Egos

5.5.2011

Los egos estań por todas partes, pero con esto de la maternidad y paternidad, a veces son muy fáciles de ver. Siempre me ha fascinado como las madres y los padres tenemos la tendencia de proyectarnos inconscientemente en los hijos. Si nosotros no sabemos hablar idiomas, en seguida los apuntamos a extraescolares de alemán, italiano o chino mandarín. Si somos unos patosos a nivel motriz y no hemos sabido ni hacer gimnasia ni bailar, hacemos lo posible para que ellos no tengan que pasar por la misma vergüenza y con cuatro años ya los apuntamos a ballet, hip-hop o fútbol, lo que sea ​​para que se muevan y se muevan bien. No como nosotros.

Pero quizás aquel hijo nuestro si pudiera parar un momento (a veces no les dejamos hacer ni eso) y escoger, escogería quedarse en casa jugando tranquilamente, porque no lo ha podido hacer en todo el día. Quizás le importan un bledo el alemán, el fútbol o el ballet, y cuando oie que le irá bien cuando sea mayor, piensa “¿y qué quiere decir cuando sea mayor?”, con toda la razón. Supongo que en realidad lo que nos pasa es que en algún lugar profundo de nosotros nos proyectamos en ellos, y queremos que nuestros hijos sean lo que nosotros no hemos podido ser. Más inteligentes, más divertidos, más guapos, más encantadores, más brillantes, más profesionales, más… TODO. Y así, si ellos lo son, creemos que es en buena parte, gracias a nosotros, y entonces es como si nosotros mismos ya fuéramos más guapos, más inteligentes, más brillantes, más… TODO. Y buf… ¡que alivio no ser mediocre!

Y entonces nos encontramos en el parque, o en el patio de la escuela, madres y padres, y comentamos la jugada; ¡que si el mío ya hacía esto hace un año! ¡Que si el mío destaca tanto en lo otro! Que si ya lo hemos apuntado aquí o allá… Competimos con los otros padres mientras nuestros hijos juegan haciendo girar neumáticos ajenos a tanto ego.

Con la tecnología y las redes sociales, nuestros egos aún tienen más proyección y los niños también se enganchan; facebook, twitter, blogs… hacen que salgamos a la luz y seamos ALGUIEN a los ojos de los demás. Que vean qué decimos y qué pensamos, que vean lo buenos que somos, nos calma un poco la bestia que llevamos dentro, este EGO que nunca tiene suficiente. La última vez que a mí se me desató sin control esta bestia fue no hace muchos días y justamente con el blog. Sabía que haciendo una cosa de estas (que hoy en día tiene tanta gente), me exponía a críticas y más aún, hablando de estos temas (crianza y demás). Era consciente y estaba preparada para críticas constructivas y por desacuerdos. Pero un buen día alguien se mofó, no directamente a mí, sino que me enteré… Puñetazo al ego… Lo que he creado con tantas horas de dedicación y tanto entusiasmo era motivo de risa. Mi ego se sintió herido, muy herido

Pero todo pasa por algo, y cuando vi cómo me dolía pensé que algo no funcionaba. Ay, este EGO que creía tener controlado… Inocente de mí… Gran lección, otra vez. Y pensé que de alguna manera, eso es lo que sentimos cuando nos critican ese hijo nuestro. O cuando oímos o sabemos que alguien se ha reído de él o de ella. Un dolor intenso se apodera de nosotros, a pesar de saber que aquella mofa no va a ninguna parte y estemos igual de orgullosos de nuestra criatura. Pero nos duele, porque si nos critican al hijo, que es lo que más queremos, nos critican a nosotros. Si se ríen de él, se ríen de nosotros… y eso, no lo podemos soportar.

Quizás lo más sencillo sería abandonar este ego nuestro que nos conlleva tan sufrimiento y tanto dolor de cabeza. Pero si me he pasado 34 años construyéndolo, ¿quién es ahora el guapo que lo desmonta?! Y lo que es más importante… ¿por dónde demonios se empieza?

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

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