto. Por eso, para alimentarla y criarla, necesito todavía más viva y más fuerte la presencia de este amor. Su sentir, su significado.

Entiende que si tú no me dices que estoy guapa, yo me siento horrorosa. Que si no me dices que lo que hago vale la pena, siento que no valgo nada. Entiende que nunca hasta ahora había necesitado tanto sentirte cerca, apoyando, sosteniéndome.

Las mujeres, en este momento, llevamos el peso de la crianza. 24 horas, sin descanso, durante días y días. No sé qué es ya el «tiempo para mí». La gente que antes me llamaba, ha dejado de hacerlo. Lo que hago ahora no interesa, no es visible y por lo tanto, no se valora.

Necesito sentir con más fuerza que nunca, que me valoras, que me acompañas, que estás. Y sí, necesito las palabras. Poner palabras.

Esto que hacemos con este bebé precioso y que es tan importante, dicen los que entiendes, yo también lo necesito. Yo te abrazo, te acompaño, te valoro, te respeto, me siento orgullosa de ti. Te lo digo ahora y siempre; estoy aquí, con toda la presencia, a tu lado. Siempre. Siempre.


4 Comentarios

  • mariabaes

    Ostres, quina carta d’amor, i quin nus a la gola! M’encanta el que dius aquí, perquè no gosem demanar? Perquè ens costa tant?…i quan ho fem ho fem malament i enfadats! És molt millor així, quan toca, i des de la tendresa i l’amor, oi?

  • LALI

    Recordo com vam compartir aquests moments d'»invisibilitat» però com dius en una altra entrada i, per sort, TOT PASSA!

  • kiesainhoa

    Me ha encantado tu post . Me he sentido muy identificada, gracias por escribir así. Posadata: no soy catalana es una lástima qué no entienda los comentarios

    • Carla

      Este comentario está fuera de lugar.
      Siempre puedes usar el traductor de Google

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