me faltan palabras

Me faltan palabras

Las lenguas no evolucionan tan rápido como lo hace la vida. Hace 35 años que se separaron mis padres. Cuando todavía no se hablaba de “nuevas familias”, yo ya tenía una. En ese entonces ya me di cuenta que me faltaban palabras, pero pensé que rápidamente, en unos años, aparecerían de nuevas para que la lengua se adaptase a lo que empezaba a producirse; divorcios. Pero no. Todavía a día de hoy me faltan palabras.

Palabras que no sean “padrastro”, “madrastra”, tan relacionadas con personajes negativos de los cuentos. Yo, niña, ¿cómo demonios tenía que llamar al marido de mi madre “padrastro” si era un amor conmigo? ¿Cómo demonios tenía que nombrar “madrastra” a la mujer de mi padre si era un encanto y la bondad en persona?

No, esas palabras a mi no me servían. O sea que me adapté como pude: depende de la ocasión hablaba de ellos como “la mujer de mi padre” o “mi madre”, para ahorrarme explicaciones (porque en esa época a menudo tenías que dar explicaciones). Pero a veces me salía el tiro por la culata y acababa por no ahorrarme nada porque de repente me decían “ah, pero es tu madre? Yo pensaba que tu madre…” y ala, otra vez… Era pesado, cansino.

Yo quería palabras bonitas, llenas de buen rollo, de buen background para nombrar a esas personas que no eran mis padres pero que era como si lo fuesen porque me querían y me lo demostraban a cada rato. Yo quería palabras bonitas para nombrar a mis hermanos y no llamarles “hermanastros” que la palabra, a parte de fea, me parecía cargada de negatividad. Yo quería palabras nuevas, bonitas, para nombrar a los que no eran mis tíos propiamente, pero que me querían como si lo fueran. Palabras para nombrar a los primos de mis hermanos, que en realidad acababan siendo también los míos… Yo quería y buscaba sin éxito palabras para nombrar a aquellos hombres y mujeres, abuelos de mis hermanos, que no eran los míos pero que me “adoptaron” como a su nieta.

Me faltaban palabras para nombrar mi realidad, mi nueva familia, llena de gente que sí se llevaba bien. Era raro, es cierto, pero era mi realidad: padres que no se criticaban ni se odiaban con familias que se adaptaron, con sus parejas que no sólo les amaron sino que también me amaron a mi.

Y han pasado los años y las palabras bonitas, amorosas, siguen sin aparecer y me apena. Porque no tener palabras es como no poder nombrar tu realidad, que es distinta de las demás.

Un día me revelé y decidí que yo tenía 4 padres, 3 hermanos y una familia muy extensa. Y punto. Y que no daría más explicaciones ni buscaría más palabras para nombrar lo que yo vivía. Y así seguí… pero el sábado, que murió mi abuelo que no era mi abuelo pero que en parte lo era… me volví a dar cuenta que sigo sin palabras. Palabras amorosas, cálidas, que no recuerden a personajes malos de cuentos con moraleja, palabras que reflejen personas que llegan, te aman y se quedan para siempre.

Avi Pere, descansa en pau.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

15 respuestas

  1. Te entiendo. Yo también procedo de una nueva familia. En ese entonces fui la primera de mi clase. Imagina lo que tuve que dar de explicaciones. Mi pésame por el Avi y un abrazo Grande para toda la familia compuesta por quien. esté compuesta.
    Besos

    1. Gracias guapa! Sí, la etapa cole fue la más “rara”. Era la única niña de todo el colegio que asistió a 2 bodas en el mismo año y de sus padres! jajajaja… flipaban, obviamente! 😉

  2. Precioso tu post. Me siento muy identificada contigo. .. pero mucho. Mi historia familiar ha sido como la tuya, en una época en la que a penas había divorcios y no había ni hay palabras que definan ese regalo tan maravilloso que nos da la vida cuando nos regala otras personas que son como padres hermanos y que tanto nos quieren y queremos. Y que dificil y pesado que es ser niño y que la gente te exprima a continuas preguntas sobre tu vida y tu no sepas que decir mas que nada porque no se puede explicar con palabras…. gracias.me ha encantado tu post

  3. Com t’entenc. Jo tinc dis pares, dos mares, cuatre germanes que entre elles es diuen germanes. Quan amb tot el dolor vaig tornar a la feina de l’enterro de la meva àvia (que era la mare del marit de ma mare) vaig haver de sentir que no tenía dret ala dies d’enterro perquè no ho era, la meva àvia… Però sí! I décades després encara l’enyoro. Jo em vaig casar amb dos pares, quin dels dos m’havia de dur a l’altar, sinò? Tot el
    meu suport virtual.

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