Los adultos, seamos adultos

 

Normalmente hablamos mucho del comportamiento de los niños, de cuando hacen cosas que nos irritan, de cuando están demandantes a más no poder, de cuando reclaman tanto de nosotros que a veces nos agotan. Yo he hablado de ello en este blog muchas veces. Y hoy quiero decir bien alto y claro: eso que hacen ellos, reclamar mama y papa tanto como pueden, querer dormir con nosotros, querernos tener siempre cerca, alargar al máximo los ratos con nosotros, etc, es NORMAL. Es normal que lloren cuando se quedan en la escuela y aún no están habituados a estar allí. Es normal que no quieran que trabajemos todo el día. Es normal que reclamen nuestra atención de todas las maneras posibles si sienten que tienen menos padres de lo que necesitaría su alma.

A mí que los niños hagan eso no me preocupa nada. En absoluto. Es más, creo que es sano que reclamen, que expresen y saquen fuera lo que les angustia, y sobre todo, que encuentren en sus padres, personas disponibles. Lo que no me parece normal es lo que veo más a menudo de lo que me gustaría: adultos que hacen lo mismo. Adultos de 25, 30, 40 o 55 años que se comportan como esos niños pequeños de que hablaba yo un poco más arriba. Adultos que llaman la atención constantemente, que nunca están contentos ni satisfechos porque lo que reciben de las personas y la vida nunca les parece suficiente. Porque en el fondo, lo que buscan y anhelan en todo momento es la madre y el padre. Los brazos disponibles y sostenedores de toda su demanda cuando, de pequeños, seguramente, reclamaban sin la escucha necesaria. Veo adultos que saben que no son felices pero que no saben por qué y que no hacen nada al respecto. Que sienten una angustia vital, una insatisfacción arraigada en las entrañas y todo amor, toda atención que reciben siempre es poca. Como si vivieran en un eterno agujero sin fondo donde cuantas más cosas entran, más desaparecen. Porque el vacío nunca se llena.

Veo adultos que parecen niños y que actúan como niños. Que reclaman y que si no reciben, montan rabietas o tienen celos. Adultos que se cansan de todo y de todos porque, en el fondo, les agota no encontrar nunca algo que calme su alma, aquel amor incondicional que sólo te pueden ofrecer unos padres amorosos, sostenedores, disponibles y empáticos. Y caminan o mejor dicho, navegan, con unos cimientos que se tambalean un día sí y otro también y lejos de querer afrontar qué demonios les pasa, lo atribuyen a la crisis, al trabajo, o a la vida, que les es injusta. Porque mirar hacia el agujero negro da demasiado miedo y, de forma inconsciente, saben perfectamente qué pueden encontrar si lo miran cara a cara. Y hay que ser muy valiente para afrontar la carencia: para aceptar lo que hemos vivido, para llorarlo tanto como haga falta, para desmontarnos si es necesario para, pasado el terremoto, resurgir luego con fuerza. Resurgir como adultos, no como los niños demandantes que un día fuimos. Adultos maduros y dignos de nuestros hijos. Dejemos que los bebés sean bebés, que los niños sean niños y por favor, los adultos… seamos adultos de una vez!

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

5 respuestas

    1. Hola, Raquel…
      Em sap greu, però a vegades les ploreres van bé per treure cap a fora i quedar-se, després, molt millor per dins. Jo crec que sí, que la majoria de vegades un sol és molt difícil treure l’entrellat de tot plegat i quan hem vist l’arrel del problema, a vegades ens cal algun professional que ens ajudi en el procés i que ens sostingui, d’alguna manera, perquè nosaltres puguem anar cap al fons de tot plegat i, com deia, ressorgir com autèntics adults, nens de mancances i culpes… No és fàcil, és cert, però és possible. Una abraçada reparadora. Si necessites res ja ho saps, em pots enviar un mail i en parlem amb calma. Una abraçada.

  1. Si que s’ha de ser valent si, i quina mandra que fa, i com ho paguen els nostres petits,,,
    Saps allò de. “estima’m quan menys m’ho mereixi perquè és quan més ho necessito”?
    Si ens costa tan acollir un plor de rebequeria (d’un infant és clar), és justament per això que expliques…les rebequeries no ens les hem permès mai, inclús en diem marranades…quina paraula més lletja oi?

    1. Sí, Maria: fa mandra, és un pal, és dolorós… però és necessari. Sobretot si un bon dia vam decidir tenir fills: és responsabilitat nostra actuar com autèntics adults i no com un nen petit més a casa. Els ho devem i ens ho devem.
      Una abraçada

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